PARECE QUE LA pintora la agarró contra los hombres, pero sólo parece: la verdad es que abusó de ellos. Para comenzar, les arrebató la ropa, el color y la identidad, y los dejó a todos suspendidos en mitad de alguna acción, anónimos, chistosos y escurridizos.
Prendada del arquetipo masculino y de su anatomía, Emilia Villegas (1967) dispuso de ambas referencias en su última serie de trabajos Ðtitulada Concreto subjetivoÐ, donde lo quería todo y lo quería ya: huir de las seducciones de la pintura, potenciar el error y plasmar la dualidad entre la fuerza y la impotencia.
Las figuras masculinas van, pero no vienen. Vagan. Abundan las cabezas y los puños. Los 14 dibujos de la muestra exponen personajes atléticos cuya lógica va, a semejanza del lenguaje escrito, de izquierda a derecha.
"Pienso que este trabajo es un comentario sobre la masculinidad occidental. No es un discurso de género, aunque implícitamente puede serlo. Ese hombre que no está caracterizado con alguna identidad, es un anónimo que representa las ideas modernas sobre el progreso y todo lo que implica el avanzar. ¿Hacia dónde?", pregunta Villegas.
Aunque este sentido del absurdo es un llamado racional, también añade una dosis de humor a la exposición. La pregunta inmediata sería: ¿por qué no incluir también una imagen femenina, autocrítica?
Emilia responde sin titubeos: "Porque me parece que todos esos valores sí son muy masculinos", y agrega: "Considero absurda la autorrepresentación. La figura de la mujer en la historia del arte ha sido representada para ser observada por ojos masculinos. Por esto no me interesa la presencia de la figura femenina en mis trabajos. En este caso, no soy observada: yo observo".
Pobrecito que era yo
Plasmados con el dramatismo que imprime el uso del blanco y el negro, pero no exentos del humor que provocan los recursos de la historieta, estos seres sin rostro encarnan la eterna irritación de la pintora. "La constante de mi trabajo ha sido el papel del individuo dentro de la sociedad, plegado al sistema. El trasfondo de mi obra es una preocupación moral: me veo a mí misma en eso que cuestiono, pero estoy consciente de que vivimos en un mundo masculino", alega Emilia.
Pero, ¿hacia dónde, exactamente, enfilan sus municiones los protagonistas de Concreto subjetivo? Sin duda, hacia el interior de cada uno, sea hombre o mujer: la muestra no se queda en la piel.
"Si vos parás un momento y pensás Ðrelata EmiliaÐ, te das cuenta de que esto no tiene sentido, pero no podés quedarte inmóvil. Es una contradicción que angustia, pero no tenés más remedio que seguir. Mi solución es la cuestión ética, en todo lo que hago. Es lo único que me da autoridad para hablar".
El contexto de Concreto subjetivo es finalmente un asunto cotidiano, que Emilia no puede pasar por alto, mucho menos a la hora de ejercer. Más claro no canta un gallo: "Lo que no es comunicación es masturbación. Hay gente que no se quiere comunicar con el público, se quiere comunicar con el mercado. Yo no busco esa reafirmación".
Cómo, dónde, cuándo
¿Qué? Concreto subjetivo, dibujos de Emilia Villegas.
¿Cuándo? Del 15 de julio al 13 de agosto.
Inauguración: 15 de julio, 7 p. m.
¿Dónde? Museo Rafael ángel Calderón Guardia.
Dirección: De la iglesia Santa Teresita, 100 metros este y 125 norte.
Horario: De lunes a sábado, de 9 a. m. a 5 p. m.
Entrada : Gratuita.
Teléfono: 225-1218.