Antes del alunizaje del Apolo en 1969, las estrellas habían cautivado a Jeannette Benavides. Desde la ventana de su cuarto, la pequeña observaba cada noche las constelaciones.
Los sueños de la niña herediana eran grandes: llegar a la NASA (la norteamericana Agencia Nacional de Aeronáutica y del Espacio). El camino fue largo, pero llegó.
Ella dice que fue un trayecto en zigzag el que la llevó a donde está hoy. Cursó la carrera de química en la Universidad de Costa Rica, y una maestría en bioquímica y un doctorado en química física en la American University. También trabajó seis años en la FDA (la agencia de control de alimentos y medicamentos de Estados Unidos).
La puerta de la NASA se la abrió un profesor del doctorado que le consiguió una entrevista en la entidad. Su capacidad y tenacidad le ganaron el derecho a la estadía en la NASA.
No obstante, ella sigue mirando las estrellas desde tierra firme. Jeannette no es astronauta: ella es científica en el centro espacial Goddard. Llegó allí en 1986 para ayudar a resolver problemas en los proyectos de vuelo de las naves espaciales.
Ahora, a sus 49 años, es la directora de investigación en nanotubos de carbono. Son pequeñísimas estructuras de carbono capaces de conducir la electricidad mejor que el cobre, de gran capacidad para transmitir el calor y con una resistencia mayor que la del acero: un verdadero sueño para elaborar nuevos materiales y construir motores, computadoras, etcétera.
El único problema es el costo. Un gramo de nanotubos de carbono cuesta $500 (unos ¢163.000). Sin embargo, el equipo de Benavides ha sintetizado estos nanotubos en un proceso que disminuye sus costos a menos de $50 el gramo (¢16.300). El proceso fue sometido a patente la semana pasada.
También desarrolla investigaciones en biosensores (moléculas biológicas que sirven como identificadoras). Se utilizan para probar nuevos antibióticos y para investigaciones genéticas.
Benavides está orgullosa de ser mujer. Al hablar, rescata los grandes descubrimientos y los hitos que han logrado otras científicas como ella en la NASA y en la historia.
Su vida no es solo el laboratorio un lugar que describe como muy divertido. También es madre. Su hija de 21 años tomó el camino de las artes y estudió tecnología del teatro. A Jeannette le encanta asistir a sus obras.
En el teatro de la vida, Jeannette interpreta el papel de una mujer satisfecha con lo que ha logrado y con suficientes energías para hacer más.
¿Qué es la nanotecnología?
El objetivo de la nanotecnología es hacer sistemas a nivel molecular, empezar a construir un motor o una computadora desde la primera molécula y de ahí para arriba. Es lo contrario de lo que se hace ahora, cuando se empieza desde grande y se hace chiquito.
En su labor de solucionar problemas de vuelo, ¿cuál de esos problemas ha sido el mayor reto?
Fue en la misión del XTE (X-ray Timming Explorer, una nave espacial encargada de estudiar los rayos X en el espacio para evaluar la edad del universo, estudiar estrellas y hoyos negros).
"Ya la nave estaba lista, pero los circuitos integrados tenían una capita blanca que no sabían qué era. Yo descubrí que era una contaminación que salía del solvente usado a la hora de limpiarlos.
¿Alguna vez ha pensado en trabajar en la empresa privada?
Una vez vino la gente de Dupont y les encantó saber que tenía una especialidad en física y en química. No acepté, aunque sí molesté a mi jefe diciéndole que me tenía que cuidar. La empresa privada paga el doble, pero yo estoy feliz en la NASA.
Definitivamente, le gusta su trabajo...
¡La gente se hace unas ideas de la ciencia...! Cree que es aburrida, pero, en realidad, es un trabajo sumamente emocionante, sobre todo el trabajo en equipo.
Cuando usted entró a la NASA, esta era dominada por los hombres. ¿Cómo ha avanzado la presencia de la mujer?
Es cierto, entonces no había muchas mujeres, pero eso ha cambiado. La oportunidad de surgir es casi igual, pero aún hay sus cositas.
"Yo fui consultora de igualdad de oportunidades. Estudiaba el caso cuando alguna persona pensaba que había sido discriminada por su sexo, raza o religión. Luego hablaba con los jefes para solucionar el problema. Claro, con esto no me gané muchos amigos.
¿Intentó alguna vez ir al espacio?
Sí; una vez solicité y quedé finalista para el año que seguía, pero eso fue cuando me divorcié. Si iba al entrenamiento, debía trasladarme a Houston, y mi exesposo no me permitiría llevarme a mi hija, así que desistí de la idea.
Si todavía se le presentara la oportunidad, ¿iría?
Iría como especialista científica espacial si tuviera que hacer un experimento que requiriera microgravedad o algo así. Sí, claro, ¡yo me monto!
Si pudiese saber la respuesta a alguno de los misterios del universo, ¿cuál sería?
Qué hay más allá del universo, porque sabemos que el universo es finito. Cuando uno está en la frontera del universo, ¿qué hay después? Matemáticamente se llega a la conclusión de que no hay nada, un vacío, pero el vacío es algo. Quisiera saber qué es.
¿Qué investigaría si tuviera todos los recursos para hacerlo?
Trataría de averiguar la teoría unificada de las fuerzas del universo para encontrar una fuerza de energía nueva. El día que se haga una ecuación en que todas las fuerzas aparezcan en ella, se podrán determinar fuentes de energía que serán mejores que las plantas atómicas o la quema de combustible.