Tenía pocos días de haber empezado a trabajar en el hospital San Juan de Dios, cuando la realidad de Costa Rica le enseñó que teoría y práctica no siempre van de la mano.
Recién llegada de Estados Unidos, la doctora María Gabriela Stein de Guzmán atendió a un niño con fuertes dolores abdominales y creyó que tenía una úlcera de tifoidea o una apendicitis. Sin embargo, al operarlo, no podía dar crédito a lo que veían sus ojos: "Tenía un hueco enorme en el intestino y un montón de lombrices que se retorcían. Le sacamos una palangana llena", relata a sus 82 años esta pionera de la medicina en Costa Rica.
Ella es una de las pocas sobrevivientes de los años en que las mujeres comenzaron a abrirse brecha en los hospitales, y la primera en alcanzar un puesto de jefatura en este país. Su nombre, al igual que el de otras veteranas, se destaca en el libro de reciente publicación Las médicas en la historia de la salud de Costa Rica.
Stein es testigo de cuán difíciles eran aquellos tiempos para las mujeres que querían salirse de lo establecido, pues en esa época las jovencitas estaban destinadas a casarse pronto para dedicarse por entero al hogar.
Sus padres, John H. Stein, un estadounidense de origen alemán, y Albertina Castro Carazo -nieta de nuestro primer Presidente, José María Castro Madriz- fueron los primeros en sorprenderse de las aspiraciones profesionales de María Gabriela.
Cursó la primaria en Colombia, Honduras, México y Costa Rica, y terminó la secundaria en Filadelfia, Estados Unidos, donde inició la carrera de medicina en el Women's Medical College. Fue la única universidad donde su padre la dejó estudiar porque era solo para mujeres.
"Yo fui aceptada en tres universidades muy buenas, pero sabía que esa era la que él escogería; era muy celoso. Cuando comencé con medicina, me hizo prometer que no me casaría mientras fuera estudiante", recuerda Stein, quien se graduó de 22 años.
Entonces, estaba por concluir la II Guerra Mundial y, tal era la escasez de médicos, que el King's County Hospital, en Nueva York, decidió aceptar mujeres. Y ella fue la primera de cinco médicas en realizar el internado allí.
Más tarde, trabajó en el pabellón de cáncer del Hospital General de México. Sin embargo, a instancias de su tío político, Antonio Facio Ulloa, decidió venirse a ejercer la medicina al país. Fue cuando se incorporó al San Juan de Dios, ingresó al Colegio de Médicos y Cirujanos, abrió un consultorio y conoció a quien sería su esposo, el ya fallecido doctor Andrés Vesalio Guzmán Calleja.
"Recuerdo con cariño a mis clientes de aquella época. Algunos señores llegaban recelosos de que los atendiera una mujer; otros, más bien estaban contentos de que fuera yo quien les hiciera los 'exámenes incómodos', y muchos estaban encantados de no tener que acompañar a sus esposas al consultorio porque era yo quien las examinaba", relata.
Poco a poco, fue escalando posiciones en el hospital y llegó a jefa del Banco de Sangre, de Geriatría y de Cirugía plástica, área donde halló su realización.
"Costa Rica era muy diferente: muy pocos tenían electricidad y la gente cocinaba con leña y se alumbraba con candelas. Decidí especializarme en cirugía reconstructiva porque era mucha la gente quemada", cuenta.
Su prestigio no le cayó del cielo. Su condición de mujer la obligó a hacer un esfuerzo mayor para mantenerse en sus puestos, sobre todo, en sus períodos de maternidad. "Tuve a mis ocho hijos muy seguidos, pero siempre trabajé hasta el último momento y solo sacaba una semana de vacaciones para atender al bebé. Nunca me incapacité. Después los llevaba al hospital o al consultorio en una canasta, para amamantarlos", relata.
Entre las estampas que recuerda, está la de los pacientes que llegaban todas las tardes al San Juan de Dios procedentes de la zona Atlántica. "Venían en el tren de las 4, ardiendo en calentura y muy enfermos de paludismo. Los atendíamos y los enviábamos de vuelta", cuenta Stein, quien durante 38 años ejerció la docencia en la Universidad de Costa Rica.