En 1931, el cine mexicano estrenó su primera película sonora: Santa. En el mismo año, tercamente “silencioso”, Charles Chaplin presentó Luces de la ciudad, cinta muda, pero con música de fondo. En 1931 también, se promulgó la Constitución española, que reconoció el voto femenino'
Más pendientes del cine y la política, tal vez no fueron muchas las personas que, en 1931, advirtieron la publicación de un libro: la Gramática de la lengua española. La editó la Real Academia Española (RAE) en Madrid, y ha sido la única gramática oficial de nuestro idioma hasta diciembre último, pero su camino tuvo precedentes.
En 1994 se difundió la Gramática de la lengua española, redactada por el académico Emilio Alarcos Llorach, obra que contó con el apoyo de la RAE, pero no se concibió como una gramática oficial. En 1999 se publicó la Gramática descriptiva de la lengua española, codirigida por el académico Ignacio Bosque y la linguista Violeta Demonte. Esta obra gozó del apoyo de la RAE, pero tampoco fue un texto oficial.
En 1998, en el Congreso de academias de la lengua española de Puebla de los Ángeles (México) se acordó redactar una nueva gramática académica. La RAE eligió ponente de la nueva obra al académico Ignacio Bosque.
Se inició entonces la elaboración de esta magna obra: producción monumental que recoge el trabajo de once años de todos los académicos bajo la dirección del señor Bosque. A él le correspondió la tarea de elaborar el esquema general de cada capítulo.
La Gramática se presentó en Madrid en diciembre del 2009 en una ceremonia presidida por los Reyes de España, el Ministro de Educación y el Director de la RAE. Entonces, Ignacio Bosque manifestó que, si debiera calificarla con un solo adjetivo, escogería “plural”.
Bosque habría acertado porque son muchas las personas que participaron en su elaboración, muchos los aspectos y los puntos de vista que recoge, muchos los textos de los que se extraen los ejemplos, muchos los autores que se citan, y va dirigida también a muchos. Es una gramática de todos que va dirigida a todos.
Entre las obras que materializan esta concepción y estos propósitos están los códigos normativos tales como el Diccionario oficial, el Diccionario panhispánico de dudas, el Diccionario esencial, etc.
Las anteriores gramáticas son fundamentalmente normativas pues prescriben el uso correcto. Sin dejar de ser normativa, esta nueva gramática es también descriptiva. Así lo señaló el ponente en la presentación: “La obra no constituye un catálogo de usos, sino una descripción pormenorizada y detenida de la estructura del idioma en la que se pretende abarcar cuantos factores ha sido posible atender”.
Se trata de un código fundamental; constituye un marco de referencia para nuestros comportamientos linguísticos e idiomáticos y para la enseñanza del español. Se la ha catalogado como un "mapa de nuestra lengua".
La novedad fundamental que ofrece, frente a las gramáticas anteriores, es que no considera únicamente el español de un país, sino el de todos los países hispanohablantes y atiende a la unidad del idioma respetando sus variantes linguísticas. Es un retrato del español en el que todos nos reconocemos.
La obra ha tenido un éxito que rebasa las expectativas. El director de la Real Academia, Víctor García de la Concha, ha expresado que la clave del éxito radica en haber designado un único ponente, Ignacio Bosque, que ha coordinado el trabajo de todas las academias, las comisiones, los colaboradores y los becarios que han participado en el proyecto.
Esta Gramática representa la culminación de un ingente esfuerzo; y, como dijo el director de la RAE al poner la obra en manos del rey Juan Carlos, “constituye la realización de un largo sueño y el fruto de un ambicioso proyecto de investigación”.
Por circunstancias providenciales, la presentación en Costa Rica de esta magna obra estará a cargo del propio ponente, Ignacio Bosque, privilegio que enorgullece a la Academia Costarricense de la Lengua y enaltece a nuestro país.
El lenguaje es el medio que hace posibles todas las conquistas del ser humano. Sin él, nada de lo que este ha inventado o pensado podría haberse preservado o comunicado. El lenguaje conserva la herencia cultural de los grupos humanos.
Cuando enseñamos a hablar a un niño, no le comunicamos únicamente sonidos o le damos una herramienta para relacionarse con el mundo, sino que le transmitimos los conocimientos, las creencias, los valores y los ideales de la comunidad a la que pertenece y, más aún, la forma en la que el grupo ha percibido e interpretado el mundo.
Toda la historia del grupo hablante va quedando plasmada en su variedad linguística. Es la que nos identifica y nos presenta ante el mundo. Es de todos y nos conforma como seres humanos.