Por Omar Lugo
Río de Janeiro, 30 ago (EFE).- Millones de personas son impulsivas, distraídas o hiperactivas, pero si esos síntomas aparecen juntos puede tratarse del Disturbio de Déficit de Atención (DDA), uno de los problemas mentales "de moda" en el mundo.
Un libro de la psiquiatra brasileña Ana Beatriz Silva, editado en portugués, echa luz sobre este trastorno de conducta que puede explicar muchos dramas personales, afectivos o sociales de millones de seres que ni siquiera sospechan que padecen el DDA y viven atrapadas en sus desaciertos.
En tres meses, el libro "Mentes Inquietas" se ha convertido en un fenómeno editorial en Brasil, con siete ediciones de más de 3.000 ejemplares cada una, lo que, según sus editores, significa un verdadero "best seller" para una obra especializada.
Los mayores méritos del texto son haber llamado la atención pública y describir en lenguaje llano este drama de dos caras.
Una persona con DDA tiene un cerebro peculiar y un comportamiento atípico, "que puede ser responsable tanto de sus mejores características como de sus mayores angustias y desaciertos vitales", y suele además tener talentos especiales, explica Silva.
Alteraciones de atención, impulsividad e hiperactividad física y mental, en un universo personal que oscila "entre la plenitud creativa y el agotamiento de un cerebro que no para nunca", son los principales síntomas.
En la infancia es más fácil detectarlo. Se refleja en trastornos de aprendizaje y dispersión en las clases, en esos niños "eléctricos" e incansables que mal consiguen mantenerse siquiera sentados.
Muchos adultos arrastran el desorden toda la vida como si estuviesen siempre corriendo contra el tiempo para ir a ninguna parte.
Las alteraciones en la capacidad de atención son el rasgo más importante en una persona con DDA, para quien mantenerse concentrado inclusive por poco tiempo puede convertirse en un enorme desafío.
Esa dificultad puede acarrear situaciones desagradables y hasta serios problemas laborales, académicos, familiares y sociales.
Pero en la mayoría de los casos estas personas también tienen mucho más talento y potencial del que llegan a desarrollar.
En la historia hay registros de grandes personalidades con comportamientos típico de un DDA y cuya creatividad fue la clave del éxito. Albert Einstein, Fernando Pessoa, Henry Ford, Beethoven, Leonardo da Vinci, Marlon Brando y Van Gogh, son algunos ejemplos.
Eso no significa que quienes sufren ese transtorno sean genios.
En terrenos menos amables, la impulsividad suele provocar en un DDA reacciones automáticas, sin evaluar bien ni los estímulos ni el alcance de sus respuestas.
Son personas que llegan a disparar a boca de jarro opiniones, criterios e "inocentes" comentarios sin deparar, por ejemplo, en si pueden herir a los demás.
Esta impulsividad puede llevarles a destruir sus finanzas personales, o a cambiar de empleo, de pareja o de motivaciones como quien dispara un arma antes de apuntar al blanco.
Si no es canalizada, esta impulsividad eleva los riesgos de comportamientos antisociales, adicción a las drogas y ruina financiera.
Cuando la hiperactividad es mental, los adultos con DDA sufren por tener un cerebro que no se desconecta nunca. Silva lo compara con un motor desregulado que se desgasta sin lograr que el automóvil avance lo que podría.
Algunos especialistas también dudan sobre los alcances de este trastorno. Al fin de cuentas, toda persona más o menos normal alguna vez es impulsiva o distraída. "Es una duda común", dijo Silva a EFE.
Algunos síntomas como desatención e inquietud pueden ser provocados por estrés, ansiedad generalizada o depresión. Como esos disturbios son comunes hoy en día, muchas personas pueden pensar que sufren el trastorno, agregó.
"Pero el DDA no presenta estas características por estar estresado o agobiado de trabajo. Es así en cualquier circunstancia", explicó Silva, psiquiatra de la Universidad Federal de Río de Janeiro y especializada en la Universidad de Chicago.
"El DDA es hereditario, esa es una característica fundamental", agregó la especialista.
"En América Latina todavía no hay estadísticas precisas" sobre el número de personas afectadas, explicó. "Se trabaja con una proyección media de 5 a 7 por ciento de la población, pero puede llegar a 10 por ciento", explicó. EFE
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