
De América Latina, a Yarón Avitov lo atrajeron el futbol y la literatura, y esto no falla pues, cuando el uno no funciona, la otra sigue animando. “Yo soy mitad israelí y mitad latinoamericano: la cabeza es israelí y el corazón es latino”, dice Avitov ante una taza de manzanilla de la que emerge un humo que se cansa de subir antes de llegar a los dos metros de estatura de Yarón.
Escritor y cineasta, Avitov llegó a Costa Rica para presentar El libro de la paz, antología literaria que él preparó, y la película documental América Ladina.
El libro de la paz se editó en el Ecuador, donde Avitov reside buena parte del año, y reúne 40 cuentos y poemas escritos por judíos y árabes, todos ciudadanos de Israel.
América Ladina presenta testimonios de personas de varios países hispanoamericanos, descendientes de judíos escapados de la España intolerante del siglo XVI. Ellos conservan aún costumbres nacidas en Sefarad (España), legadas por ancestros cristianos, antiguamente conversos.
Sin prejuicios. Avitov nació en Haifa (Israel) en 1957. Ha publicado 12 libros, entre novelas, cuentos y reportajes, como Observación , dedicado al abandono de los hospitales psiquiátricos de su país. Algunos de sus libros se han traducido al español en el Ecuador.
En castellano se han editado El pueblo del Libro, Jerusalén en los Andes y Luces de Madrid ; además, se han publicado dos recopilaciones de cuentos y poemas ajenos: Un solo Dios y El libro de la paz.
Avitov ha obtenido reconocimientos en su país, como el Premio de Literatura del Primer Ministro, el Premio del Fondo de Jerusalén y el Premio de Ciencias Sociales de Israel. La crítica israelí ha resaltado el espíritu humanista, cosmopolita, de Avitov, y su voluntad de compasión y de ironía ante los absurdos de la gente, como los prejuicios que separan a los pueblos.
Ha realizado también tres documentales sobre la inmigración judía a América, como investigador, guionista, director y editor.
De joven, además de apasionarse por el futbol brasileño, Yarón Avitov leía traducciones hebreas de literatura de América Latina, y su creciente interés lo llevó a aprender español a los 42 años, que habla con sorprendente fluidez.
“Cuando llegué a Latinoamerica me di cuenta de que todo lo que yo había leído como magia era realidad. A veces, el realismo mágico es más realismo que magia”, afirma Yarón.
Los viajes a nuestros países influyeron pronto en las propias narraciones de Avitov. Él había comenzado escribiendo cuentos y novelas sobre la vida urbana de Israel, pero las peculiaridades de Latinoamérica entraron luego en sus relatos ambientados en Israel; otros libros incluyen solo lugares y personajes de nuestro continente.
El valor de ‘el otro’. Yarón Avitov escribe ahora una novela en la que demuestra –afirma– que “es posible unir ambos mundos: el de los judíos y el de los árabes”.
“Esa novela trata de una mujer católica y latinoamericana que viaja a Israel y encuentra un trabajo: cuidar a una anciana ortodoxa judía; luego, un árabe se enamora de la latina. Hay conflictos entre ellos, pero también situaciones cómicas; es decir, como la vida misma”, adelanta Avitov.
“Me gusta mucho escribir sobre ‘el otro’: sobre personas que están al margen de una sociedad. Siempre hay diferencias, pero yo busco los parecidos, los elementos que nos unen. No soy activista político. La mía no es una literatura declarativa, pero siempre he estado a favor de la paz”, manifiesta el escritor.
Yarón Avitov publicó también la antología (traducida al español) Un mismo Dios, en la que participan autores creyentes –judíos, musulmanes y cristianos–, pero también quienes no profesan una religión. Todos comparten un sentido de la solidaridad que vuela sobre las diferencias.
“Esa antología sugiere que judíos, musulmanes y cristianos tienen el mismo Dios. Todos deben respetar al otro”, añade Yarón y recuerda la iniciativa del músico argentino-israelí Daniel Barenboim, quien organizó una orquesta de jóvenes israelíes y palestinos.
“Judíos y árabes somos primos hermanos, nacidos del mismo padre, Abraham, según el mito bíblico. Tenemos mucho en común, como costumbres y parecidos en los idiomas”, detalla Avitov.
“Mi padre hablaba árabe y me lo enseñó. Me dijo cuando yo era niño: ‘Antes que cualquier otro idioma, debes aprender árabe porque los árabes son nuestros vecinos’. Mi papá no me enseñó a odiar ni a los árabes ni a nadie; él tenía muchos amigos árabes, y yo también”, precisa Avitov.
“Si dependiese de nosotros, la gente común, la paz habría llegado hace muchos años. Cuando hay diálogo, nunca hay guerras”, añade el cineasta.
Cámara al hombro. Yarón Avitov ha dirigido tres películas documentales. La tribu perdida de Loja (provincia del Ecuador) fue la base para otra: La tribu perdida de los sefarditas . Ambos reúnen testimonios de decenas de ecuatorianos, generalmente profesionales, que revelan sus antecedentes judíos: incluso habla un arzobispo católico.
El tercer documental es América Ladina , que amplía el ámbito de los entrevistados a varios países de Suramérica.
Yarón indica que lo sefarditas fueron los judíos expulsados de España (‘Sefarad’ en hebreo) en 1492. Su diáspora los llevó a países ribereños del mar Mediterráneo (como Grecia y Turquía) y también a los dominios americanos de España.
Según Avitov, entre el 30% y el 40% de la inmigración llegada de España y Portugal a América en el siglo XVI estuvo compuesta de judíos convertidos al cristianismo.
En América, muchos sefarditas aceptaron el catolicismo, pero otros tantos mantuvieron su fe tras apariencias cristianas para evitar los castigos de la Inquisición. Alguna de las tradiciones conservadas fueron practicar la circuncisión y encender velas en los viernes.
A su vez, explica Avitov, el término ‘ladino’ (variación de ‘latino’) fue el nombre que los judíos españoles dieron al idioma derivado del latín y que ellos hablaban. El ladino viajó con los fugitivos hasta América, pero se disolvió en el castellano general.
En algunos lugares del Mediterráneo aún se habla ladino, y en Israel se hacen esfuerzos por recuperarlo, incluso con su grafía original: ‘djudio’, ‘espanyol’, ‘favlar’, ‘lingua’, etcétera.
Peregrino entre el futbol, el cine y la literatura, Yarón Avitov sale de Costa Rica hacia otros países a fin de presentar El libro de la paz y América Ladina . Sus palabras e imágenes invitan a la mutua comprensión: empeño de un solo hombres que felizmente ya es de muchos.