Parece que el doctor Robert Atkins no puede descansar ni después de muerto. Se pasó la vida defendiendo su controvertida dieta de adelgazamiento a base de un alto consumo de proteínas y casi cero carbohidratos, para que al final de esa lucha haya muerto gordo.
El caso es que su régimen se puso de moda en Estados Unidos precisamente después de que él falleciera, en abril del año pasado, a causa de un resbalón en la calle, y por eso la noticia de su obesidad ha provocado una crisis en la psiqué colectiva de este país de más de 90 millones de gordos, que creían haber encontrado la receta milagrosa.
Atkins pesaba 113 kilogramos al morir, pero eso sólo se ha sabido hasta esta semana, a raíz de que una organización médica que promueve la alimentación vegetariana filtrara la información.
Todo lo contrario
Los documentos del médico forense que certificó su defunción revelan que el doctor Atkins, además de padecer de sobrepeso, estaba aquejado del corazón y era hipertenso.
Es decir, su salud era el ejemplo contrario de su predicamento, según el cual una dieta abundante en carnes, pescados y quesos no sólo quita el hambre, sino que evita que los azúcares se conviertan en grasas y obstruyan las arterias.
Negocio en peligro
El revuelo mediático de la gordura de Atkins ha puesto en la picota un negocio millonario, y la respuesta de su viuda y heredera de ese imperio no se ha hecho esperar.
Verónica Atkins, visiblemente encolerizada, ha asegurado que es un golpe bajo de "manipuladores perversos de la verdad".
La verdad dice ella es que la cardiomiopatía que le diagnosticaron hace tres años a su marido tenía un origen viral y no se debía a la ingesta de grasas.
El exceso de kilos lo atribuyó a la retención de líquidos que se produjo durante la semana que el famoso cardiólogo estuvo postrado en una cama de hospital. Atkins pesaba 85 kilos antes de entrar en coma.
En la guerra de las dietas de adelgazamiento, Atkins Nutritionals ha conquistado a 25 millones de estadounidenses, de los 32 millones que siguen regímenes de proteínas y limitan el consumo de carbohidratos a unas pocas frutas y verduras, desechando la pasta, el arroz y las patatas.
Para Atkins Nutritionals ha representado unas ventas de $200 millones, el año pasado, sólo en Estados Unidos, que tienen previsto duplicar este año, según explicó a El País Thomas Tendelson, portavoz de la firma.
El ascenso de Atkins y otras dietas similares ha producido la caída en ventas de las industrias de la pasta y la papa, entre otras, que han tenido que lanzar campañas de publicidad millonarias para contrarrestar las pérdidas.
Los gremios médicos de Estados Unidos siguen divididos sobre los beneficios o perjuicios de la dieta, a falta de estudios concluyentes. Mientras tanto, en un país obsesionado por la imagen, parece difícil que la revelación del historial médico de Atkins vaya a tener un impacto inmediato en los hábitos alimenticios.