Penshurt, Limón. Ilusionada porque viviría con su esposo "tico", Luis Arroyo Arce, entre la exuberante naturaleza limonense, Judy Avey-Arroyo se mudó de Alaska, Estados Unidos, a la finca de 96 hectáreas que compraron 10 kilómetros antes de Cahuita, en Limón.
En ese entonces, 1986, la pareja -que se conoció en 1970, en Alaska, y tiene dos hijas y cinco nietos- abrió el sitio de observación de aves: Aviarios del Caribe.
Su hogar no cambió de nombre, pero sí de huéspedes y ahora es un refugio para perezosos.
Judy, de 58, y su marido, de 60 años, cuidan a 45 perezosos, diez de los cuales son "bebés" menores de un año (tres han nacido dentro de ese refugio). La mayoría de ellos estaban a punto de morir. Fueron encontrados con golpes en la la carretera hacia Cahuita, o en manos de lugareños que adoptaron a uno "como mascota".
"Todo comenzó hace 12 años, cuando una chiquita que vivía frente a mi casa trajo a un perezoso 'bebé', atropellado por un carro. A ella se le ocurrió que podía cuidarlo porque siempre me veía con mis perros", recordó Judy, mientras sostenía en su tronco, con la pericia de una buena madre, a Buttercup.
Ella es la "primogénita" de su familia de perezosos y vive en una canasta especial que guinda del techo de su sala.
Pertenece a la especie Bradypus, cuya principal característica es que tiene tres dedos, que consisten en filosas uñas largas en sus miembros superiores.
Bien chineados
En la sala de Judy -donde recibe a los turistas interesados en los perezosos-, también viven los "bebés" y otra hembra que llegó poco tiempo después de haber adoptado a Buttercup.
El resto de la tropa está en un albergue construido a escasos metros de la casa.
"Cuando cuidábamos a 10 perezosos dijimos: 'Dios mío cómo vamos a hacer'. Ahora tenemos a más de 40 y hemos salido adelante", recordó la mujer, quien no sabía nada sobre esas especies y maneja ahora la más detallada información -al igual que su esposo-, tras leer decenas de estudios, libros, tesis y páginas de Internet sobre el tema.
"Esto ha sido un trabajo muy arduo: corriendo al veterinario en Limón; cuidando a los bebés o buscando el alimento (hojas). Como el número creció contratamos a cuatro ayudantes y, desde buena madrugada, estamos dándoles de comer", agregó su esposo.
Al principio, para saber qué comían, Judy iba a la selva a observar a otros perezosos.
Fue entonces que notó su gusto por las hojas de guarumo y almendro, entre otros tipos.
Su gran sueño es dedicarse por entero a los perezosos (quieren cerrar su negocio de cabinas y tours).
Ambos buscan crear una estación biológica en su propiedad y, ahora, se sienten más cerca de su meta porque contarán con ayuda del extranjero.
Visitantes en el refugio
El clamor de la pareja encontró respuesta, hace pocas semanas, en otro grupo amante de los perezosos.
Un equipo de seis expertos estadounidenses, en su mayoría veterinarios del Zoológico de Baltimore (Estados Unidos), visitaron del 14 al 16 de febrero el refugio (ver nota aparte).
Su objetivo: instalar un programa de ayuda, tanto en capacitación para el manejo de esos animales silvestres, como en donaciones para la compra de medicamentos, entre otras necesidades, que la pareja cubre.
El grupo trabajó sin descanso, esos tres días, junto con veterinarios de la Universidad Nacional y estudiantes de la Escuela Veterinaria de San Francisco de Asís, en Coronado.
Su trabajo fue exhaustivo: practicar un examen físico a cada perezoso; tomar muestras de sangre, de cada uno, que luego analizarán en sus laboratorios en los Estados Unidos; y realizar necropsias (autopsias) para aprender más sobre sus órganos y causas de muerte (en los zoológicos suelen morir por enfermedades renales).
Luego de 12 años de sacar adelante a su "familia" la nueva oferta les devuelve energías para seguir adelante.
"Son animales muy delicados y no pueden tenerse, como mascotas. Si alguien tiene uno, o encuentra un animal herido, por favor, llámenos", concluyó Judy. Su teléfono es el 750-0775. Y si quiere más datos ingrese a la página: www.OGphoto.com/aviarios.