Manado, Indonesia (AFP) . Hace dos meses, un pescador indonesio capturó un pez tan excepcional que un grupo internacional de científicos se ha desplazado hasta el lugar para estudiarlo.
Ante los expertos equipados con sofisticados aparatos electrónicos, Justinus Lahama repite, como le piden los visitantes, los gestos que le permitieron capturar un enorme celacanto, un pez "prehistórico" y rarísimo.
El 19 de mayo fue el día de la suerte para el pescador. Como hace habitualmente, Justinus se subió a su pequeña barca, en el río Malalayang, a la salida de la ciudad de Manado (norte de la isla de Celebes), y remó media hora hacia el cercano mar.
Acompañado por su hijo Delvy, decidió pescar a 200 metros de la playa. "Enseguida desenrollé el palangre habitual con tres anzuelos, solté 70 brazadas de hilo (unos 110 metros) y a los tres minutos sentí que picó algo gordo".
Sacarlo a flote fue difícil. "Tenía los brazos paralizados, pensaba que me llevaba un coral", contó.
Después de media hora de esfuerzo bajo el sol, por fin vislumbró el pescado a unos 20 metros de profundidad. "El mar estaba muy calmado, no había corrientes, ni nubes ni corrientes. El agua era clara".
Entonces, ante su más absoluta sorpresa, apareció el pez.
"¡Era enorme, tenía los ojos verdes fosforescentes y patas! Si lo hubiera visto de noche habría tenido miedo y lo habría soltado", dijo.
Justinus Lahama, de 48 años, pesca desde que tenía 10, como su padre y su abuelo. Pero ellos no tuvieron la suerte de lograr una pieza que es un fósil vivo, de 50 kilos y 1,30 metros.
De hecho, sólo se han pescado dos celacantos en Asia, el primero con redes en 1998, también en aguas de Manado.
Estas capturas han sorprendieron a los ictiólogos, que pensaban que los últimos celacantos estaban sólo en las costas de África Oriental, principalmente en las Comores.
Eso, Justinus no lo sabía. Al principio pensó en vender el pescado, marrón claro con manchas blancas, que no se parecía a ningún otro. "Con lo que pesaba, me dije que haría un buen negocio".
De regreso a puerto, lo mostró al pescador más viejo y este se alarmó: "Tiene patas, hay que devolverlo al agua, nos traerá mala suerte".
Pero Justinus no es supersticioso. El animal, que ya llevaba unos 30 minutos fuera del agua, seguía vivo y mostró una gran resistencia al sobrevivir 17 horas en un pequeño recipiente con agua donde lo colocaron a la entrada de un restaurante.
No pasó el umbral del establecimiento. Llamó tanto la atención que los agentes del servicio marítimo lo grabaron en vídeo. Una imágenes muy valiosas, ya que hasta ahora sólo se había filmado a algunos celacantos en grutas a grandes profundidades.
Después, el pez fue congelado.
Tras hablar con el pescador, los científicos indonesios, franceses y japoneses desplazados expresamente procedieron a la autopsia del animal y tomaron muestras para análisis genéticos.
El lugar de la captura, a 200 metros de la playa y 105 metros de profundidad, intriga especialmente a los expertos. Los celacantos observados hasta ahora siempre estaba a más de 150 metros de profundidad.
Ante el dato, los científicos se plantean si el celacanto indonesio puede ser menos abismal que el de Comores, que se sumerge a más de 200 metros.
Mientras los expertos intentan encontrar respuesta a esta y otras incógnitas, el pescado de Justinus ha vuelto a ser congelado y le aguarda un puesto en un museo, según las autoridades locales.