Fundada, según la tradición, por el Evangelista San Marcos, a eso del año 42 de nuestra era, la Iglesia ortodoxa copta cobija a la mayor cantidad de cristianos que viven en el Oriente Medio, donde han sufrido persecución desde los tiempos del Imperio Romano, hasta nuestros días, por fundamentalistas islámicos.
A lo largo de la historia, la naturaleza de Jesús ha sido fuente de encendidos debates. Hubo quienes sostenían que el cuerpo físico de Jesús era una ilusión y que, por tanto, Él no sufrió en este mundo, ni siquiera al ser crucificado. Esta doctrina, conocida como docetismo (palabra de origen griego que significa “parecer ser”, o “ilusión”) fue superada. Jesús, la Palabra hecha Carne, sí sufrió en este mundo –y lo hizo por nosotros–. Para el presbítero Arrio, quien favoreció un monoteísmo absoluto, Jesús fue hijo amado del Padre, una criatura que tuvo un principio, pues de otra forma sería un hermano, y –por tanto– no es Dios. A esta doctrina se le denomina arrianismo. Para poner estas y otras ideas en orden, la Iglesia, en el Concilio de Nicea (325 d.C.), en lo que hoy es Turquía, adoptó la postura que quedó en el Credo, que –como manifestación de fe– los católicos dicen en la misa.
Doble naturaleza. Otra arista de discordia fue la que tuvo que ver con la forma de expresar la doble naturaleza, humana y divina, de Jesús. Nestorio, patriarca de Alejandría, fue del criterio que Jesús tenía una y otra naturaleza, pero separadas. Conforme a esa doctrina, conocida como nestoriana, y como también implica el arrianismo, María habría sido madre de Jesús, pero no madre de Dios (Theotokos). Otros, como Eutiques (Eutiquianismo), consideraron que Jesús solo tenía naturaleza divina. En el Concilio de Calcedonia (451 d.C.) se reafirmó que Jesús tuvo una y otra naturaleza a la vez, no separadas. Sin embargo, por una aparente sutileza, la Iglesia copta no estuvo de acuerdo con la interpretación de este concilio, se separó de la Iglesia ortodoxa de oriente y formó casa aparte.
La Iglesia copta tiene su propio Papa en El Cairo, quien, aunque carece de la infalibilidad en materia de fe, que tiene el que habita en el Vaticano, es respetado por sus seguidores y la tradición dice que Dios habla por su boca. En la actualidad hay unos 60 millones de coptos en todo el mundo y la mayoría está en el Oriente Medio. Su libro sagrado es la Santa Biblia, la cual incorpora más libros de los que incluye la utilizada por la Iglesia católica. Los oficios se celebran mayormente en una lengua egipcia antigua, la misma en uso en el tiempo de los faraones. Su calendario comienza el 29 de agosto del calendario juliano, y el conteo de años es a partir del 284 d.C., que fue cuando el emperador romano Diocleciano puso en ejecución una feroz persecución y tortura de sus seguidores. A los años coptos los sigue la abreviatura A.M., que significa Año del Martirio.
Su año tiene trece meses: 12 de treinta días cada uno, y un mes de 5 o 6 días, para ajustar por año bisiesto. (¡Desconozco cómo opera la paga mensual!) Tienen tres estaciones, que denominan Inundación, Siembra y Cosecha. La Navidad la celebran el 7 de enero. Entre los sitios de peregrinación sobresale “la cueva del Niño Jesús”, en El Cairo, donde –según la tradición– la Sagrada Familia vivió durante su exilio tras la matanza de inocentes decretada por Herodes. Como aquí, ellos celebran las apariciones marianas.
Diferencias superadas. En 1973 el papa Pablo VI y su contraparte copta, Shenouda III, superaron las diferencias en una bella declaración conjunta que dice: “Confesamos que nuestro Señor y Dios y Salvador y Rey de todos nosotros, Jesús Cristo, es Dios perfecto con respecto a su divinidad, hombre perfecto con respecto a su humanidad. En él su divinidad está unida con su humanidad en una verdadera unión perfecta, sin mezcla, sin mixtura, sin confusión, sin alteración, sin división, sin separación”.
El papa Shenouda III (el 117 a partir de San Marcos) murió recién, el 12 de marzo, y para llenar la vacante los candidatos al honroso cargo deben tener al menos 40 años de edad, haber sido monjes (el movimiento monástico en el mundo lo originaron los coptos) por al menos 15 años. Quienes entre ellos escogen, seleccionan a los tres que más votos obtengan, escriben sus nombres en un papel y luego llaman a un niño, a quien vendan sus ojos, para que con su inocente mano escoja el nombre de quien será el nuevo papa. Este proceso tendrá lugar en pocos días.