El sueño de internacionalizar la música costarricense, que desvela desde hace años a los músicos nacionales, podría estar más cerca que nunca.
Con la creación de la Academia Latina de Artes y Ciencias de la Grabación (LARAS), con sede en Miami, la puerta empieza a abrirse.
LARAS espera albergar a todos los latinoamericanos relacionados con la industria de la grabación y que sean ellos mismos quienes reconozcan con un premio el trabajo de sus colegas.
Esta asociación es la primera que nace bajo el ala de la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación (NARAS) de Estados Unidos, conocida por entregar anualmente los premios Grammy.
Precisamente, una de sus metas es que en el año 2000 se entreguen por primera vez los premios Grammy Latinos, y que sean un verdadero reflejo de la creación del continente.
LARAS --creada hace 18 meses-- es conocida en Costa Rica y algunos profesionales ticos están gestionando su incorporación. El nombre y número exacto no se pudo conocer; sin embargo, Viva supo que el compositor nacional Jorge Castro Ruiz ya presentó sus atestados y está a la espera de la respuesta de la academia.
Una mano se extiende
Entre los objetivos que LARAS persigue está el convertirse en el vehículo que defienda en el mercado los intereses de la música latinoamericana.
Se trata de "dar respuesta y abogar en favor de los asuntos que afecten a la comunidad de la música, tales como la libertad de expresión, la protección de la propiedad intelectual y los derechos de los artistas", reza uno de los postulados de la academia.
Consultado por Viva, vía telefónica desde Miami, Sergio Rosenblatt, director ejecutivo de la Academia, agregó que la esencia de ella es "garantizar que van a haber posibilidades para todos los artistas", sin importar género musical o país.
En este momento cuenta con la participación de conocidos cantantes y productores hispanos, entre ellos Emilio Estefan, Kike Santander, Bebu Silvetti, Rudy Pérez, Julio Iglesias, Fito Páez, el grupo Maná, Alejandro Sanz, Ricky Martin y Olga Tañón.
Rosenblatt explicó que todos están invitados a formar parte de la academia, pero indicó que deben cumplir con ciertos requisitos, como presentar sus créditos discográficos y pagar una cuota anual de $85 (¢23.970).
Existen tres categorías de participación: miembro votante, miembro asociado y afiliado.
Aclaró que la tarifa es fundamental para solventar los servicios que la academia brinda, pero bajo ninguna circunstancia se le debe considerar como una compañía privada con fines de lucro en la que sus miembros "compran" un lugar.
"Imagínese que más bien a nosotros nos cuesta $150 (¢42.300) anuales cubrir los servicios que se le brinda a cada asociado", comentó.
Adelantó que para este año tienen prevista una visita a Costa Rica, para presentar formalmente a la academia ante la industria musical costarricense.
Buena opción
"Me parece que es una labor muy importante, porque están buscando la integración de la industria musical del continente a través de una serie de beneficios como la promoción internacional", sostuvo Mario Campos, director general de la Asociación de Compositores y Autores Musicales de Costa Rica (ACAM).
El músico agregó que ya les llegó una invitación para que ACAM se una a LARAS y existen muchos colegas nacionales interesados en unirse.
Quien ya dio el paso fue Jorge Castro Ruiz, de 27 años y siete de experiencia como productor de comerciales.
En la primera semana de mayo viajó a Miami para participar del foro que LARAS organizó como parte de las actividades de la Expo Latina.
Allí conoció a Rosenblatt y a Emilio Estefan; con este último se reunió en privado para entregarle su currículo y demos de los comerciales que ha producido y de las canciones que ha escrito.
Rosenblatt afirmó que Castro tiene posibilidades de ser aceptado y que espera informarle de la decisión dentro de unos 15 días.
Para Jorge, exintegrante del grupo pop-rock Arena y del Coro Ángelus, la posibilidad que LARAS está ofreciendo es muy positiva y cree que brindará una opción verdadera para que la música costarricense despegue, y se pueda dar a conocer la calidad que el mismísimo Rubén Blades, al grabar su último disco en Costa Rica, reconoció que existe en el país.