Se ven por todo lado, chiquitos más activos de la cuenta, a los que se les hace difícil mantenerse atentos y seguir las reglas establecidas. Son niños y adolescentes con déficit atencional: personas que tienen una forma diferente de poner atención debido a un desarrollo neurológico diferente.
Para los padres de estos niños existe la interrogante de si deben someter a sus hijos a un tratamiento farmacológico.
La ritalina es una sustancia psicotrópica que logra que una persona con déficit atencional se concentre mejor y reduce la manifestación de los síntomas principales del déficit que suelen ser impulsividad, desatención e hiperactividad.
En Costa Rica se receta. Según datos de la Oficina de Control y Registro de Medicamentos del Ministerio de Salud el año pasado el cuerpo médico recetó 47.048 cajas de ritalina (de 28 pastillas cada una), 8.000 cajas más que las utilizadas en 1995.
¿Es la ritalina una cura para el déficit atencional? ¿Quién la debe tomar? Esas son preguntas básicas para todo padre y que Viva planteó en una mesa redonda el pasado 27 de marzo.
Roberto Rodríguez, especialista en psicología educativa, Isabel Moreno, pedagoga, y Luis Diego Herrera, especialista en psiquiatría infantil y adolescente fueron los profesionales invitados a desarrollar su punto de vista sobre el uso de la ritalina en el déficit atencional.
¿Pastilla mágica?
Desde 1963 la ritalina se ha recetado para controlar estos casos. Para algunos parece ser la puerta de salida más fácil al problema, una pastilla que soluciona el problema.
No obstante la realidad es otra. Si bien la ritalina puede ayudar a solucionar muchas de las expresiones del déficit atencional, la pastilla no es una cura.
Tanto Rodríguez como Herrera defienden que no todos los niños con este trastorno deben ser medicados. "Ninguna pastilla saca buenas notas, ni es milagrosa", explica Rodríguez. En su opinión, solo los casos más drásticos de déficit atencional deben ser medicados y por un tiempo limitado.
La solución del trastorno está en aprender una serie de conductas, manejo de límites y procesos de aprendizaje que logran que la persona pueda lidiar con su forma distinta de prestar atención, dice.
Luis Diego Herrera apoya más la medicación. Si la conducta del niño afecta sus relaciones en más de un círculo social (escuela, amigos y el hogar) él receta la ritalina, pero no son la mayoría: "en mi consulta únicamente la tercera parte de los pacientes están medicados", dice.
Combinación efectiva
La unión hace la fuerza. Diversos estudios médicos han probado la efectividad del psicotrópico. La ritalina actúa en el cerebro al activar una mejor capacidad de atención y controlar los impulsos.
De igual forma, otras investigaciones han defendido el entrenamiento de los padres y educadores en técnicas psicoeducativas.
Por ello la academia norteamericana de psiquiatría en niños y adolescentes se dio a la tarea de evaluar ambos tratamientos combinados.
El estudio, culminado en 1999, reveló que el tratamiento farmacológico unido a terapias psicoeducativas disminuye la cantidad de ritalina que debe consumir el paciente.
La estrategia efectiva está en la combinación. Consiste en aprovechar la concentración del niño para que él asimile técnicas de aprendizaje y conducta. Algo que no siempre sucede.
Hay niños que después de años de tomar ritalina no han adquirido ningún entrenamiento. En esos casos el tratamiento solo ha funcionado como un maquillaje que cubre los síntomas, dice Roberto Rodríguez.
Para Isabel Moreno esta situación es común. "Lamento que la ritalina se utilice en el aula para calmar al niño, en vez de utilizarla para sacar más provecho y atención".
Ritalina y drogas
La reserva de algunos médicos en recetar la ritalina se debe al temor de que el uso de una sustancia psicotrópica los haga susceptibles a consumir drogas en un futuro.
No obstante, un estudio publicado en la revista Pediatrics , en 1999, demuestra lo contrario.
Investigadores del Hospital General de Massachussets, de la Escuela de Salud Pública de Harvard y de la Escuela de Medicina de la misma universidad compararon la incidencia de abuso de sustancias (alcohol, marihuana, alucinógenos, estimulantes o cocaína) entre jóvenes con déficit atencional tratados con ritalina, otros sin tratamiento y un grupo control sin déficit atencional.
El estudio concluyó que los jóvenes con déficit atencional que han sido tratados con ritalina reducen en 84 por ciento el riesgo de desarrollar una adicción.
Efectos secundarios
Como todo medicamento, la ritalina tiene efectos secundarios. Entre ellos los más comunes son dolores de cabeza, infecciones respiratorias, dolor de estómago, vómitos, pérdida de apetito, insomnio, dolor de garganta, sinusitis y mareos.
El medicamento no debe ser utilizado por personas que presentan altos niveles de ansiedad, agitación y tensión, individuos alérgicos a la ritalina, pacientes con glaucoma y personas con el síndrome de Tourette, entre otros.
La decisión de utilizar ritalina debe ser tomada por el médico en conjunto con la familia y el niño. Cerca del 75 por ciento de los niños con déficit atencional logran controlar el trastorno al llegar a la edad adulta, pero el restante 25 por ciento no lo supera.
¿Es la ritalina la cura para el déficit atencional? ¿Todos los niños con déficit la deben tomar? La respuesta a ambas interrogantes queda clara: No. La ritalina es un fármaco que permite que el niño aprenda las conductas que le ayudarán a lidiar con el trastorno y solo se utiliza en los casos más severos.
Breves de la ritalina
No llega a todos: según un estudio realizado por Luis Diego Herrera, el 20 por ciento de los estudiantes de escuelas privadas del país reciben el medicamento. Solo el 0.5 por ciento de los alumnos de instituciones públicas lo reciben.
Otros medicamentos: en Estados Unidos está autorizada la Concerta (tiene el mismo compuesto activo de la ritalina pero con efecto retardado) y el Adderall para tratar el déficit atencional.
Tratamiento holístico: el método Tomatis, una terapia que se hace en el oído, es una de las opciones de la medicina alternativa para lograr curar el déficit atencional.