2 mayo, 2010
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El debate que vimos en Telenoticias el pasado jueves 22, y en el cual se pretendía discutir la idea de si los homosexuales nacen o se hacen, nació muerto. Nunca un debate, cuya más pura definición es la discusión entre dos o más personas sobre ideas contrapuestas, puede llegar a buen puerto si la pregunta inicial está mal planteada. Tampoco si la escogencia de los invitados a debatir no es la idónea. Pues ambas cosas ocurrieron ese día.

La propuesta del exdiputado y “animador de vida” (como él prefiere que lo llamen), Juan José Vargas, sobre su intención de instalar en el país una clínica para “curar” la homosexualidad, llevó la discusión a un punto medular: ¿es la homosexualidad una enfermedad? Ahí comenzó a naufragar el encuentro, pues una cosa es debatir si se nace o no homosexual, y otra, si es o no una enfermedad.

El primero, un tema complicado sobre el cual no hay estudios concluyentes, y el segundo no se discute desde 1973 cuando se estableció que no existía ninguna evidencia científica para considerar al homosexualismo como una enfermedad.

Para terminar de un hundir el barco, salieron a relucir la fe y el dogma y desde ahí, nada más que hacer. Sabemos que la fe no requiere de pruebas científicas y cuando alguien como Juan José, o cualquier otro creyente, actúa movido por una convicción personal de servicio a Dios, no hay nada que discutir.

Así, lo que quiso ser un debate de ideas, se convirtió en una comedia de ataques que nos hizo recordar El ‘show’ de Cristina y en donde solo faltó invitar a Ramón Luis Méndez, quien, hace un par de semanas, escribió una iracunda columna en un diario nacional en la que se dejó decir que SU Dios abomina el homosexualismo, anunció públicamente que le había perdido el respeto al presidente Arias por avalar las uniones gay y advirtió que, desde ahora, ya no le dirá don Óscar sino Óscar pelao , por apoyar a los homosexuales (pobre Presi , de seguro perdió el sueño al saber eso). Una de sus mayores preocupaciones, dijo Ramón Luis, fue que a raíz de las declaraciones presidenciales, el resto del mundo creyera que en este país “todos somos homosexuales”.

¡Ah! También dijo estar al tanto de que (los homosexuales) “están reventando como abejones de mayo y ahorita salen más” .

La cátedra de fe arbitral de Ramón Luis Méndez, como ven, habría encajado perfectamente en el tenor del mencionado debate (aunque aquí sí habría caído en la categoría de El show de Jerry Springer ).

Y es que en medio de los “yo a ti te amo” que se declaraban mutuamente Juan José y el maquillista Ángel Rafael , a Larissa Escalante, vocera de la Asociación Costarricense de Psiquiatras, solo le quedaba sonreír, y de seguro preguntarse: ¿Qué estoy haciendo aquí?

Ahora bien, una de dos, o Pilar Cisneros no tuvo la visión de anticipar semejante desaguisado –un error de bulto dada su gran experiencia como comunicadora– o lo hizo solo pensando en aprovechar la polémica para atraer la audiencia. En cualquier caso, ella sufrió en carne propia las consecuencias de su decisión, pues le tocó bailar con la más fea y hasta tuvo que sacudirse en más de una ocasión de los exabruptos y acusaciones del, con su permiso, exdiputado Vargas.

Como dijo un televidente en Facebook , el próximo debate en Telenoticias seguramente será sobre si los truenos son un fenómeno atmosférico o si nos los manda Zeus para asustarnos.

Excelente cobertura ha hecho Mónica Umaña, de Telenoticias , en lo que va del juicio ICE-Alcatel, en especial durante el arranque, cuando fue necesario poner al televidente en contexto de los hechos, misión nada fácil en vista de la complejidad jurídica, penal y financiera del caso. Bien informada y documentada, ha transmitido la información en forma serena, sin sobresaltos ni lagunas, y lo mejor, sin asumir poses de justiciero valiente en busca de protagonismo.

Mientras la prensa de espectáculos ha dado cuenta últimamente de que Ivonne Núñez fue víctima de cáncer de piel y Domingo Argüello recientemente recibió el mismo diagnóstico (al parecer, a tiempo para tratarse), vemos a la veterana modelo Karen Brenes aparecer en fotos más bronceada que nunca. Ojalá el tono caramelo oscuro de su piel sea producto del maquillaje o photoshop , pues sería muy peligroso que su sempiterno tono bronce provenga de horas-sol o exceso de cámara. Hay que escuchar las recomendaciones de expertos y reflexionar sobre la frase de Ivonne Núñez al reconocer todo el daño al que expuso su piel en el pasado, todo por conseguir una belleza efímera: “ Lamentablemente no podemos devolver el pasado”.

Una joven montadora le contaba a Maricruz Leiva, poco antes de mandarse al ruedo en el lomo de un toro, en unas corridas la semana antepasada, que andaba “zafada” de la familia. “¡Ahora que me vean en tele me van a cagar!”, a lo que Maricruz reaccionó impresionadísima y mientras se agarraba el sombrero pegaba cuatro gritos: “¡Ay chiquilla por Dios, esas palabras no se dicen en televisión!”. El comal le dijo a la olla... jeje .

“Tal vez nos puede comentar un poquito...”, esta es una típica y repetidísima muletilla con la que, sobre todo periodistas de televisión, suelen comenzar una entrevista. Aunque parezca un inofensivo asunto de forma, la timorata introducción le quita fuerza al interrogatorio desde el principio y hace que el entrevistador entre quedando y termine haciendo un diálogo a la tica, sin confrontación clara y directa.

Claro, tampoco es que aboguemos por el otro extremo, que culmina en el acoso e irrespeto del entrevistador con el entrevistado. Pero definitivamente ese “cuénteme un poquito” debería ser erradicado del vocabulario televisivo.

Lo mismo ocurre con el “maravilloso” de Cristiana Nassar, quien en cada emisión de Nace una estrella repite el adjetivo hasta la saciedad. Para ella, todo es “maravilloso”.

Por ahí supimos que una empresa productora de eventos caída en desgracia últimamente, contrató a una firma de relaciones públicas para que diseñe una estrategia que le levante la imagen. Juepuchis. Eso está más difícil que crucificar una culebra o morderse un codo.

Una verdadera tragicomedia fue el trámite de las reformas a la Ley de Tránsito. En el primer acto, algunos medios de comunicación le exigían a los diputados mano durísima para castigar a los infractores en las vías públicas, particularmente a los choferes temerarios y borrachos. La mayoría de diputados actuó en consecuencia, y las multas se dispararon astronómicamente, lo mismo que las sanciones con cárcel. Vino un segundo acto, esos mismos medios reaccionaron en contra de lo elevado de las sanciones, sobre todo de carácter económico , alegando que las ‘mordidas’ iban a florecer por todo lado, que se iba a arruinar a mucha gente humilde por andar sin licencia o cometer alguna falta menor, y entonces los diputados, procedieron a bajar las penas. En un tercer acto, la misma prensa calificó el último dictamen como débil, alcahuete con los borrachos y, al final de la obra, el proyecto votado en primer debate fue a parar por un mes a la Sala Constitucional, y nadie sabe qué va a pasar al final de toda esta tragicomedia. ¡Viva Costa Rica!