El costarricense Rashi Rosenstock pasó por un minucioso proceso de selección para que su nombre ingresara a la lista de la Sociedad Americana de Cirugía Estética, con sede en los Estados Unidos.
Formar parte de esa organización es difícil para los estadounidenses. Por eso, Rosenstock celebró su incorporación a la reducida lista de cirujanos plásticos latinoamericanos que son miembros de esa Sociedad.
"El proceso de selección tarda unos dos años. Hay varios comités que verifican el currículo, calificaciones, cirugías y realizan entrevistas a los candidatos", comentó el médico, de 33 años, quien habló con timidez sobre sus logros.
En Brasil
Proveniente de una familia de doctores, contó que desde los cinco años quiso estar en una sala de cirugías: "Mi papá, Noé, es dermatólogo, y mi mamá, Clara, es cirujana cosmética. Yo iba con ellos a los hospitales".
Egresado de la antigua Escuela Autónoma de Ciencias Médicas, de la Universidad Autónoma de Centroamérica, su promedio general estuvo en 95, lo cual le ayudó a dar otro añorado paso: especializarse fuera del país.
El costarricense calificó para estudiar, entre 1996 y 1999, en la
clínica del profesor brasileño Ivo Pitanguy, uno de los cirujanos plásticos más renombrados del mundo, pionero de numerosas técnicas en esa materia.
"Con él aprendí que la base de la cirugía estética es la cirugía reconstructiva porque es mucho más creativa", agregó.
Esa lección la memorizó atendiendo a niños con labio y paladar hendido, o menores con serias quemaduras.
En la cirugía privada, que practica desde su regreso al país, enfrenta una gran demanda por cirugía estética, como cambio de rasgos faciales o implantes de seno. "El campo estético también incide en forma positiva en los pacientes. Muchos logran, a través de un cambio en su imagen, el aliciente necesario para mejorar realmente sus vidas", dijo.
El médico insistió en que un buen cirujano plástico escucha con atención los deseos del paciente y le dice, claramente, qué tan aconsejable y posible es mejorar su apariencia.
Casado y con dos hijos Michelle de tres años y Daniela de uno cuando está fuera de su consultorio practica el tenis o futbol, y le gusta leer las novelas de misterio de Agatha Christie.