Washington . En una velada electoral interminable hace un año, la división entre los votantes y las deficiencias en las máquinas de votación paralizaron la máxima decisión política en la nación, nada menos que quién debía ocupar la presidencia de Estados Unidos.
Las autoridades electorales y el público empezaron a mirar con lupa hasta las pequeñas perforaciones en las papeletas de votación para comprobar su validez. La presidencia dependía de unos votos más o menos.
Ahora, la guerra contra el terrorismo encabezada por el presidente George W. Bush ha pasado a ser el centro de atención junto con las medidas para contener la amenaza del ántrax.
``Todo ha cambiado'', observó el senador Joseph Lieberman en un discurso el fin de semana en New Hampshire.
Hace un año, los partidarios de Al Gore y Lieberman desplegaron un batallón de demócratas en la Florida para disputar a los republicanos de Bush los resultados electorales.
El encargado de la campaña de Gore, Bill Daley, advirtió que los demócratas no permitirían las irregularidades electorales que calificó como ``una injusticia sin parangón en nuestra historia''.
Desde el 11 de septiembre, los motivos de quejas han dado un giro de 180 grados y los hechos de aquella velada electoral --coronada por la admisión de derrota de Gore, retractada horas después-- parecen haber perdido todo dramatismo a la luz de los nuevos acontecimientos.
``Ya nada lo parece'', comentó Barbara O'Connor, directora del Instituto para el Estudio de la Política y los Medios de Comunicación en la Universidad del Estado de California en Sacramento.
``Tenemos un sentido del término 'injusticia' que pone todo en perspectiva'', agregó. ``La política tal como la conocemos ya no es más como una ópera''.
Por cierto, la política ha quedado prácticamente marginada por el impulso general de apoyar al comandante en jefe --el presidente-- y dejar de lado las argumentaciones partidistas.
Los índices de aprobación de Bush en las encuestas, que oscilaban en un 50 por ciento a mediados de año y declinaban luego de la pérdida del control del Senado debido a un desertor republicano, han ascendido incluso hasta el 90 por ciento.
Es sorprendente para un hombre que recibió menos votos populares que Gore el 7 de noviembre del 2000 y que ganó la presidencia por un voto electoral decidido por 5-4 en la Corte Suprema.
La aprobación pública y el apoyo extrapartidista le dará mano firme para llevar adelante la guerra y probablemente le ayudará en otros asuntos, dijo O'Connor. Pero a juzgar por la historia, mucho dependerá de cómo vaya la guerra.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, Editora nacion.com Fuente: agencias.