Tal vez Sammy Santamaría nació en un país equivocado. El calor luminoso de Panamá se refleja en el espejo tropical de su música, pero lo que siempre le ha gustado a Sammy es la melodía romántica.
Por eso, cuando se vino de la tierra del canal y en Costa Rica encontró un lugar poblado de mariachis para dar serenatas, se dijo a sí mismo: "Este es mi lugar".
Hoy, a sus 33 años, este cantautor está preparando, para finales de este y principios del próximo año, el lanzamiento de su primer disco compacto, que se titulará Amor clandestino y que reunirá entre 10 y 12 temas de su propia inspiración.
Por el momento, Sammy es un artista que está contratado para presentarse exclusivamente en el hotel Herradura y es allí donde interpreta su música bohemia y romántica.
Pero la historia de este panameño no ha sido fácil. Hijo de una familia de un "barrio duro" de Chiriquí, Sammy no se explica de dónde le viene la obsesión por la música, pues, entre sus parientes, él es el primero que tañe algún instrumento (la guitarra).
En su tierra estudió contabilidad, pero nunca ejerció esta profesión. "Lo hice por complacer a mi papás", recuerda, sonriente.
De hecho, no había pasado ni una semana de haber recibido su título de contador, cuando ya Sammy se estaba inscribiendo en un conservatorio de música.
A los 14 años se mudó a la capital, y, así, el menor de los nueve hermanos de la familia Santamaría comenzó a tocar como solista en hoteles, clubes y bares nocturnos.
Senda de canciones
El trabajo se le allanó por una habilidad que desde pequeño siempre ha tenido: "Puedo oír a un cantante y después fácilmente imitarlo". La gente le decía que interpretaba las canciones como lo hacían José José, Braulio o Camilo Sesto. Eso lo llevó a buscar un estilo muy personal de imprimir a la música su propio apellido.
Fue allí donde encontró el trampolín hacia la aventura. Recién llegado a Costa Rica, un grupo de japoneses hizo una audición para escoger a un cantante latinoamericano.
La idea era que el grupo o el solista que se aprendiera, en 25 días, 15 canciones en idioma japonés, podría viajar con ellos y hacer varias presentaciones en Tokio.
Muchos de los que se inscribieron, al final no llegaron al cabo de los 25 días, pero Sammy sí. Los japoneses comenzaron a decir: "A ver, que cante la número ocho, que cante la doce, que cante la tres..."
Y Sammy cantó las 15 conforme se las fueron pidiendo. Viajó a Japón y se quedó allá por seis meses, tiempo en el que no paró de tocar y cantar.
"La gente se asombraba porque iban a verme cantando en español y de repente, sin que se lo esperasen, les interpretaba algo en japonés".
Debido a la buena acogida que tuvo, Sammy volvió a viajar a Japón por otros seis meses, y en reiteradas ocasiones ha recibido nuevas invitaciones.
"Por ahora quiero dedicarme a mi primer disco", afirma Santamaría. Añade que anhela el momento en que sus canciones originales comiencen a difundirse ampliamente, y lo dice mientras se aferra a su guitarra: "Pero primero Dios y después la suerte".