Dashtikalá (Afganistán). Las tropas de la Alianza del Norte rompieron hoy las defensas de los talibanes en la localidad de Janabad y continuaron su ofensiva sobre Kunduz, la última plaza fuerte de las milicias integristas en el norte de Afganistán.
El avance en tres frentes de la opositora Alianza del Norte puede haber roto el cuello de la resistencia talibán en las defensas orientales de Kunduz, precisamente la parte más expuesta al bombardeo artillero desde las colinas cercanas.
La caída de Janabad, a 25 kilómetros al este de Kunduz, también dejó expedito el camino desde Talukán, capital de la vecina provincia de Tajar capturada hace doce días y donde los opositores acumulan armas y hombres que llegan desde el noreste afgano.
Los caminos montañosos que parten de Talukán hacia Kunduz parecían en el alba regueros de hormigas, con centenares de guerrilleros de la Alianza atraídos por la batalla y dispuestos a conseguir un buen botín si se produce un asalto sin cuartel.
La presión de la ofensiva de la Alianza se dirige ahora contra Dasht-e-Archi y Pul-e-Bangi, al oeste, para cortar toda salida a los entre 10.000 y 20.000 milicianos integristas atrapados en Kunduz.
"Defenderse hasta el último cartucho" es el lema de los integristas que rechazan entregarse en Kunduz, según indicó Hayib Hakimulló, uno de los portavoces de la alianza antitalibán.
Algún grupo talibán podría intentar abandonar la ciudad protegido por la vaguada del río Kunduz, hacia el norte en dirección al Amú Daria del que es afluente, pero la cercanía de la frontera tayika, donde las bandas integristas han sido expurgadas, haría de esta aventura un suicidio.
Cientos de refugiados habían abandonado en las horas previas Janabad y Kunduz como indicio del ataque que se avecinaba y que ha permitido finalmente a los opositores afganos apretar el cerco oriental sobre el bastión septentrional de los talibanes.
Las noticias que trajeron estos huidos hablaban de caos en las calles de Kunduz, con enfrentamientos entre los talibanes locales y los integristas de otras regiones acorralados en esta ciudad tras la ofensiva que en poco más de una semana puso a la mayor parte del país en manos de la Alianza.
También hablaron de una feroz resistencia de los miles de extremistas extranjeros que se han hecho fuertes en Kunduz, responsables, según la Alianza, del fracaso de las negociaciones para rendir la ciudad sin un baño de sangre.
Mientras el nuevo señor de Mazar-i- Sharif, al noroeste, el general uzbeko afgano Abdul Rashid Dostum, insistía en que Kunduz se entregará este domingo como fruto de sus negociaciones con varios líderes talibanes, el martilleo artillero mostraba otra versión.
Los aviones B-52 estadounidenses tampoco dieron hoy tregua alguna.
A pesar de ello, también algunos jefes locales, como el gobernador de Kunduz, Hayyi Omar Jan, pudieron indicar por teléfono que las conversaciones con Dostum mantenidas en Mazar-i-Sharif habían sido "fructíferas".
Algunas informaciones señalaron que el ataque masivo respondía a un malentendido, debido a que los líderes talibanes que participaron en las negociaciones en Mazar no habían llegado a tiempo a Kunduz para comunicar a los defensores la rendición.
Pero los jefes militares tayikos que dirigen el ataque insisten en que, si bien algunos talibanes oriundos de Kunduz quieren acabar la lucha a cualquier precio, los más radicales hermanados con las columnas integristas extranjeras se dejarán la piel en las defensas de la ciudad antes que entregarla.
La rendición puede significar la muerte segura para buena parte de ellos, tal y como amenazó Mohamed Daud Jan, uno de los principales comandantes del avance de la Alianza, que parece poco dispuesta a que estas tropas de elite puedan huir hacia el sur.
Allí resiste aún Kandahar con fuerzas suficientes para aguantar todos los embates de la Alianza y sus aliados estadounidenses, pero además hay bolsas de guerrilleros talibanes por todo el país, incluso a menos de 30 kilómetros de Kabul.
Uno de los grupos de extranjeros más cohesionados y reacios a la entrega de Kunduz es el compuesto por los guerrilleros del Movimiento Islámico Uzbeko, cuyo líder, Yuma Nagamgani, perdió al parecer la vida hace unos días.
Sin embargo, a la vez que se supo la caída de Janabad, también se extendieron los rumores sobre un Namangani vivo, al mando de sus tropas y dispuesto a abrirse paso hacia el montañoso Badajshán o hacia Kandahar.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, Editora nacion.com Fuente: agencias.