El gigantismo fue parte de su obra plástica y también de su vida. Con el tiempo, el estudio de su obra y su clara influencia en diferentes generaciones de artistas nacionales, Max Jiménez Huete se convirtió en un gigante de la cultura nacional de este siglo.
Como estaba previsto, a partir de hoy, a las 8 p. m., el Museo de Arte Costarricense (MAC) inaugura una gran retrospectiva llamada Max Jiménez, un artista de siglo.
El MAC es todo Max. Sus pinturas, esculturas, dibujos, grabados, poesías, libros y objetos personales llenan la mayoría de pasillos y salones de las antiguas instalaciones del aeropuerto. Solo en el Espacio Alternativo queda la exposición permanente de obras de Juan Manuel Sánchez.
Después de un año de investigación, recolección de obras y más investigación, la gran exposición cuenta de tres partes: un recorrido biográfico por la vida de Jiménez Huete, una pequeña sección de retratos de Max realizados por artistas contemporáneos y, por último, la gran retrospectiva de su obra de 1939 a 1947 (año de su muerte).
José Miguel Rojas, curador de la retrospectiva, le pidió a varios artistas plásticos un retrato de Max con su propio estilo; así se encuentra la mirada de Roberto Lizano, Joaquín Rodríguez del Paso, Alberto Murillo, Fabio Herrera, Rodolfo Stanley, Juan Luis Rodríguez, Emilia Villegas, Ana Griselda Hine, Mario Maffioli, Adrián Arguedas y el propio Rojas.
Esta sección es la transición entre la parte biográfica y la muestra de 1939-1947.
La retrospectiva tiene énfasis en la pintura pues, para el curador, Max fue, principalmente, pintor. Allí se reviven cuatro exposiciones del incansable viajero y rebelde en París y Nueva York; y se incluyen piezas creadas en Cuba y Costa Rica.
Tras el visionario
Es necesario conocerlo antes de jugar en la arena o mirar a través de la ventana con sus robustas mujeres u observar la cabeza de caballo con el relincho contenido.
Max Jiménez fue un hombre adelantado a su época, vanguardista en un país conservador y visionario en una época con algo de miopía.
El MAC nos revela la intimidad de su persona, al humano, al viajero, al amigo.
Primero lo presenta. Una foto en blanco y negro del dandi, con sombrero, bigote ralo y mirada profunda.
Siga el hilo de la historia. Empezará por observar algunas fotos del artista cuando niño, miembro de una acomodada familia costarricense.
Después empezarán las anécdotas. Allí, conservado por el cariño, un afiche de la primer exposición de escultura y dibujo de Jiménez, junto a otro artista (Celso Lagar), en la galería Percier, en París (Francia).
Las cartas son un imán para la curiosidad. Allí, protegidas por vidrio se encuentra la correspondencia de Max con Ricardo Jiménez, Alfonso Reyes, Armando Maribona, César Vallejo, Miguel Ángel Asturias y Teresa de la Parra, entre otros muchos amigos.
Está también su pasaporte diplomático, con las fotografías de quienes viajaban con él, y la gran cantidad de sellos de las ciudades donde entraba y salía: Francia, Cuba, Estados Unidos y Chile.
Las historias de amor no pueden faltar. Los visitantes podrán dedicar algunos minutos a leer las largas y amorosos cartas de Max Jiménez con su novia Clemencia Soto Uribe, quien en 1927 fue su esposa.
En las paredes también se pueden encontrar sus primeros dibujos, algunos de los grabados que hizo y hasta su rostro caricaturizado por la visión de algún amigo artista. ¡Conoció a tanta gente!
Las fotografías nos transportan a la época. Hombres vestidos de forma impecable, damas finas y reuniones amenas. En una de las imágenes, el costarricense trotamundos está junto a Siqueiros, Carlos Enríquez y Amelia Peláez.
En otra foto, Max acompaña a la poetisa Gabriela Mistral y un grupo de amigos en una reunión en una casa en Guadalupe.
Resguardados de las manos, quien siga la línea histórica de los años -que está estampada en la pared- también se encontrará con sus libros. Porque él fue también escritor, y como en todo lo demás, fue vanguardista y renovador.
Ediciones originales de la novela Unos fantoches (1928), los poemarios Sonaja (1930) y Quijongo (1933) y un ejemplar de El domador de pulgas (1936) con una dedicatoria para Enrique Macaya.
En otra de las salitas, se encuentra su caballete, pinceles y gubias. Al fondo, una foto suya en el taller. Solo basta cerrar los ojos para imaginar al artista trabajando con sus mezclas y apasionado por su oficio.
Tantos objetos, que con ellos, y los poemas y extractos de sus libros pegados en las paredes, los ticos nos acercamos a Max. Mucho más de lo que hemos hecho hasta ahora.
¡Hay tanto que explorar! Max Jiménez, en tan solo 47 años, logró que en este final de siglo se le nombre como uno de los grandes artistas de la centuria.
No deje que otros le cuenten quien fue, conózcalo usted mismo.
Algunas intimidades
Se pudo reconstruir una buena parte de la vida de Max Jiménez gracias a sus tres familias herederas en la actualidad: Jiménez Beeche, Jiménez Odio y Jiménez Yglesias.
En vida, el artista vendió pocas obras, por lo cual Amalia Chaverri, directora del Museo de Arte Costarricense, cree que el público podrá observar casi la totalidad de su producción.
Muchos de sus cuadros tienen nombres que no corresponden a los verdaderos porque a través de los años, después de su muerte, se han cambiado.
Los nietos y familiares del artista estarán en la inauguración.
Fuente: Amalia Chaverri, directora del MAC, y José Miguel Rojas, curador.
Si...
Quiere ver toda la exposición: Durará, por lo menos, tres horas.
Solo tiene 45 minutos: No deje de ver las obras: Tierra y cielo, Año de 1944, Ventana de la Habana Vieja y Anita.
Tiene alguna pregunta sobre la obra de Jiménez: Siempre habrá personal disponible a ayudarlo, solo pregúntele a algún funcionario del MAC.
Un grupo de estudiantes desea una visita guiada: Saque una cita mediante los teléfonos 222-7734 o 222-7155.