Washington. AFP. El transbordador espacial estadounidense es la máquina voladora más compleja y costosa jamás construida, y, aunque ayudó a poner en órbita un laboratorio de avanzada, la Estación Espacial Internacional (ISS), no cumplió su promesa original de hacer asequible para todos viajar al espacio.
El legado contado en los libros de historia probablemente mostrará éxitos y fracasos, dicen los expertos.
“Creo que el desempeño del programa de transbordadores ha sido dispar”, dijo John Logsdon, asesor externo de la Casa Blanca y exjefe del Instituto de Política Espacial de la Universidad George Washington.
“Lo más destacado del programa fue demostrar la capacidad de los astronautas para hacer cosas útiles en el espacio”, dijo.
“El verdadero fracaso fue no estar a la altura de sus promesas originales de ser asequible y rutinario”, agregó.
El programa espacial de transbordadores, vigente durante tres décadas y el proyecto más duradero de la NASA en sus 50 años de existencia, costó un total de $208.000 millones (en dólares del 2010) en comparación con $151.000 millones gastados en el Apolo , que llevó a los estadounidenses a la Luna en 1969.
El historiador de la NASA Bill Barry recordó que el objetivo inicial de la nave espacial era hacer de los vuelos espaciales una posibilidad para la gente común, no solo de una élite preparada.
“La meta original era hacer los vuelos al espacio más baratos, más fáciles y no solo competencia de pilotos altamente capacitados y con experiencia militar comprobada, sino que permitiera a la gente promedio ir a vivir en el espacio”, dijo Barry.
Pero la Casa Blanca mantuvo la presión sobre la NASA para reducir los costos de la agencia espacial que estaba diseñando el transbordador, un proceso que Barry sugiere que, de hecho, hizo subir los precios incluso en el largo plazo.
“El programa nunca fue financiado al nivel que se esperaba. Los compromisos de diseño se hicieron cuando se estaba construyendo. Pero nunca fue barato o fácil de manejar”, dijo.
Sin embargo, el programa espacial ayudó a construir un revolucionario lugar de avanzada en órbita para los científicos del mundo.
A pesar de que sufrió dos grandes desastres, cuando los transbordadores Challenger y Columbia explotaron en el aire en 1986 y el 2003, respectivamente, la memoria general del programa será probablemente positiva, sostuvo Barry.
“Creo que los historiadores del futuro verán el de los transbordadores como un programa espectacular”, añadió.
“Hemos hecho cosas increíbles con los transbordadores, la ISS, reparaciones en órbita, el Hubble“, enumeró, refiriéndose al telescopio espacial Hubble, puesto en órbita por el Atlantis en 1990 y que ha permitido importantes avances en astronomía.
"Es un gran éxito", que ha logrado un sitio en la imaginación popular e inspiró la película de James Bond "Moonraker", en 1979, incluso antes de despegar en su viaje inaugural en 1981.
"Si les pides a los estadounidenses promedio, e incluso (a la gente) en todo el mundo identificar la forma de una nave espacial, una gran cantidad de niños va a dibujar algo que se parece a un transbordador", afirmó.
Mirando hacia atrás, la clave de la caída del programa de transbordadores espaciales puede haber sido la enorme atención que le prestó la NASA durante tantos años, de acuerdo con Logsdon.
"Creo que fue un error construir todo el programa espacial, o al menos el programa espacial humano, completamente alrededor del transbordador", dijo.
"Debería haber sido visto como un experimento de primera generación y reemplazado hace mucho tiempo, probablemente a principios de 1990 tras diez o 15 años de operaciones".
Logsdon señaló que la decisión de construir la Estación Espacial Internacional se tomó en 1984 bajo la administración del entonces presidente Ronald Reagan, quien quería que se hiciera en una década.
Pero la construcción del laboratorio espacial no se inició hasta 1998, y el proceso se llevó casi 12 años.
Según Logsdon, esto sucedió "tanto porque Estados Unidos estaba pagando por el transbordador, como porque la ISS realmente no tenía dinero para desarrollar un vehículo de sustitución, pues no había un compromiso político suficientemente fuerte para proporcionar los recursos necesarios para ello".
Con el final del programa espacial, Estados Unidos se queda sin forma de enviar astronautas al espacio hasta que el sector privado pueda construir un nuevo transporte, un proceso que probablemente tomará de cuatro a diez años.
Los jefes de la NASA dicen que el fin del programa de transbordadores era inevitable, y que la nave espacial del futuro se puede construir en cooperación con empresas como Boeing, SpaceX y Sierra Nevada.