Victor Monge, Serranito, junto con sus compadres y amigos Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar, compone el trío cuyo mérito ha sido elevar la guitarra flamenca de la categoría de concierto a la categoría de admirable.
El toque primitivo (1785-1860) se hace a palo seco, es decir, el cante es a voz sola, sin acompañamiento. En la época de oro del flamenco (1860-1910), los cafés se convierten en piezas claves de este arte: impulsan el uso de la guitarra. Sin música no hubiese sido posible que allí se dé el espectáculo.
Por aquel entonces se funda la primera escuela de toque flamenco, en Jerez de la Frontera (sur de España). Luego, surgen grandes guitarristas de concierto, como Manolo de Huelva, Melchor de Mairena y Esteban Sanlúcar.
Hay un salto capital entre 1960 y 1980, cuando entran a escena Serranito, Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar. Los tres han marcado una etapa sin precedentes en la guitarra flamenca, según la crítica española. Han creado una revolución estilística en el toque.
Serranito, nacido en Madrid casi pegado a la guitarra, vive por la música y para ella. Aunque es "payo" (término que usan despectivamente los gitanos para nombrar a quienes no son de su raza), tiene muy metido el gusanillo del flamenco. Es de esos guitarristas que logran erizar la piel del espectador. Su toque no es un espectáculo con muchos matices visuales, pero sí es un toque profundo.
El 2 de diciembre recibirá la medalla de oro al mérito que otorga el Ayuntamiento de Madrid a figuras destacadas, y este miércoles se presentará, en una única función en el Teatro Popular Melico Salazar.
El viernes 14, minutos antes de comenzar con sus fandangos, bulerías y sevillanas en el teatro Presidente de San Salvador (El Salvador), concedió esta entrevista, en la que, como siempre, habla con gran sencillez.
-¿Es cierto que desde los ocho años toca la guitarra?
-En mi casa siempre había una guitarra. Mi padre era ebanista, pero le gustaba tocarla, y yo, poco a poco, fui aprendiendo. A los 12 años ya era profesional. Era una época muy difícil [la posguerra civil]. Ser artista no es fácil. Se empieza desde muy joven, se aprende con la vida, de los mayores...
-La pasión por la guitarra, ¿se convirtió en trabajo?
-Había que ganarse la vida. Tocaba en Madrid con Los Serranos: un hermano mayor, un amigo y yo [como él era el más pequeño, lo bautizaron Serranito]. Entonces yo tenía 12 años.
-En el anonimato, seguro, no se ganaba mucho dinero...
-El dinero tenía otro valor. Nos daban propinas. Hacíamos un sueldo con el que podía comer una familia por varios días.
-Llama la atención que usted toque tan bien la guitarra flamenca siendo "payo".
-También Paco de Lucía es "payo". Durante mi infancia-adolescencia, los guitarristas de flamenco emigraban a Madrid. Las raíces son andaluzas, pero Madrid es Madrid...
-¿Cómo nace el gusanillo por el flamenco en un madrileño puro?
-El gusanillo empezó cuando tocaba guitarra en festivales para niños. En uno de ellos conocí a una bailarina de flamenco que me gustó.
-Es usted muy precoz...
-Soy muy precoz en todo [ríe a carcajadas]. Me enamoré de la bailarina y, por culpa de ella, para verla, empecé a tocar la guitarra flamenca.
-¿No es broma?
-No: es totalmente cierto. Seguí trabajando para estar cerca de ella. La recuerdo porque la he visto muchas veces. Es que las bailarinas clásicas y de flamenco tienen un encanto especial: emanan una sensualidad que a mí me gusta.
"No se sabe por qué uno tiene el gusanillo. Yo encuentro mi realización en la música: una vez que escucho flamenco me enamoro. Me inspiro tocando seis u ocho horas diarias. Salgo poco. Tengo muchos amigos artistas que van a mi casa y cantan. El día en que me falte la inspiración, me muero".
-Tremenda responsabilidad lleva encima: revolucionario del flamenco. ¿Recuerda las críticas de aquel entonces?
-No introdujimos nada; simplemente fuimos evolucionando [Paco de Lucía, Serranito y Manolo Sanlúcar]. Cada uno crea una escuela diferente, una forma de tocar y sentir la guitarra.
-Su trabajo es diferente del de Paco de Lucía. Es usted menos "visual" que él...
-No tiene por qué ser más visual: cada uno tiene que tocar de una manera. A mí me gustan las movimientos. Yo me voy al clásico, él se va al jazz.
-Lo suyo es menos espectacular, pero parece más profundo. ¿Cree que Paco de Lucía se ha comercializado?
-No creo que se comercialice porque quiera. Muchas veces las casas disqueras nos exigen hacer muchas cosas, pero siempre hay cierto nivel profesional.
-¿Es necesario el mestizaje del flamenco?
-A mí me gusta el flamenco puro, pero va evolucionado por sí mismo. Los ritmos evolucionan como la propia vida. El flamenco es tradicional; no puede cambiar radicalmente porque, si se le quita la raíz, deja de ser flamenco.
-Actualmente existe una tendencia fuerte en España de mezclar el flamenco con casi todo.
-Hay una nueva generación, de gente muy buena, y hay otra que engaña al público diciendo que lo que toca es flamenco. A la fusión llaman "flamenco moderno". No existe el flamenco moderno. Tocar música aflamencada no es flamenco. No hay motivos para engañar. Lo que pasa es que la palabra "flamenco" vende.
-Usted ha estado ya en Costa Rica. ¿Qué recuerda más de ella?
-Me gustan mucho el carácter y la sensibilidad de la gente; la belleza de sus mujeres, su tierra... El públlico de Costa Rica es diferente del europeo: establece una relación con el artista, con su personalidad.
Serranito hace una pausa porque alguien lo llama. “Me voy porque debo calentar las manos. ¡Tengo que trabajar!”, finaliza.