Todopoderoso: un Dios de piel negra

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El cine nos enseña que la comedia no siempre debe sustentarse en lo verbal, que puede hacerlo también desde la imagen, como lo hacen los payasos en el circo. En esto, la comedia dorada con Charles Chaplin, Mack Sennett, Buster Keaton, Ben Turpin, Harold Lloyd y otros ha sido la gran escuela del humor. Ahora, debemos reconocer que la película Regreso del Todopoderoso (2007) es un esfuerzo para recuperar un poco la imagen como tránsito de la comedia.Esta película no se echa atrás ante el chiste en el diálogo, pero enfatiza su argumento con imágenes par darnos su sorpresa humorosa, generada desde la condición de lo absurdo, cuando una figura tranquila, de piel negra, canosa, a la que solo le falta fumarse un buen puro, que se dice un dios (Yahvé), le ordena a un simple mortal que construya un arca.Por supuesto que esta situación se empata con el mito de Noé y la presencia de un diluvio universal que se recoge en distintos libros de la época, incluido el Antiguo Testamento, cuando en un arca se metieron parejas de animales para salvarse de fuertes crecidas de las aguas en una región cercana al monte Ararat, en Armenia, donde embarrancó el Arca de Noé.Si eso es poco o nada creíble, ¡imagínenselo para nuestros días! No es solo lo absurdo de la situación, es también su raigambre anacrónica y el contraste ante una modernidad menos mítica. Estas son las claves humorísticas de Regreso del Todopoderoso, que dirige Tom Shadyac, con las presencias de los actores Steve Carrell (como el Noé de nuevo cuño) y de Morgan Freeman (como el dios del caso).Sabemos que esta figura divina se había tomado unas vacaciones en un filme anterior, siempre con Morgan Freeman, sustituido en lo suyo por un humano encarnado por el dispendioso Jim Carrey. Esta primera cinta, del 2003, que igual fue dirigida por Tom Shadyac, tiene un guion un poco más irreverente y, si se quiere, profano.Aceptemos que Steve Carrell es buen actor y que, ahora, saca con fluidez su personaje del Noé contemporáneo. Morgan Freeman no se esfuerza con el suyo.Lo flojito de este largometraje es que alegra sin perturbar con un tema que daba para la sátira y el cuestionamiento. Más bien termina con un discurso conservador sobre la fe y sobre la familia, como sucede ahora en demasía con el cine.El guion pierde tornillos por culpa de su excesiva ingenuidad, donde la propia religión se presenta a pura mercadotecnia y efectos especiales. La posibilidad de la irreverencia encuentra, en su lugar, los sentimentalismos propios de un culebrón. Es un filme para ver en la casa, por tele, metido uno en la bañera, o para verla de viajero en un avión, arca voladora.Regreso del Todopoderoso tiene algunos buenos efectos humorosos entre otras posibilidades cómicas totalmente desaprovechadas.Un seis le es una calificación posible y generosa en este caso, y es la que le ponemos.








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