El llamado "avión de los ticos", con casi 300 personas a bordo y que voló este martes a Hamburgo directo desde Alajuela, se convirtió en una réplica de una excursión local en cazadora. Un crisol de las más diversas clases sociales y un anecdotario de esos hechos que solo ocurren en Costa Rica acompañaron al singular grupo en su ilusión dorada: estar en Alemania 2006.
Apenas un rato después del arribo, tras cruzar el Atlántico en un vuelo de casi 12 horas, varios grupúsculos de compatriotas recorrían la calle Reeperbahn, en Hamburgo, contagiados de la euforia que envolvía a cientos de alemanes en las calles tras su agónico triunfo ante Polonia.
Aquello era una copia idéntica de lo que se vive en la Avenida Segunda cuando la gente explota en torno al futbol. solo que ahora se sentía, como nunca, la sentencia que gritó alguien en cuanto el avión de los ticos tocó la pista del aeropuerto teutón: "¡Ahora sí, estamos en el Mundial, carajo!".
Un escalofrío colectivo, igual al que sentimos en aquel momento, nos embargaba ahora ante aquel espectáculo de ticos, teutones, polacos, brasileños, españoles y seguidores de otras muchas nacionalidades, todos aferrados a sus banderas pero unidos por un balón.
Y entonces, entre los diversos grupos, surgió un minidesfile de tricolores que cargaban banderas, chilindrines y cornetas. Por unos momentos, sobresalieron del resto con sus sombreros de chonete y sus sonoros "¡Oeeee, oeee, oeee, oaaa, ticoooos, ticooos!".
Ahí sí que muchos soltamos el moco, al tiempo que nos rebotaba aquella frase que saltaría, desde la noche del martes, una y otra vez en nuestras cabezas: "¡Ahora sí, estamos en el Mundial!"
La verdad es que la piel de gallina, para la mayoría, empezó desde que el grupo -al inicio bastante callado- se fue reuniendo en el aeropuerto Juan Santamaría a eso de las 6:00 p.m. de este 13 de junio.
Si bien los casi 300 ticos (y uno que otro extranjero) acopiaron la timidez típica del tico mientras hacían los trámites de embarque, el uniforme que convirtió al avión en una verdadera marea roja ya nos sellaba en bulto.
Algunos, los menos, optaron por una vestimenta diferente; entre estos, uno de los grandes protagonistas de aquella velada, el famoso Porcionzón (el humorista Carlos Ramos), quien se convirtió en el pato de la fiesta con su sola aparición en el counter de chequeo. Y justo en torno a él, se empezó a romper el hielo entre pasajeros que nunca se habían visto en su vida y que pronto formaron "mancuerna" con los demás. "Sea bárbaro, es que con solo verlo, uno se muere de risa", dijo alguien.
Para colmo, Porcionzón no podía pasar inadvertido porque era el único ataviado con full traje entero, impecable camisa blanca y vistosa corbata amarilla. ¡Ah! Y medias de seda.
Ramos viajó con el grupo por cuenta de canal 7, el que lo trajo a tierras teutonas para que adobara algunas coberturas de Teletica con sus tan celebradas ocurrencias. Pero, para él, la expe-riencia iba a ser única: no solo sería su primera salida del continente, sino -como era el caso de la gran mayoría- asistiría también por primera vez a un Campeonato Mundial de Futbol ¡y a dos partidos de la Sele !
Primeros brindis. Ya sin equipaje pesado, de camino hacia las salas de abordaje, unos cuantos viajeros decidieron inaugurar sus vacaciones con un buen brindis y colmaron el único bar abierto a deshoras. una cerveza pequeña: $3,5; poco más de ¢1.800. Era otra forma -mucho menos entusiasta, eso sí- de sentirse ya en Europa sin salir aún del charco: los precios exorbitantes que se dejan cobrar en este negocio. más caros, incluso, que en la misma Alemania.
La salida, prevista para las 11:00 p. m., se retrasó una hora. En ese lapso, la mayoría terminó de romper el hielo, acercarse a sus vecinos y apreciar el Airbus A-330 que se erigía imponente tras las vidrieras ("¡Es un monstruo!", decían).
La espera, para algunos, se hizo más larga de la cuenta. Quizá por ello decidieron "inaugurar" las botellas de diversos licores que habían comprado en las tiendas de puerto libre "para llevar"... Al final "se las llevaron puestas".
De hecho, la sutil advertencia del capitán italiano, poco después de alzar vuelo: "Si tiene alcohol a bordo no lo tome" cayó en saco roto. Luego veremos por qué.
Ya entraditos en confianza, los más osados miembros de la ticada , aún sin despegar la aeronave, dirigieron sus ojos y sus piropos hacia Rafaela (no tardaron en descubrir su nombre en la placa de identificación que llevaba sobre el uniforme), una joven y bella sobrecargo, piel de bronce y ojos café, quien no pudo evitar sus sonrisas de turbación al escuchar, con impostadísimo acento italiano: "¡Rafaela, bella, bellísima! ¡Ti adoro, Rafaela!".
El momento romántico fue interrumpido por el avance de la inmensa aeronave de Lauda Air (propiedad de Nikki Lauda, famoso expiloto austriaco de Fórmula 1) y por una de las típicas salidas que, en adelante, ameni-zarían las eternas horas del viaje, junto con las consecuentes carcajadas: "¡Soque, soque, que la pista se acaba!".
Eso sí, el modo de ser respetuoso que caracteriza al tico se sintió cuando un miembro de la tripulación llamado Estéfano lanzó un baldecillo de agua fría sobre nuestro nacionalismo cuando espetó por los altavoces: "Les deseamos un feliz viaje desde San Juan (¡Puerto Rico!) a Hamburgo. ¡Bienvenidos!".
Estéfano -como comprobamos- ya tendría tiempo de sobra para purgar su pequeña afrenta.
A estas alturas, con todo el mundo sentadito, era más fácil determinar algunos rostros conocidos entre la concurrencia.
José Cortés (gerente de Destinostv.com y organizador del charter ) encabezaba la comitiva en primera clase, junto con Pilar Baeza y su hijo Mauricio. También viajaban don René Picado (Televisora de Costa Rica) con su esposa Gloriana Riba, sus hijos y su hermana, Paula, junto a su esposo Javier Prada y los hijos de ambos. Otros personajes a bordo fueron el exjugador, empresario y hoy comentarista de Zona Técnica, Víctor El Macho Acuña; Marco Antonio Chacón, expresidente del Motocross Nacional durante años, Marcos Tavor, propietario de la constructora Tavor Reymers, y Julián Burlage, gerente de la Mercedes Benz en Costa Rica, quien es originario de Alemania, vive desde hace 15 años en el país e iba acompañado de su pequeño hijo.
Pero el grueso de los pasajeros del "avión de los ticos" era gente de las zonas rurales: Turrialba, Juan Viñas, Aserrí, Guápiles, Paso Canoas, Grecia.
Llamativo fue el número de ticos (la mayoría hombres y una que otra mujer) que se lanzaron a esta aventura en solitario, seguros de que, ya en Alemania, se unirían a cualquiera de los grupos de amigos instantáneos que se forman por estos días.
Fue el caso de Antonio Alfaro, empresario de Grecia, quien comentó que, por un asunto laboral urgente, perdió otro tour que había contratado tiempo antes. A última hora decidió no perderse Alemania 2006 y halló como su mejor opción este vuelo. O la trabajadora social Laura Guadamuz Zúñiga, de San Pedro de Montes de Oca, quien dejó en Tiquicia a su esposo y sus tres hijos porque ninguno podía acompañarla y ella sentía que se merecía este viaje tras años de trabajo en la casa y la oficina.
Pero sin duda, uno de los casos más llamativos fue el de don Rafael Ángel Calderón Castro, propietario de una soda en Alajuela y quien se decidió apenas dos días antes de la partida, cuando ya todo estaba reservado. "Como a la 1 de la tarde del domingo, dos amigos me hablaron de este tour . Llamé a José Cortés y me dijo que no había campo, pero me vine esperando que, aunque fuera en el aeropuerto, alguien no llegara, y así fue". Efectivamente, a última hora hubo dos bajas por motivos de salud. De manera que don Rafael Ángel se convirtió en el último pasajero del primer vuelo charteado más largo en la historia de Costa Rica.
Cada vez más cerca. Con el avión de los ticos surcando los cielos en pos del Atlántico, comenzó el relajamiento.
La bienvenida, a cargo de Pilar Baeza, estuvo llena de mensajes de motivación que surtieron efecto, más cuando siguieron los temas alusivos a la Sele , videos incluidos, y los mensajes dirigidos a los ocupantes de este vuelo grabados por Alexandre Guimaraes y Álvaro Mesén.
Luego, como el postre de la cena (en la que por cierto no estuvieron presentes las "aguilitas" que alguna vez -se dijo- irían a bordo, pero sí cerveza alemana, como inducción), el Porcionzón pasó a la cabina de los pilotos a animar a los viajeros con sus chistes por el altavoz.
Ya antes, al ingresar a la aeronave, había alegrado el ambiente (como lo hizo cada vez que intervino) cuando pidió la palabra para decir ceremoniosamente: "Los de esta fila van a ver el volcán Poás.. ¡los de aquella se aguantan y lo ven cuando venimos de regreso!".
Después de la cena, Morfeo se adueñó de la mayor parte del avión. Con las luces apagadas y el efecto de una pastilla para la alergia que provoca somnolencia, quien escribe durmió por unas seis horas seguidas, al igual que la mayoría. Eso sí, tuve un despertar abrupto porque, al abrir los ojos me encontré, cara a cara, con la del Porcionzón , compañero de asiento de este periplo.
Más de uno bromeó después: "¡Con razón anda atontada, usted sabe lo que es despertarse y ver la cara del Porcionzón !".
Pero a la altura de las últimas tres horas del vuelo, el show se lo robó otro. Y la paz de muchos, también. Un vecino de Aserrí, a quien todo el mundo recordaba haber visto "muy alegre" desde varias horas antes del aterrizaje, al parecer se empinó, sin que nadie lo notara, una botella completa de whisky durante el viaje.
Esto ocasionó una explosión de chistes de todo tipo, que continuaron hasta que tocamos tierra, cuando Porcionzón anunció que atrás venía, amarrado, el representante de FANAL.
Pero, bueno, cuando la vista panorámica de Hamburgo estuvo a la orden, todo el mundo se olvidó del borrachito y empezó a prepararse para el aterrizaje.
El serio capitán italiano alborotó a la jauría en pleno descenso, cuando deseó por el altavoz, con inusitado entusiasmo: "Felices vacaciones ¡y mucha suerte en los partidos!".
Porcionzón hizo otro tanto cuando, al observar los magníficos muelles espetó: "¡Qué tuanis se ve Moín!". Otros gritaban: "¡Ahora sí, que suelten a Ecuador!". La emoción se desbordó con la misma potencia que bajó el tren de aterrizaje.
Y, gente, en serio: no saben el aplauso, el tan tradicional aplauso que antaño caracterizó los aterrizajes de Lacsa en el Santamaría, que soltamos todos al mo-mento de tocar tierra.
Y sí, a muchos se nos aguaron los ojos de nuevo. Especialmente con el grito de guerra: "¡Ahora sí, estamos en el Mundial!".