MAGIA,
belleza, poesía, esos son los tres ingredientes que la película El tigre y el dragón asume con calidad cinematográfica para exhibirse como una fábula lírica y elegante sobre el honor, el destino y el amor, mientras conjuga -en síntesis magistral- géneros tan dispares como el cine de artes marciales y el melodrama.
El tigre y el dragón, dirigida por el taiwanés Ang Lee, coproducción que reúne a tres países (China, Taiwán, Estados Unidos), es la adaptación del cuarto volumen (de una saga de cinco) de una novela escrita a inicios del siglo XX por Wang Du-lu, cuyo título puede traducirse como La espada verde.
Precisamente, Ang Lee pretende que El tigre y el dragón sea el primer filme de una trilogía sustentada por esa novela y por la larga tradición del género wuxia pian, nombre con el que se describe -desde la era de Confucio- a los héroes luchadores de reflejos rápidos, enorme velocidad y capacidad para volar (poderes denominados shen gong), caballeros del honor y de la justicia.
La película El tigre y el dragón asume -así- el sentido de lo fantástico de la tradición china, de ahí la exigencia coreográfica para sus distintas secuencias de acción, donde las artes marciales se exhiben con estilo mágico y con el mérito (enorme mérito) de estar al servicio del argumento, y nunca al revés (como sí sucede en las cintas más comerciales de artes marciales).
La filmación de El tigre y el dragón exigió un trabajo ardoroso en agilidad de los actores, mientras muchas secuencias los obligó al uso de cuerdas elásticas (dos por delante, dos por detrás) que los enganchaban a grúas y otras cuerdas para dar la sensación de liviandad y figurar vuelos en medio de peleas. Después, mediante ordenadores, se borró lo que había que borrar.
De esa manera, el filme de Ang Lee deslumbra, fascina, seduce, mientras narra dos historias de amor que convierten lo épico de la aventura en una resolución cargada de sentimientos muy íntimos: es una pieza de unidad dramática que se oxigena con la intensidad de los combates cuerpo a cuerpo y con las pasiones amorosas en juego.
Se trata de un mundo mítico y real -a la vez- de heroínas, héroes, brujas, bandidos y enamorados. Todo comienza con el robo de una espada (es la excusa que desencadena el conflicto: un "MacGuffin", como se dice en la jerga cinematográfica), y de ahí surge el universo poético, dramático, misterioso y vehemente de la película.
Con una filmación delicada, detallista, pictórica (de momentos inolvidables, como las peleas en las copas de los árboles y del bambú), El tigre y el dragón da creatividad visual a la leyenda, mientras las actuaciones excelentes de Chow Yun-Fat, Michelle Yeoh, Zhang Ziyi y Chang Chen hacen que el espectador se vea envuelto por la fantasía propia del wuxia pian.
Filme emotivo, armónico y bello: hay que verlo, y verlo otra vez.