Las bacterias que causan enfermedades en las personas estarán en serias dificultades si Juan Scott Chaves continúa con éxito sus investigaciones con nanotubos de carbono, unas estructuras pequeñísimas, decenas de veces más delgadas que un cabello.
Chaves es un ingeniero eléctrico con siete meses de trabajar en el Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), adonde llegó tras dejar su anterior puesto como profesor investigador de la Universidad de California, en Long Beach, Estados Unidos.
Durante sus años de trabajo en California, Chaves se especializó en nanotubos de carbono, estructuras creadas a partir del mismo elemento que forma el grafito.
Precisamente, la opción de tener antibióticos a partir de nanotubos de carbono nació tras buscar una mejor manera de producirlos, según explicó ayer Chaves a La Nación.
Una forma de elaborar estos pequeñísimos tubos es enrollar una lámina de átomos de carbono alrededor de una partícula de hierro y aplicar presión para que tome la forma de un tubo.
El problema es que, al retirar la partícula de hierro con químicos, como se hace tradicionalmente, se pueden dañar los nanotubos.
Tras realizar distintos experimentos con bacterias como las estafilococos, entre otras, ellos obtuvieron los resultados esperados: esas bacterias “se comen” los nanotubos y extraen de ellos el hierro, y así dejan estos tubos limpios y sin mayor daño.
La sorpresa vino cuando observaron lo que sucedía a las bacterias tras ingerir los nanotubos.
Lo primero que vieron fue que estas bacterias no estaban excretando ni procesando los nanotubos de ninguna manera y que, más bien, estaban desarrollando más de un flagelo, como un tipo de cola gracias a la cual la bacteria se moviliza en un organismo.
Eso, según el científico, significaba que la bacteria se estaba haciendo más pesada y necesitaba gastar más energía para movilizarse, lo cual, además, la debilitaba.
Pero la mayor sorpresa se presentó al observar a la bacteria tratar de dividirse, que es su manera de reproducirse.
“Los nanotubos se colocaron justo en el punto donde las bacterias se dividían, y así formaron una estructura que se lo impidió”, explicó Chaves.
El impedirles reproducirse se entiende como una función antibiótica. Aunque con este tipo de terapia no han sido tratados animales, menos humanos, Chaves tiene esperanzas en seguir avanzando en el tema.
La generación de nuevos antibióticos es un campo en que trabajan muchos científicos de distintos énfasis, pues su consumo indiscriminado por parte de la población ha ayudado a que muchas bacterias se vuelvan resistentes a los medicamentos ya desarrollados.
Por eso es tan importante la búsqueda de nuevos antibióticos que ataquen a las bacterias en forma hasta ahora desconocida.
Chaves dijo que en los próximos meses terminará la construcción del nuevo laboratorio de nanotecnología del TEC. En infraestructura y laboratorios, implicará para este centro una inversión de $1 millón. Cuando esté listo, Chaves espera concretar alianzas con los encargados del proyecto de cultivo de piel que también se desarrolla en el TEC, con el propósito de seguir avanzando en la implementación de los nanotubos de carbono como antibióticos.