Orlando Lizama
Washington, 25 jun (EFE).- Angel Maturino Reséndiz, un mexicano apodado "el asesino del ferrocarril", llegará a la última estación de su vida el próximo martes cuando sea ejecutado en Texas por uno de al menos una decena de homicidios que se le atribuyen.
Maturino Reséndiz, cuyos abogados afirman que está loco, sólo podría ser salvado por la Junta de Amnistía y Libertad bajo Palabra del estado, por el Tribunal Supremo de EEUU o por el gobernador Rick Perry.
Las posibilidades de que se libre del verdugo son escasas debido a que la ejecución está prevista en Texas, que encabeza la lista de los estados donde se aplica con mayor inclemencia la pena de muerte en Estados Unidos, según expertos judiciales.
Maturino Reséndiz, nacido en 1960 en Izúcar de Matamoros, en el estado de Puebla, perdió una batalla por eludir la pena de muerte la semana pasada cuando un juez dictaminó que está "mentalmente en condiciones" para ser ejecutado.
El homicida mexicano recibirá una combinación de sustancias letales en una prisión de Huntsville (Texas) por el asesinato de Claudia Benton, una estudiante de medicina de 39 años, perpetrado en Houston en diciembre de 1998.
Sus abogados han argumentado que delira y piensa que es mitad ángel y mitad hombre y, según los psiquiatras de la defensa, les ha anunciado que resucitará a los tres días de su ejecución y en el Oriente Medio, donde ayudará a los judíos a luchar contra los árabes.
"El sabe que ha sido acusado de asesinato con agravantes, que ha recibido la sentencia de muerte y que será ejecutado el martes", dijo el juez de distrito William Harmon al rechazar el alegato de demencia.
Jack Zimmerman, abogado del condenado, ha dicho que esa conclusión se contrapone a la exigencia de que quienes van a ser ejecutados deben estar conscientes de su suerte, algo que no ocurre con Maturino Reséndiz, según afirma.
El viernes pasado, el Gobierno de México pidió clemencia para el condenado a través de una carta dirigida a la Junta de Amnistía y Libertad bajo Palabra.
Por su parte, el canciller mexicano, Luis Ernesto Derbez, solicitó a Perry que interceda para suspender la ejecución.
Según la Cancillería mexicana, el castigo tendría que anularse porque tanto la ley de EEUU como la ley internacional señalan que las personas mentalmente perturbadas no deberían recibir la pena de muerte.
Además del homicidio de Benton, Maturino Reséndiz ha sido vinculado a al menos 15 asesinatos en los estados de Texas, California, Florida, Georgia, Kentucky e Illinois.
Las autoridades temen que el número sea de 24 y, posiblemente, más.
Maturino Reséndiz recibió el apodo del "asesino del ferrocarril" porque llevó a cabo la mayoría de sus ataques, entre 1997 y 1990, en las cercanías de vías ferroviarias, y porque se escondía en trenes de carga para viajar por el interior de Estados Unidos.
Sus métodos eran simples: Llegaba a una estación, se bajaba del tren e irrumpía en la casa más cercana para robar y matar a sus víctimas a las cuales generalmente sometía a abusos sexuales.
Terminada esa labor, abordaba otro tren de carga con un destino diferente, incluyendo lugares en Canadá y México, según las investigaciones.
John Douglas, un analista de la Oficina de Investigaciones Federales (FBI), ha dicho que Maturino Reséndiz era un "asesino desorganizado, un ratero" que mataba a golpes a gente inocente, muchas veces con una piedra o una barra de metal.
El fin de su historia criminal comenzó a mediados de 1999 cuando el FBI anunció que buscaba a un mexicano, identificado entonces como Rafael Ramírez, en relación con varios asesinatos.
Finalmente, después de una negociación con su hermana Manuela, fue arrestado en las cercanías de la ciudad fronteriza de El Paso (Texas).
En la serie de asesinatos que se le atribuyen están la muerte a golpes en 1997, en Kentucky, del estudiante Christopher Maier, cuando caminaba con su novia junto a una vía ferroviaria. La mujer fue violada y golpeada.
También la muerte en Texas en 1999 de George Morber Senior, de 80 años, y de Carolyn Frederick, de 52, a golpes de palo. La casa en que residían estaba a unos 100 metros de una línea ferroviaria.
El acusado también ha confesado el asesinato de Jesse Howell y Michael White, en Texas, y de Wendy VonHuben, en Florida. EFE
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