
Paquera, Puntarenas.
La pequeña iglesia de San Rafael de Paquera no existía hace 50 años, cuando doña Flory Denia Jiménez Espinoza y don Humberto Villalobos Castillo se dieron el “sí”.
Su unión matrimonial llegó al medio siglo y este fin de semana renovaron su votos en ese templo, ante vecinos de toda la comunidad que asistieron a la celebración de los queridos “abuelitos” de la comunidad.
La tarde del sábado anterior, día en que los esposos renovaron sus votos matrimoniales, no cabía un alma en la pequeña casa de oración.
A la iglesia ingresaron primero sus 17 hijos, 12 de ellas mujeres, que para la ocasión se vistieron de blanco. Allí estaban también sus 38 nietos.
Luego, lo hicieron los renovantes del sacramento conyugal. Junto a ellos, los mismos padrinos que medio siglo atrás los asistieron en aquella humilde boda, celebrada en Puntarenas. Sus amigos, y testigos de honor, fueron Teresa Ruiz, de 86 años, e Isaías Guerrero –próximo a cumplir 90 años quienes son vecinos de Nandayure, Guanacaste. “Ellos deben servir de ejemplo, porque hoy muchos dicen: ¿para qué casarse si de por sí rapidito uno se divorcia?”, reflexionó el sacerdote Juan Carlos Castañeda Rodríguez.
Luego de decir una vez más: “sí quiero”, la pareja agradeció la compañía de sus vecinos, quienes estaban ubicados en bancas de madera.
El fiestón
En las afueras de la iglesia, unos globos amarillos y blancos colgados de un frondoso árbol de higuerón alegraron el festejo. Los invitados participaron del brindis y degustaron el menú preparado para la ocasión: arroz, frijoles molidos, carne de cerdo, picadillo de palmito y de papaya.
La música del fiestón la puso el trío Los Complacientes de Cabo Blanco de Lepanto, que cantó conocidos boleros.
La pareja recordó que en su boda no hubo fiesta, ni tantos invitados. En aquella época tampoco había iglesia en Paquera, por lo que la boda se ofició en Puntarenas.
Humberto Villalobos es originario de San Ramón y es agricultor. Su esposa, doña Flory Jiménez, es de Orotina y siempre se ha dedicado a las labores domésticas.
Al mirar atrás, esa novia de 65 años –tenía 15 cuando se casó– contó el secreto que les ha permitido seguir juntos: “Con la ayuda de Dios hemos entendido que el matrimonio es 'hasta que la muerte nos separe'. Además, con tantos hijos, cada vez se hacía más grande la semilla del amor”, confiesa.
En Paquera, ambos han dado el ejemplo, no solo como pareja, sino también como vecinos que apoyan proyectos de bienestar social. Ellos también son guardianes de la historia oral de su comunidad y guardan infinidad de historias y anécdotas.