¿Será déficit atencional?
Hoy finalizo esta serie de columnas sobre el déficit atencional, que escribí para responder a varias inquietudes de educadores y padres, planteadas a lo largo de varios meses, con el propósito de que tengan información actualizada sobre el tema.
Hay tres tipos de déficit atencional: en unas personas predomina la desconcentración (son pasivas), pero ello no las hace impulsivas ni hiperactivas; en otras predominan la impulsividad y la hiperactividad, pero se concentran; los demás se desconcentran, son impulsivos e hiperactivos (mixto). Noten que la hiperactividad es parte de lo que llamamos déficit atencional.
Espero que con lo que he escrito en las cuatro columnas anteriores, hayan quedado claros lo importante del diagnóstico, el papel del docente como un primer filtro en ese diagnóstico, el por qué se requiere un profesional en psicología o medicina para confirmar el diagnóstico (ya que se puede confundir con algunos problemas psicológicos, psiquiátricos o neurológicos), y el modo de reconocer un caso de déficit atencional a partir de sus efectos en los estudios, tanto en la conducta en clase, como en la actitud hacia el estudio y los resultados de los exámenes.
Si bien me he ocupado de dar ejemplos de cómo la desconcentración, la impulsividad y la hiperactividad afectan los estudios, también debemos tomar en cuenta que ese impacto negativo sobre los estudios y sobre la conducta, hace a su vez que se afecte la autoestima, que se desarrollen cuadros de ansiedad y que dé problemas de manejo de límites.
El déficit atencional es una forma de desarrollo diferente en el que se pueden afectar la concentración, el control de impulsos y el nivel de actividad de la persona, sea niño, joven o adulto. Personalmente, no lo veo como una enfermedad. Es como ser derecho o zurdo: una diferencia de origen neurológico, pero que por sí sola no implica estar enfermo ni "que le cuesta el estudio".
Por esto, no hay motivo para que los padres se "echen a llorar" o se depriman cuando saben que sus hijos tienen déficit atencional; más bien, la mayoría se tranquiliza porque por fin comienza a tener sentido el comportamiento que ven en sus hijos y que no podían explicar. Tampoco hay motivo para que busquen un colegio "especial".
Al ser hereditario, el déficit atencional plantea situaciones que requieren un manejo cuidadoso por parte de los padres y educadores, porque detrás de un niño con déficit, hay un padre (o ambos) con déficit. Muchas veces vemos que el niño tiene un déficit "de película", y su mamá lo tiene "en Cinemascope, pantalla gigante y estéreo". Así, la maestra espera que los padres den seguimiento al trabajo escolar en la casa porque el niño es olvidadizo y está en tres cosas a la vez, pero la mamá o el papá pueden ser igual y nunca se da el seguimiento apropiado.
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