Naturalmente el adjetivo agresivo se sitúa siempre en este mismo contexto. El inglés, que tomó también del latín las voces aggression, aggressive , dotó a estos vocablos de un novedoso sentido figurado, meliorativo, que ennoblece y transforma el contenido de violencia de los conceptos originales. Efectivamente, aggressive , además de aggressing or inclined to aggress; starting fights or quarrels /que ataca o tiene inclinación a atacar; que provoca peleas o pendencias/, se aplica al individuo activo, emprendedor, animoso, audaz, dinámico, al hombre de acción, de empuje, de iniciativas y de empresa ( full of enterprise and iniciative; bold and active; pushing ).
Naturalmente, lo anterior es en inglés. En castellano no es posible dar a agresivo ese contenido semántico, por muy osado que se pretenda hacer el viraje tropológico.
Por eso estamos de acuerdo con la advertencia del académico Manuel Seco Reymundo ( Diccionario de dudas ): “El usar en nuestro idioma, por anglicismo, el adjetivo agresivo con el valor de activo, dinámico o emprendedor... no es recomendable”.
Pero, como he repetido hasta la saciedad, la Academia se está poniendo al día en el uso del español del siglo XXI. El Diccionario esencial de la lengua española , última obra lexicográfica de la RAE, que vio la luz en el 2006 y que tuvo como académico asesor precisamente al citado Manuel Seco Reymundo, presenta como acepción 4 de agresivo : “Que actúa con dinamismo, audacia y decisión, sin arredrarse. Ejecutivo agresivo. Empresa agresiva ”.