Más allá de cualquier significación que se pueda dar a Bartleby, el escribiente, enigmático relato de Herman Melville, magistralmente adaptado y puesto en escena por Alfredo Catania en el teatro de la Aduana, en el contacto directo con el montaje este espectador encontró una experiencia teatral de inmediatez visceral y perturbadora.
El cuento de Melville data de 1853, cuando el escritor se encontraba deprimido por al fracaso comercial y crítico de su novela Moby Dick , hoy considerada una de las grandes obras literarias de todos los tiempos. Relato y adaptación narran la paradójica relación que se establece entre un abogado de Wall Street y Bartleby, un excéntrico joven a quien da empleo como escribiente, o sea, oficinista que tiene la tarea de copiar o poner en limpio los escritos legales.
Para contento del patrón, el joven cumple meticulosamente con su trabajo, pero, un buen día, cuando el letrado le pide revisar un escrito, el amanuense responde lacónicamente “preferiría no hacerlo” y, de ahí en adelante, cualquier solicitud que se le hace recibe esa misma insólita respuesta.
Perplejo, el abogado no acierta cómo enfrentar la situación y sus esfuerzos por comprender y acomodarse a tan extraña actitud forman el núcleo de la trama.
En su sobriedad, la escenificación prescindió de toda espectacularidad o aparato: un escenario desvestido; muros y puertas marcados en el piso con cinta; el mínimo de mobiliario; negros y grises que envuelven la escena en un claroscuro monocromático, medio iluminada por dos hileras de lámparas colgantes, forman el escueto entorno y dejan al espectador completar el decorado idóneo con la imaginación.
Junto al ambiente, como director Catania centró el importe dramático de la puesta en los contrastes del juego histriónico entre la locuacidad, ajetreo y suficiencia del Abogado, personaje que él encarna con desenvoltura y dominio escénicos pasmosos, y el laconismo, letargo y retraimiento de Bartleby, representado por Andrea Catania con parquedad y sencillez ejemplares.
En retrospectiva, el relato podría verse como una especie de adelanto del teatro de lo absurdo, o más exactamente, el montaje de Alfredo Catania extrajo del cuento de Melville aquellos elementos que le permitieron emparentar la escenificación con el teatro de lo absurdo.
La puesta en escena de Alfredo Catania de Bartleby, el escribiente, relato de Herman Melville, en traducción de Jorge Luis Borges, que se presenta este fin de semana aún en el teatro de la Aduana, proporciona al público una hora del entretenimiento sugestivo e inteligente que es propio del mejor teatro.