De García Márquez, Crónica de una muerte anunciada ha tenido otras expresiones en el arte, con la conocida historia de Santiago Nasar, marcado por una muerte notificada y ante la cual nadie hace mucho para evitarla. El texto ha sido llevado al cine y a distintas versiones teatrales. Es cuando el teatro manifiesta una actitud parasitaria: al fin y al cabo, vivimos en una sociedad de intertextos.
Ahora, en nuestro medio, quien se atreve con un refrito escénico es el actor, director y profesor de teatro Carlos Salazar, parte del elenco del Coffee Tour de Café Britt.
Esta vez, con creatividad, Salazar figuró una puesta en imágenes conjugada con una en escena, sinergia entre el teatro y el cine, en este caso con el aporte de un buen audiovisual dirigido por Andrés Heindenreich.
La sintaxis resultante está tan orgánicamente entendida, que uno podría preguntarse si estamos ante un videofilme apoyado en teatro o si, más bien, sucede lo contrario.
Así que no solo hablamos de sinergia en este caso, con la acción de dos causas para producir un efecto mayor a ellas, sino también de sinestesia: la sensación positiva de una fórmula artística asociada al estímulo de otra: teatro y sétimo arte. El resultado es interesante. Es valioso. Maneja bien la trama y muy bien los elementos más significativos del argumento. Hay una composición coherente.
Incluso, no es necesario conocer el relato de García Márquez para entender lo que se muestra ante nosotros, con una pantalla al fondo y con tres actores en las tablas, quienes soportan su condición, básicamente, de narradores.
En pantalla aparece una cantidad grande de figurantes, con equilibrio histriónico, sin que destaque alguno innecesariamente y sin que dichos actores fallen con la encarnación de sus personajes. Entre actores y actrices, hablamos de más de quince. Es más irregular el trabajo de los tres histriones que tenemos al frente, en carne y hueso.
José Montero muestra intensidad, pero no siempre la sostiene con igual rigor, aunque (en general) podemos calificar de bueno su trabajo. Está mejor Luchy Pérez, decisiva en sus desdoblamientos, segura con sus parlamentos, de dicción esclarecedora y firme con su gestualidad. Caso aparte es el de Fabián Sales.
Este actor es una ruptura en lo orgánico de la puesta, porque se encarga de evidenciar la teatralidad de lo que vemos. Fabián Sales es Fabián Sales, como quien se mira en un espejo diciendo: “¡Qué buen actor soy!”; como quien graba su voz para oírse en deleite vanidoso. Es imposible no recordar a Narciso, figura de la mitología griega.
Aparte de este vacío, Crónica de una muerte anunciada , con excelente banda sonora, merece la atención de los gustosos del teatro y de los del mejor video. También la de quienes aplaudimos los esfuerzos por crear arte dentro del arte.