
Gustavo Sánchez
Quien dice que solo los ríos no se devuelven, está en lo cierto. Como ejemplo y después de algo más de nueve años sin hablarse, Roland Orzabal y Curt Smith anunciaron su regreso a los escenarios de la música como Tears For Fears.
En 2001, ambos músicos habían hecho las paces y retomaron aquel proyecto que comenzaron en el año de 1981 y que tantos éxitos les brindó alrededor del mundo entero.
El dúo británico regresó, y ahora da a luz a Everybody loves a happy ending , una recopilación de 14 temas con un sonido que definen como más guitarrero y orquestal.
Nueva creación. Everybody loves a happy ending se trata del cuarto disco en conjunto y el sexto de Tears For Fears. El álbum fue editado en Europa, específicamente en tierras españolas, el 22 de marzo del presente año.
El dúo se ha reunido de nuevo para crear un álbum en el que ellos mismos han escrito y producido cada uno de los temas desde que publicaran aquel lejano disco en 1989 titulado Seeds of Love .
Pero el grupo quiere hacer la fiesta en grande, por lo que apartir del presente mes presentará su nuevo proyecto en directo en una gira alrededor de Europa.
Tears for Fears se formó a principios de los años 80 y su primer gran éxito fue Mad World , que consiguió situarse en el número tres de las listas británicas, en 1982.
Pero aún así, los músicos nunca imaginaron el éxito que les esperaba. Songs from the big chair (1985) fue una verdadera locura internacional, con tres canciones - Everybody wants to rule the world, Shout, Head over heels - que los catapultó al mundo de la farándula-.
Luego del lanzamiento de dos exitosos álbumes más, vendría una larga espera para sus fans .
Después de un concierto benéfico en junio de 1990, Smith hizo las maletas y dejó Tears for Fears. Se mudó a Nueva York y continuó con su carrera en solitario.
Por su parte, y con Orzabal al timón de Tears for Fears, se publicaron tres discos más: Elemental (1993), Raoul and the kings of spain (1995) y Saturnine, martial and lunatic (1996), sin mayor impacto.
Reencuentro. Mientras Orzabal seguía con su proyecto en solitario, manifestó a los medios: "cada vez que iba a una compañía discográfica con algún tema me decían que estaba estupendo, pero me preguntaban que por qué no me volvía a juntar con Curt. Lo decían una y otra vez".
Luego del tiempo lo hicieron y el resultado está dentro de Everybody loves a happy ending ,un título que la pareja no pudo evitar ponerle al nuevo disco.
"Todo salió a pedir de boca. Empezamos a tocar las canciones hasta que las terminábamos, a veces en un solo día", comentó Curt.
Este trabajo es calificado por la crítica como fresco, colorista y contemporáneo, nada mal para un reencuentro. Ahora, más de una década después, sus integrantes consideran que el disco dará de que hablar, porque, como dicen: "dos lo hacen mejor que uno".