¿Ha visto usted la gigantesca escultura de Cristo, empotrada sobre una enorme roca, que se encuentra a 10 kilómetros de San Isidro de El General?
Independientemente de su respuesta, permítanos contarle que esa estatua fue "engendrada" por un artista que ha dedicado 65, de sus 82 años de edad, a la producción de figuras religiosas.

Se trata de Francisco Ulloa Báez, propietario del taller Ulloa, un rincón capitalino que se ha convertido en la "maternidad" donde han "nacido" muchas de las imágenes que se veneran en los templos católicos de nuestro país.
No es casual, entonces, que, conforme se acercaba la actual Semana Santa, la actividad creciera en este local, situado 100 metros al sur de la iglesia católica de Moravia.
Y es que los 18 empleados que trabajan en este taller, de lunes a viernes, de 7 a.m. a 6 p.m., han tenido que redoblar esfuerzos para satisfacer la demanda de tallas de fibra de vidrio alusivas a dicha celebración religiosa.
Las congregaciones de Barrio Pinto, San Rafael de Montes de Oca, Sarchí, San Pedro de Sarchí, Golfito, Escazú, Río Claro, Tamarindo y Tárcoles son algunas de las que estrenarán --en estos días-- figuras que han "nacido" en la imaginación de don Francisco.
Sin embargo, la clientela va más allá de nuestras fronteras. Prueba de ello, el Nazareno que adquirió una iglesia en David, Panamá; el Crucificado comprado por una comunidad de fieles en Carabobo, Venezuela, y el Resucitado que fue enviado a Honduras.
Imagen favorita
Consultado sobre cuál es la imagen favorita para festejar la Semana Mayor, Francisco Ulloa Royo, hijo del dueño del taller, explicó que, aunque la gente siempre busca las tradicionales tallas del Nazareno, San Pedro, la Dolorosa y San Juan, la predilecta ahora es la de Jesús Resucitado.
Dijo que esta preferencia ha ido creciendo en los últimos cinco años, debido a que, para la nueva liturgia de la Iglesia, es más importante celebrar la resurrección del Señor.
En este sentido, agregó, hace algunos años la escultura de Cristo crucificado era la más buscada.
Sean cuales sean los gustos de los clientes, Francisco hijo opina que las imágenes deben ser vistas como un instrumento para educar, inculcar valores espirituales, y no como un fin en sí mismas, como objetos de adoración.
Ligado a esto, narró una anécdota. Contó que hace unos años fabricaron una virgen para ser colocada en una gruta en Barva de Heredia.
"Alguien empezó a decir que la imagen se movía y que el escultor que la había hecho no tenía manos. A los pocos días llegó aquí un bus lleno de gente que quería conocer a mi papá, quien se molestó mucho con eso", manifestó.
Siempre dentro de este concepto, expresó que es importante tener presente que las esculturas religiosas "son básicamente artículos artísticos formados con materiales absolutamente inanimados.
"Es muy fácil hacer sudar o sangrar a una virgen. Basta con pintarla primero con aceite de oliva y luego con pintura de aceite."
Alumno de Povedano
Francisco hijo también explicó que los orígenes artísticos de su padre se remontan a la época de la infancia, en el taller de alfarería de un salvadoreño que frecuentaba para jugar con la arcilla.
No fue posible conversar con don Francisco Ulloa Báez, debido a que el día en que en fuimos a su taller, el martes pasado, él se encontraba en Puntarenas.
"Cuando tenía 12 años, papá ganó un concurso escultórico en la escuela Juan Rafael Mora, con una talla del Niño Jesús en el templo de Jerusalén. Gracias a eso, el ministro de Educación en ese año, Rogelio Sotela, le dio una beca para que estudiara con el escultor Tomás Povedano. Allí empezó todo", relató.
Posteriormente, tras ocho años de formación con dicho maestro, Ulloa Báez laboró en varios talleres de alfarería hasta que instaló su propio local en 1932, cerca del supermercado La Castellana, en el barrio Los Angeles.
De allí se trasladó a Moravia, en donde tuvo como empleadas a personas que luego destacaron en otros campos. Entre ellos, el humorista Olegario Mena, el exgerente de la Coca-Cola Allan Chacón y el desaparecido periodista Bosco Valverde.
Así dio sus primeros pasos esta "maternidad" donde "nació" la escultura del cristo que vigila el Valle de El General, una imagen de 10 metros de alto, fabricada en 1980 a pedido de monseñor Ignacio Trejos, de la diócesis de Pérez Zeledón.
En ese entonces, costó ¢95.000, según Ulloa Royo, quien administra este taller tan importante para la celebración de la Semana Santa en nuestro país.