Kabuk, Afganistán. El costo de entregar al dirigente terrorista Osama bin Laden a los Estados Unidos podría ser muy alto para los gobernantes talibanes de Afganistán. Pero el precio de continuar protegiéndolo podría ser mucho mayor.
De cualquier forma, esta es una situación en la que los talibanes, una milicia rígidamente islámica que gobierna la mayor parte de este país devastado por más de dos décadas de guerra, no tienen las de ganar, sin importar su decisión.
No hace mucho tiempo, el poco visible dirigente de los talibanes, el mullah Mohammed Omar, dijo que entregar a Bin Laden a Estados Unidos equivaldría a traicionar al Islam, algo imposible para un movimiento cuya existencia está basada en su imagen como puristas islámicos.
Desde un punto de vista más práctico, el entregar a Bin Laden significaría el suicidio militar para los talibanes, que tienen varios frentes de batalla en el norte de Kabul, donde miles de sus aliados árabes y guerrilleros islámicos de naciones como Uzbekistán, Pakistán y la secesionista república rusa de Chechenia combaten contra una alianza anti-talibanes.
Luego de dos décadas de combates, los afganos han empezado a perder el interés en el arte de la guerra, lo cual ha incrementado la dependencia de los talibanes hacia sus aliados, a los cuales califica como ``invitados''.
Los ``invitados'', de acuerdo con un observador internacional que formó parte del grupo de extranjeros evacuados el jueves, son unos 6.000.
``Los tienen para el combate. Van y vienen todo el tiempo'', dijo un funcionario talibán que pidió no ser identificado.
Si los talibanes entregan a Bin Laden a Estados Unidos desaparecería entonces toda la ayuda extranjera, incluida los soldados, dejándolos completamente aislados no solamente entre sus aliados islamistas, sino en la comunidad internacional.
Pero al no entregarlo se arriesgan a una acción militar estadounidense.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, Editora nacion.com Fuente: agencias.