París. El suicidio de Mireille Jospin, la madre del exprimer ministro francés Lionel Jospin, y la petición de un joven tetrapléjico al presidente francés, Jacques Chirac, de que le autorice a morir ha reabierto el debate de la eutanasia en Francia.
"Señor presidente, usted es mi última oportunidad...". Así comienza la carta remitida a Jacques Chirac por Vincent Humbert, de 21 años, tetrapléjico, mudo y ciego desde que hace dos años tuvo un accidente de tráfico, y que reivindica su derecho a morir.
Esta misiva ha conmovido a la sociedad francesa y al jefe del Estado francés, quien en las raras ocasiones en las que se ha expresado sobre la eutanasia ha defendido el "respeto a la vida".
Mireille Jospin-Dandieu "ha decidido, en la serenidad, quitarse la vida a los 92 años, el 6 de diciembre de 2002", precisaba la esquela aparecida en el vespertino "Le Monde" dos días más tarde.
Miembro de la Asociación por el derecho a morir dignamente (ADMD), Mireille Jospin dirigió su última carta, redactada antes de suicidarse, a "la ADMD. A todos y a todas":
" 92 años, ya ha llegado el momento de irme antes de que los deterioros se instalen! Me voy de esta vida, serena. No obstante, estoy muy triste por tener que dejar a los míos, grandes y pequeños, a los que aún están por llegar, a mis amigos, pero no es lo normal?", escribió la madre de Jospin.
Pese "a no ser creyente, en el sentido estricto del término", Mireille Jospin daba " gracias, gracias a la grandeza del mundo!" y a su marido e hijos por haberle regalado tantas flores a lo largo de su vida, ya que "ellas me han servido de espejo de la existencia: eclosión, alegría, ajamiento, periodos más o menos largos, pero idénticos, imagen de toda una vida".
Dos misivas casi simultáneas en el tiempo y que han tocado la sensibilidad y las conciencias de los franceses frente al tema, frecuentemente tabú, de la muerte.
Vincent Humbert, el joven normando tetráplejico, al contrario que Mireille Jospin, ha pedido permiso para irse, ya que su situación -sólo tiene una leve movilidad en un pulgar- le impide quitarse la vida sin ayuda.
Esta petición individual se inscribe en el marco de un debate cada vez más intenso en Francia, en el que se mezclan la moral, la responsabilidad política, la conciencia personal y las convicciones religiosas.
El envejecimiento de la población, el ateísmo creciente y la legalización de estas prácticas, aunque bajo un estricto control, en algunos países europeos, como Bélgica y Holanda, han contribuido a que el campo de los partidarios de la eutanasia aumente en Francia.
La ADMD, con 20.000 miembros, no milita por la ayuda o incitación al suicidio, sino por una modificación de la ley que despenalice la eutanasia y clama por una ayuda medicalizada para morir.
Los miembros de la ADMD escriben un testamento "de vida", en el que rechazan expresamente el "ensañamiento terapéutico para prolongar de forma abusiva" sus vidas y reclaman que "como último recurso se les procure la eutanasia, es decir, una muerte dulce".
Según un sondeo reciente, el 50 por ciento de los franceses están en contra de que se persiga judicialmente a los médicos que practiquen la eutanasia.
Al contrario que su predecesor (Bernard Kouchner), el actual ministro de Sanidad, Jean-Francois Mattei, se ha manifestado en contra de que se autorice por ley "a un hombre a matar a otro", ya que empujar esa puerta puede dar paso a barbaridades.
Los detractores de la eutanasia recuerdan que los regímenes totalitarios, como el nazismo, empezaron su locura de exterminio autorizando la eutanasia.
Edición periodística: Gerardo González y Juan Fernando Lara . Fuente: agencias.