No parece, pero Suha Azar viene llegando de una catástrofe reciente. “Durante la guerra, todo se paralizó”, relata esta bailarina de 26 años, a propósito del más reciente conflicto en su país de origen, Líbano, donde llovieron bombas israelíes durante buena parte del 2006.
“No había manera de salir del país hasta que reconstruyeran el aeropuerto. Tenía obligaciones en Inglaterra y París y no había forma de salir. Cuando pude hacerlo, me fui a Washington y Santiago de Chile, pero decidí cancelar las otras giras que tenía previstas para la primavera y quedarme en Costa Rica, adonde tenía familia. No conocía y he disfrutado mucho de la tranquilidad y el ritmo de vida relajado que hay aquí; era la medicina que necesitaba después de la guerra”.
Afortunadamente, la guerra paralizó solo una parte pues Suha, desbordante como una diva y plantada sobre unos tacones que la elevan más allá del metro ochenta, despliega una personalidad brillante y cautivadora, que difícilmente se acomodaría por mucho tiempo a la tragedia.
“Además, mi trabajo requiere de tanto viaje que pensé que necesitaba un descanso”, dice. “Soy bailarina de tercera generación. Mi abuela y mi madre eran intérpretes en Líbano. Mi madre fue la bailarina principal del un grupo de bailes folclóricos de la Universidad Libanesa-Americana”, cuenta.
“La música y la danza siempre han sido parte de mi vida. Bailo prácticamente desde que aprendí a caminar. Fui a la universidad, donde estudié producción de televisión, pero finalmente me decidí por la danza, que fue mi primer amor”.
Por esas fechas, Suha Azar recién superaba los 20 años, sin embargo, tenía una nueva determinación y se convirtió en una de la principales responsables de que las danzas orientales entraran en los créditos de la Universidad de Kaslik, en Líbano. Sin embargo, Suha, que es bailarina, no baila: ella es coreógrafa e instructora.
“Como bailarina, se necesitan lugares de trabajo respetables, y no abundan”, dice. “Además, soy la única persona que enseña este estilo de danza auténtica de la época dorada de la danza del vientre y me llaman de todo el mundo para entrenar profesoras y bailarinas. Creo que sirvo mucho más de esta manera que bailando pues la educación en la danza del vientre es muy necesaria”, sentencia.
Arte VS Industria. La carrera pedagógica internacional de Suha empezó hace dos años, cuando la invitaron por primera vez a Grecia a dictar un par de talleres.
“Tenía buena reputación en Líbano y comenzaron a contratarme organizaciones, maestras y productores de talleres en otros países”, relata. “Mi primera experiencia fue en Atenas y estuvo dirigida a bailarinas y profesoras. Estas clases, que se conocen como clases maestras , fueron tan exitosas que comenzaron a contratarme muy seguido”, cuenta Suha, quien antes de llegar a Costa Rica había pasado por Estados Unidos y Chile y quien, por voluntad propia, decidió cancelar citas en París y Asia.
Suha hace hincapié en la responsabilidad de su trabajo –del trabajo de cualquier artista– y, cuando le digo que me resulta extraño que en Líbano tuvieran nivel universitario las danzas occidentales por encima de las orientales, ella me cuenta la historia reciente de su país a partir de lo que sabe de la danza, de su historia y de sí misma.
“En Líbano hubo un apogeo de las danzas orientales en los años 40 y 50: es la época dorada del belly dance y de todas las artes orientales; también fue la época dorada del cine árabe. Todo este periodo empezó a declinar en las décadas siguientes: en Líbano por la guerra y en Egipto por el surgimiento de los movimientos fundamentalistas islámicos. Después de la guerra, en la década del 70, Líbano comenzó a dominar la cultura pop del mundo árabe. Esta industria del entretenimiento es producida principalmente para los países del Golfo Pérsico, los más ricos y también los más conservadores e hipócritas”.
“La industria del entretenimiento se enfoca hacia donde está el dinero y el dinero está en los países del Golfo”, continúa. “Líbano es el país árabe más liberal con respecto a las libertades sexuales, a la mujer, etc. Cuando tienes la combinación de una economía muy pobre rodeada de países muy poderosos económicamente, pero muy reprimidos sexualmente, la explotación sexual y de todo tipo sobre el país más pobre es inevitable”, dice Suha, con total dominio.
“El entretenimiento está en alza y el arte cada vez peor”, se lamenta Suha quien, por encima de cualquier cosa, sabe que es una artista y no una vedette . “Se vende todo lo que el dinero pueda comprar. En general, la industria del entretenimiento en Líbano es la cubierta de otro asunto, que es la prostitución. Un productor me ofreció un contrato para lo que yo pensé que sería una audición para un teatro. Me dijo: ¿Por qué no canta y se convierte en cantante? . Yo le respondí que yo no era cantante, y me fui. Pero es una realidad, porque las chicas pueden ganar miles de dólares en una noche, en fiestas privadas”.
Danzarse. Suha sabe que tiene toda la vida por delante, y no tiene prisa. Su paso por Costa Rica está actuando solo en un sentido y ella sabe lo que le conviene.
“Por ahora todos los planes están suspendidos”, dice. “Antes de la guerra me habían prometido un programa de televisión. Cuatro días después de regresar del taller en Grecia estalló la guerra y todo se detuvo. Por ahora, la principal razón para quedarme es simplemente descansar”, agrega.
Además, Suha no necesita decir cuánto le gusta compartir lo que sabe, porque eso se nota: basta con verla conversar, porque Suha también conversa con las manos.
“Las auténticas danzas orientales son una expresión cultural, inspiradas por nuestra música, que tiene ritmos únicos y cuya escala musical es totalmente diferente, pues tiene cuartos de tono y muchos tonos intermedios . Todas estas inflexiones se manifiestan en el cuerpo y en las manos a la hora de bailar”, explica. “El baile occidental es muy óseo, impulsado por el esqueleto, mientras que la danza árabe está impulsada por los músculos. Nuestra danza usa los músculos internos que generalmente se trabajan en yoga para impulsar cada movimiento”, agrega.
“La orquestación oriental es un excelente guion para las danzas emotivas; hay un llamado y una respuesta entre los instrumentos. Como hay muchos instrumentos sonando, la bailarina tiene que tenerlos presentes a todos. Así como la música es rica en instrumentos la danza es rica en movimientos. Uno no baila en el vacío: la danza es la expresión física de la música”, dice Suha.
Y por qué siendo una danza tan particular culturalmente puede ser universal , le pregunto. “Es recíproco”, dice ella. “Es como cualquier otro estilo de danza. En Oriente Medio también se baila jazz o ballet. Las danzas orientales y la música tienen un atractivo sensual y por esto mismo se convierte en una de las formas de baile más abusadas y malinterpretadas de la danza. El bellydance debe ser elegante, femenino y seductor. La seducción es una exploración de todos los aspectos de la personalidad de una mujer y no solo sacudir el trasero. La seducción está en lo que es insinuado y nunca en lo que es explícito”.