NACIDA EN EL BRONX y camarera en un lujoso hotel de Manhattan, Marisa Ventura mantiene su belleza de mujer latina, a quien puede sucederle cualquier aventura, incluida la del amor, tal y como lo vemos en la película Sueño de amor (2002), dirigida por Wayne Wang, el de El club de la buena estrella (1993).
Marisa es madre soltera, porque su contundente atractivo físico alguna huella ha de dejar. Su hijo se llama Ty, y tiene diez años. Un fin de semana (hecho para las coincidencias) Marisa se lleva a Ty al hotel y lo deja por ahí, al cuido de una compañera, mientras ella sigue limpiando habitaciones con su compañera Stephanie.
Todo ha de ir bien, hasta que llega la travesura que lleva al conflicto: Marisa, "carboneada" por su compañera, decide probarse una ropa de lujo de una huésped del hotel llamada Caroline. Es un acto de frivolidad que muchos se dan en algún momento, pero peligroso para una mucama de un hotel.
Mientras tanto, Ty se da una vuelta por el hotel y, en el ascensor, conoce a un político galán, como sacado de un cuento de hadas (en lugar del príncipe tradicional). Es un soltero que busca ser senador, llamado Christopher Marshall, quien está en una lujosa habitación del hotel y lleva a Rufo, su perro, a caminar.
Ya ustedes pueden imaginarse lo que sucede: el político invita al niño al paseo perruno; el chiquillo busca a su madre para pedirle permiso; la madre todavía anda sin uniforme y vestida con ropa ajena; el candidato a senador la ve y se siente atraído por ella sin saber que es una empleada del hotel, por lo que la invita a salir, y listo...
¡Claro que todo se enreda más! Sobre todo cuando aparece la hermosa dueña de la ropa (recuerden que se llama Caroline), por lo que hay un cruce de amores casi imposible de corregir, un choque de intereses muy difícil de resolver, una carrera política en peligro, un romance que se sacrifica por una opción política, y más, y más.
Por supuesto, aparecen los reporteros de espectáculos dispuestos (como siempre) al escándalo de primera página, mientras los sueños de amor se distancian de una realidad que ni la Cenicienta del famoso cuento de Perrault hubiera querido para ella.
El filme es poco original (recuerden Mujer bonita, 1990, de Garry Marshall), pero -ahora- el director Wayne Wang maneja la trama con cuidado, sin aburrir y apoyándose en la pareja histriónica: Jennifer López (Marisa) y Ralph Fiennes (Christopher) para hacernos creer un cuento de telenovela: que las mujeres pobres, si son hermosas, siempre tendrán nupcias de altura económica. ¡Cuestión de probarse el zapatito ceniciento con un poco de sexo!.