TODAS LAS ALMAS DE la noche están abajo, en el primer piso, pero ya sentados en aquella terraza. ¿Quién querría bajarse de allí?
Suburbia no es la gran cosa; es la pequeña cosa: un salón de madera con unas cuantas mesas, una pequeñísima barra y un balcón metálico donde también hay varias mesas para cuatro y pequeños vasitos disfrazados de enormes candelas.
Algunas parejas conversan en los rincones, y la música de algún playback de fondo flota en el ambiente, desde Aterciopelados hasta Carlos Vives. No es fin de semana y, ante la ausencia de multitudes y escándalos, nadie hace el intento de ponerse a bailar.
Es miércoles, y cualquier hora sería demasiado temprana para empezar a tomarse las cosas muy en serio, así que, humildemente, pedimos una ronda de cervezas en promoción. En realidad, las cervezas cuestan como en otros lugares, pero tomárselas con ese gusto a promoción las hace más refrescantes.
Un examen exhaustivo del menú de bocas nos lleva a pedir un plato surtido y, como sabemos que va a tardar, adelantamos el pedido con unos dados de queso y unos chiles jalapeños rellenos. Los que se declaraban incapaces de morder un jalapeño terminan con la boca enchilada y con ganas de más.
La noche comienza a fluir, y todos a poner de nuestra parte. De nuevo, se cumple la ley de que el ambiente comienza por casa, lo que es como decir: por la propia mesa.
Con un poco más de curiosidad, habríamos descubierto que Suburbia tenía otros secretos que sólo descubrimos después: aquí, las cervezas no son un tema secundario.
En Suburbia, la cerveza es la especialidad. Ofrecen cervezas alemanas, danesas, irlandesas, holandesas y japonesas, y también tientan con cerveza de barril -Lager y Pilsener-, la cual distribuyen en jarra, pichel o media yarda. Las cervezas de esta última son fabricadas en el país por K&S, pero con tecnología alemana.
Noche con fermento
Finalmente, el plato surtido corona nuestra mesa. Es para cuatro, pero comemos cinco. Apios, mayonesas, pollo con tabasco, aros de cebolla, chiles jalapeños, queso, lechuga y papas fritas constituyen los principales atractivos de ese antojo. Y cierto es que, frente a una buena bandeja de comida, cualquier conversación se pone espléndida.
En un acto reflejo, redoblamos la provisión de cervezas, con las cuales llegaremos hasta el final de este relato. Nuevamente, la ignorancia nos lleva a pedir de las cervezas locales que están en promoción y no de las importadas que se mueren de frío en el congelador, completamente inadvertidas.
Desde que abrió sus puertas, el pasado 24 de abril, Suburbia ha ido ampliando poco a poco los gustos cerveceros de la zona, tan acostumbrada como nosotros a la levadura nacional. El desquite será la próxima vez -porque habrá una próxima vez-.
Mientras tanto, el balcón o la terraza en la que estamos subidos permite un ambicioso campo de visión. No es que los carros y el parqueo sean un paisaje estimulante, pero también quedan el cielo y el aire nocturno, que es donde miramos.
De vez en cuando nos da por averiguar quién llega o quién se va, hasta que nos damos cuenta de que, estando a mitad de la semana, los que nos vamos a dormir somos nosotros.