Los dos caminan orgullosos hacia la casa con una canasta llena de chiles, tomates, zanahorias, rábanos, albahaca y orégano, que ellos mismos sembraron. En esa canasta, madre e hijo llevan vitaminas, minerales, ingredientes para una comida sana, sin químicos, y bastantes colones que economizaron.
La mayoría de las familias costarricenses, como esta familia Pérez, de Heredia, tiene un patio. Con el tiempo y el proceso de urbanización este espacio se ha achicado, pero aún así, es ideal para producir con fines de autoconsumo.
En siglos pasados los castillos, monasterios y las mansiones de reyes tenían jardines que eran, principalmente, símbolos de estatus. Además tenían dos funciones: el autoabastecimiento y el intercambio.
En nuestros días, además de esas dos funciones, los huertos tienen gran importancia económica, nutricional y cultural.
Según la investigación Homegardening International Development, realizada por el estadounidense L. Broownrigg, desde el punto de vista económico el 20 por ciento de la alimentación familiar se puede cubrir mediante la producción en huertos.
En el aspecto nutricional, los huertos pueden aportar entre el 15 y el 30 por ciento de los requerimientos en proteínas y vitaminas, y hasta 40 por ciento de las calorías, señala este experto, citado por Norman Price, científico del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE), en su libro Los huertos tropicales mixtos, de 1989.
Las hortalizas son la base de una dieta sana. Según Broownrigg, una familia de tres personas debería comer por lo menos un kilo por día.
Otra ventaja de aprovechar el patio de casa es que los excedentes pueden representar un aporte adicional a la economía hogareña. Por ejemplo, en la feria del agricultor de San Carlos, hasta un 15 por ciento de los productos que se venden provienen de este sistema de producción.
"Tener mi propia cosecha de hortalizas es maravilloso, además de que me ahorro los ¢80 que puede costar una lechuga o los ¢60 que vale un chile, hay una ventaja adicional: siempre están disponibles", afirmó Rossana Lok, experta en huertos caseros del CATIE.
"Además de crear un espacio de autoabastecimiento, es una actividad enriquecedora. Me siento viva al recoger los frutos que yo misma sembré, enseño a mis hijos a valorar la tierra y cuidarla, y si a alguno de la familia se le antoja una ensalada, solamente voy al patio y traigo los ingredientes", agrega.
Manos a la obra
Para hacer su propia huerta no necesita de un gran lote, basta una maceta o una caja de madera con algunos orificios en el fondo, o un patiecito pequeño.
"Un espacio ideal sería de medio metro a dos metros y medio ", dice Lok.
Lo primero es crear un semillero, -lugar donde germinan las semillas-, que esté expuesto al sol y que se encuentre libre de malezas.
Los semilleros se hacen de tres maneras: se compra una bandeja de germinación plástica (valen de ¢200 a ¢550 ); se puede llenar una caja de cartón con tierra, o se pueden hacer eras de diez a 20 centímetros de altura sobre el nivel del suelo.
La tierra se debe preparar muy bien, para obtener mejores resultados. "Muchas personas le ponen cáscaras de huevo y hojas de poró; yo también incluyo cáscaras de otras verduras y de maní que, mezcladas con tierra suelta, se convierten en el mejor abono que existe", comentó Milagro Barrantes, quien tiene su propia huerta casera, desde hace nueve años, en San Joaquín de Flores.
Ya listo el terreno, es hora de buscar las semillas. En los viveros, ferreterías, cooperativas y otros establecimientos se pueden encontrar. Las venden en sobrecitos y valen entre ¢115 y ¢425 cada uno.
"En el mismo sobre se encuentran las instrucciones de siembra, pero si tiene alguna duda, consulte al vendedor", recomienda Barrantes.
Si es la primera vez que va a sembrar, se aconseja que lo intente con hortalizas sencillas de cultivar y que nazcan rápido, como por ejemplo: culantro y rábano (en 22 días están listos para el consumo), o zanahoria y lechuga (que demoran un mes).
"Con el clima del Valle Central, se recomienda sembrar col china, vainicas, culantro y chile, porque estos cultivos no son muy delicados", dice Lok, la especialista del Catie.
La siembra se hace en el semillero, allí germinan y luego se trasplantan al lugar definitivo, cuando tienen unos seis centímetros de alto.
Una vez que esta lista la huerta, hay que proveerle ciertos cuidados.
La lluvia no debe caer directamente, porque puede lavar las semillas y la tierra. Las sombras ayudan a crear un microclima, de acuerdo a la necesidad de cada hortaliza. Por ejemplo, es más conveniente sembrar los tomates bajo una sombra para que les de el sol y no la lluvia.
En climas secos se debe regar todos los días con una manguerita de aspersión, de modo que la planta no reciba mucha presión. El suelo debe quedar húmedo, no encharcado.
Los insectos son otro enemigo. Para combatirlos se puede recurrir a la siembra de plantas medicinales en los extremos de la huerta. "Además de los cientos de beneficios que nos dan estas plantas, son también repelentes de insectos", asegura Barrantes.
Por otro lado, la diversidad de especies en la huerta limita las plagas, en especial las de insectos, bacterias y hongos.
"Tener una huerta con variedad de hortalizas, aleja los depredadores, además le da un aspecto de pequeño paraíso terrenal ", asegura Barrantes.
Consejos terrenales
Procure no utilizar semillas muy viejas porque esto disminuye su capacidad de germinación.
Proteja las plantas pequeñas del sol y la lluvia directa, por medio de cobertores de plástico, colocados a poca distancia del suelo.
Si tiene plagas de hormigas, puede combatirlas echándoles agua hirviendo en los túneles o quemándolos con gasolina.
La planta conocida como "Flor de muerto" aleja a los insectos.
Para eliminar malezas se puede: arrancar manualmente, aporcar (eliminar únicamente las malezas de los alrededores) o sembrar especies rastreras útiles, que crezcan muy rápidamente y compitan con las malezas (el ayote y el pepino).
El mejor momento para regar los cultivos son las primeras horas del día. En ese momento las pérdidas por evaporación debido a la luz solar son menores que las que ocurren cuando el sol calienta más.
Si el espacio en el que va a cultivar es muy reducido, por ejemplo, una maceta, se recomienda sembrar plantas de hoja como el culantro, la mostaza y la espinaca.
Para especies trepadoras como el chayote o el maracuyá se deben aprovechar las tapias, cercas o árboles existentes como soportes.
En medio de las eras se deben hacer canales para que el exceso de agua no dañe los cultivos.
Fuente: Libro Guía para el establecimiento y mantenimientos de huertos mixtos tropicales, Rossana Lok, experta en huertos caseros del Catie y autora del libro Huertos Caseros Tradicionales de América Central, y Milagro Barrantes, agricultora.