Berlín. EFE La World Orquestra for Peace (Orquesta Mundial por la Paz), formación que reúne esporádicamente a músicos de distintas áreas para tocar por la paz -ahora bajo la batuta de Valery Gergiev- viajó a Moscú tras una exitosa presentación en la capital alemana.
El concierto en Berlín fue el segundo de la gira que Gergiev -en colaboración con la viuda de Georg Solti, Valerie- organizó de forma excepcional para celebrar el décimo aniversario de la realización del sueño del director húngaro: reunir a los mejores, por la paz.
La gira arrancó el pasado día 27 de setiembre en el Royal Albert Hall de Londres, un día después tocaron en Berlín, hoy lo harán en Moscú y el 2 de setiembre en la Ciudad Prohibida de Pekín.
"No ha sido fácil organizar la gira, con la que recordamos al impulsor de este proyecto, y celebrar nuestros primeros diez años, pues todos tenemos muchos compromisos", declaró Gergiev, quien al frente de 130 especialistas, que no siempre son los mismos, arrancó el domingo en la Filarmónica de Berlín una ovación tan prolongada que la orquesta se vio obligada a estirar la velada con dos bises .
Sueño musical. En esta década, la World Orchestra for Peace solo se ha reunido en cuatro ocasiones: en 1995, en Ginebra, con motivo del quincuagésimo aniversario de la fundación de la ONU; para la inauguración de la nueva sede del festival de Baden-Baden, en 1998; para una grabación con la BBC de Londres, en el 2000, y para el Festival de Pascua de San Petersburgo y Moscú , en el 2003.
Para esta quinta ocasión, Gergiev y sus músicos, en su mayoría primeros solistas y maestros concertantes -especialmente en la sección de cuerda- se confeccionó un programa con algunas de las piezas más queridas de Georg Solti que confirma, a su vez, la vocación global de una orquesta multicultural, como la propia música.
Del compositor italiano Rossini se eligió la obertura de Guillermo Tell ; de Claude Debussy el Preludio a la siesta de un fauno ; de Esa Pekka Salonen Helix ; de Richard Wagner el primer acto de Los maestros cantores de Nuremberg y, tras la pausa, la Scheherazade , del maestro ruso Nicolai Rimsky-Korsakov.
Gergiev y sus músicos se ganaron al público que asistió a ese único concierto en la Filarmónica desde el primer momento, y no sólo eso, la satisfacción de la orquesta para con el director al concluir la obertura de Guillermo Tell fue tan notoria que los propios músicos dejaron al lado sus instrumentos y se sumaron a los aplausos.
Y es que Valery Gergiev "tiene algo demoníaco dentro de sí, que puede incluso hacerle parecer arrogante. Lleva en sí una especie de demonio que le empuja a exprimir al máximo a los músicos y como por embrujo logra que estos den todo lo que llevan dentro con el único propósito de hacerle feliz", declaró Julia Becker, primer violín.
Gergiev sonrió anoche y sus músicos, entre ellos Becker, que acudió al concierto con un Stradivarius que perteneció a Nicolo Paganini, lo hizo con él, en perfecta comunión con sus compañeros, entre los que asegura que no hay rivalidad porque "cuando nos reunimos lo hacemos por placer, y hay rotación en los pasajes destacados".
La orquesta actúa hoy en Moscú, ciudad en la que Gergiev nació en 1953, en el seno de una familia de Osetia, y donde trabaja, pese a sus largas estancias en el extranjero, para devolver al país la riqueza cultural que rezumaba la antigua Unión Soviética y por la paz, siempre mediante la música.
"Lucho contra la pobreza cultural, por hacer llegar la música al mayor número de personas", dijo en Berlín el maestro ruso, que criticó lo grisáceo que se ha vuelto el panorama cultural en su país .