Este fin de semana, quien diga Centroamérica estará diciendo música. Esta región suena al unísono desde ayer y hasta el domingo en el concierto Burumbum que se realiza estos días en el Auditorio Nacional del Museo de los Niños.
En él, 23 músicos unen talento e instrumentos. "Es una oportunidad histórica y los resultados son fantásticos", aseguró Bordda David Obi, compositor beliceño creador del kungo music .
David Obi, como su compatriota Mohobub Flores y los hondureños Norales Dombo y Guayo Cedeño pertenecen a las comunidades garífunas y, en esta ocasión fusionan sus ritmos y tradiciones con las marimbas nicaragüenses, los tambores de barro de Guatemala, los bajos salvadoreños, la décima, la saloma y el acordeón panameño y el piano del tico Manuel Obregón.
"En nuestras comunidades todos intentamos ser músicos. Desde pequeños tocamos y fabricamos tambores. Los mejores son los de marañón o los de aguacate. También hacemos carambas, (un instrumento similar al birimbao brasileño) y flautas tavancas que reproducen los sonidos de los animales. Además, vaciamos caracoles y tortugas", explicó Norales Dombo.
Con estos y muchos otros instrumentos que pueden apreciarse en Burumbum, los artistas celebran los ritos y los bailes de una tierra con historia.
"Centroamérica es una región muy rica. Hay danzas y ritmos únicos, mezcla de lo antillano, lo africano y lo indígena, lo tradicional y lo moderno. El kungo , el bruk down , y el punta rock son solo algunos ejemplos", expresó David Obi.
¿Globalización?
Los garífunas afirman que, en su comunidad, la globalización no se siente. Sus formas al vestir han cambiado, pero sus danzas, cánticos y arte culinario permanecen casi intactos y más bien han influenciado en las formas diarias del vivir.
"En Honduras, los primeros lugares de audiencia en la radio los ocupan puntas y jungujungus garífunas. Una de las bebidas que más se consume es el guifity , un trago medicinal que, actualmente, se mezcla con licor", comentó Cedeño.
De hecho, él y Norales Dombo apenas dan abasto tocando en recitales, bodas y hasta cumpleaños.
"La punta, con sus toques electrizantes de tambores, sus movimientos y cantos se tocaba sobre todo en los velorios y novenarios de nuestra gente. Ahora, blancos y negros participan por igual en este rito", manifestó Cedeño y el color de su piel lo confirma.
Entre los garífunas de Honduras y los de Belice lo único que cambia es el idioma. Los primeros hablan en garífuna y español, los otros en inglés. Ambos comparten una historia que comenzó hace muchísimos años. Fue una historia de conquistas que llevó a los descendientes de las tribus caribes y kalipunas, antiguos habitantes de la isla de San Vicente, mezclados con españoles y nigerianos, hasta la isla de Roatán, frente a la costa hondureña, y de allí emigraron también a Belice y Guatemala, donde viven.
Garífuna significa "gente que come yuca".