El dolor, la sobriedad y lo negro que impregnó en vida el español Antonio Saura en su obra enlutó la plástica española la semana antepasada.
Saura, el "pintor de monstruos" -así se autodefinía-, fundador del grupo El Paso y uno de los artistas que revive la modernidad en España, murió el miércoles 23 de julio de leucemia, pero desde un año antes conocía su inevitable destino.
En una ceremonia de 25 personas, en la cual estaban Mercedes, su mujer; su hija Marina y su hermano Carlos Saura (cineasta), el cuerpo del artista fue incinerado en Albacete, según describió el diario El País de España del viernes 24 de julio.
En sus últimos meses de vida, Saura no se abandonó a la muerte, sino que trató de continuar en sus múltiples oficios de pintura, dibujo, escritura y a la creación de la Fundación Antonio Saura, mas su vida se apagó sin ver este sueño convertido en realidad.
Entre enfermedades y plastica
Con 67 años al momento de su muerte, Saura se unió a la plástica desde hacía medio siglo, cuando tendido en una cama por una larga enfermedad, comenzó a pintar. Fue autodidacta y con un éxito reconocido internacionalmente.
Saura, considerado uno de los siete artistas más grandes del arte hispano del siglo por los críticos de su país, fue un expresionista con un trabajo muy consistente.
De su paleta de colores sobrios, donde predominaban el blanco, el negro y los grises, saltaban al lienzo y al papel figuras dramáticas llenas de dolor que reflejaban la condición humana con implicaciones litúrgicas, comentó Rolando Castellón, curador costarricense del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo.
Su desahogo era el arte. Ahí vaciaba sus frustraciones, dolor e impotencia frente a una realidad social española que se le tornaba negra. Saura estuvo inmiscuido en la actividad política hasta el final del franquismo en España.
Su grupo El Paso fue el resurgimiento de la modernidad en una sociedad represiva. "La obra de ese grupo trata de salir y mostrar lo que significa ese tipo de políticas para las personas", detalló Castellón.
Según Francisco Calvo, del diario El País de España, Saura fue una figura clave de la vanguardia española de la segunda mitad de siglo con un gran alcance internacional.
"Antonio Saura pintó con apasionamiento, pero no concebía la pintura como un encierro, ni una exclusión. Fue un intelectual que siguió de cerca la actualidad y se comprometió con ella. Nunca dimitió de su facultad crítica, aunque por ello, a veces resultaba incómodo", dijo Calvo.
Mucha gestualidad
Después de pasar por el surrealismo y el informalismo, Saura sintió la necesidad de regresar a un arte figurativo, que nunca abandonó del todo, lleno de gestos y trazos y pinceladas de gran rapidez. Castellón define la creación artística de Saura como expresionismo negro.
Rostros, cuerpos, caras y crucifixiones que de tan expresivas se convierten en monstruosas son elementos reiterativos en su obra.
La sensualidad, el miedo, la angustia y el dolor suelen ser gritados por las figuras que pintó y dibujó Saura.
La obra El perro semihundido, de Francisco de Goya y Lucientes, fue determinante para el artista y en varios de sus cuadros existen reminiscencias de él, expresó el curador Castellón.
Saura, quien se consideraba un artista terminal, dijo en una entrevista a El País, el 24 de mayo de 1998: "Creo que hay momentos de intensidad que no conoce una persona que no ha conocido el dolor."
Saura, desde temprana edad, fue muy susceptible a las enfermedades y sus obras se permearon de sus convalecencias, excepto de la leucemia de la cual no se recuperó.