“El Coloso de La Sabana” y “la joya arquitectónica” son las expresiones más comunes ante la inauguración oficial del Estadio Nacional, del 26 de marzo al 10 de abril.
No olvidar a la potencia asiática, que regaló la obra con una inversión de $100 millones. Es un estadio de China heredado a los ticos.
Aparte de los 19 obreros que aún permanecen en el inmueble, están presentes los símbolos chinos que perdurarán por mucho tiempo.
El principal es el grafismo chino de la gradería norte, en la parte de atrás del marcador electrónico, con un mensaje simple: “la unión entre los pueblos, China y Costa Rica”.
Hay lámparas chinas en el salón principal del estadio y letreros en los marcos de las porterías, con el logo del fabricante asiático.
La placa que inauguró el expresidente Óscar Arias en mayo pasado, con solo el 75% de la obra terminada y antes de concluir su mandato, está presente en español y chino en varios sectores de la sede.
“Este Estadio Nacional es el corazón de Costa Rica, palpitando el pulso de los sueños e ilusiones de un pueblo que merece la alegría del deporte”, es el escrito de Arias.
Relación. Al principio, los chinos eran desconfiados de los procedimientos legales y la burocracia de las instituciones costarricenses, recordó Abel Garbanzo, coordinador institucional del Icoder.
Las tardanzas y poca eficiencia de la administración pública eran para los asiáticos faltas de respeto a su labor. “A nosotros se nos caía la cara de verguenza y pena”, reveló.
A los chinos les robaron computadoras, ropa de trabajo y herramientas de la construcción.
“Ellos perdieron la confianza cuando les robaron mucho. Nos pedían que pusiéramos la fuerzas de seguridad. No se explicaban que hicieran falta tantos policías...”.
“El choque cultural fue fuerte, al mantener el respeto y la barrera del idioma, pero se minimizó conforme pasaban los meses. Terminamos con una relación de compañeros de trabajo”, señaló Garbanzo.
Y el director del proyecto, Carlos Echandi, resumió: “Fue un crecimiento personal trabajar con estos profesionales y una gran educación en procesos constructivos”.
Los trabajadores son campesinos que provienen de Anhui, una provincia lejana, al norte de China y fronteriza con Mongolia.