“¡Peligro, peligro… alto voltaje!”, gritaba el recordado Robot, Modelo B-9, mientras movía sus brazos mecánicos en la popular serie de televisión de los años 1960, Perdidos en el espacio .
“¡No temáis, Smith está aquí!”, le replicaba el perverso pero cobarde Doctor Zachary Smith y le añadía un insulto sarcástico: “Tú, santimonio, cerebro de chatarra”. Frases inolvidables que perpetuaron al actor estadounidense Jonathan Harris.
Este pasaje de unos de los clásicos de la ciencia ficción en la pantalla chica, a cargo del productor y creador neoyorquino Irwin Allen, enmarca un período de la televisión que fue diferente al de ahora en su concepción.
El televisor ya era, desde los años 50, un objeto doméstico común, por lo que los esfuerzos para impulsar este género del mundo de la imaginación hace cuatro décadas resultaron importantes.
Allen filmó una cifra considerable de 274 episodios entre 1964 y 1970, en sus cuatro distintas producciones: Viaje al fondo del mar , Perdidos en el espacio , El túnel del tiempo y Tierra de gigantes . De todas ellas, 200 fueron a color.
Hoy, 40 años después, las series siguen vigentes. Sus capítulos se difunden en Estados Unidos, Canadá, Latinoamérica, Inglaterra, Alemania, Japón y Australia. En Costa Rica se transmiten Viaje al fondo del mar y Tierra de gigantes en Fox (43 de Amnet, 14 de Cabletica y 202 de Direct TV) y El túnel del tiempo en TCM (67 de Amnet).
Pero su popularidad igual se refleja en la mercadotecnia. La compañía 20th Century Fox posee la licencia para la venta de toda clase de artículos, como DVD’s de las series, los CD’s con las canciones oficiales, modelos para coleccionar, tarjetas comerciales y el documental el Mundo de fantasía de Irwin Allen (1995).
Los episodios producidos por Allen resultaron populares y revolucionarios por la utilización de efectos especiales que marcaron diferencia, pese a que no había un gran presupuesto.
“Los shows fueron hechos como entretenimiento comercial para hacerlos excitantes, exitosos, creativos y entretenidos en el género de la fantasía. No solo siguen siendo muy populares, sino que han sido usados en forma consistente como proyectos de otras series contemporáneas. Allen conocía muy bien los secretos de la televisión”, aseguró Jon Abbott, quien publicó el mes pasado el libro Irwin Allen Television Productions, 1964-1970 .
Pero su trabajo de ficción científica fue subestimado en grado sumo a lo largo de los años. Más de un cuarto de siglo después, el televidente redescubrió su producción, gracias a las muchas reposiciones que dejaron una huella imborrable en la memoria de varias generaciones.
“Puede que la ciencia ficción de Irwin Allen no tuviera mucho de ciencia, pero nadie puede negar que sabía entretener al público”, afirmó Forrest J. Ackerman en su libro Ciencia ficción (1998).
La primera serie. Irwin Allen hizo, en 1964, su desembarco en los hogares norteamericanos a bordo del submarino Seaview , con la serie Viaje al fondo del mar, quizá el esfuerzo más serio de todo su repertorio. Se basó en el argumento de la película de 1961 que tenía el mismo nombre.
Tras las dos primeras temporadas se convirtió en la serie más popular de los 60. La audiencia bajó en la cuarta y la cadena ABC canceló la quinta, en larga discusión con la 20th Century Fox.
Hasta la quinta temporada de Viaje a las estrellas: la nueva generación (1992), fue la serie de ciencia ficción con más larga duración en la historia televisiva.
Su encargado de efectos especiales, Howard Lydecker (ya falleció), manejaba y hacía volar con alambres al Seaview y a su submarino volador, similar a una mantarraya, que fue incorporado en la segunda temporada.
El actor Richard Basehart, en el papel principal del almirante Nelson, aportó una excelente actuación pese a que rechazaba los elementos fantásticos de la serie, en particular los monstruos.
Su profesionalismo nunca le permitió que su insatisfacción con la serie trascendiera, y solo se supo de ella mediante entrevistas con sus compañeros de actuación. Basehart murió en 1984.
La segunda. En 1965, la primera temporada de Perdidos en el espacio se transmitió en blanco y negro, y la segunda y tercera, a color. Se basó en la tira cómica de aventuras la Familia Robinson en el espacio y se inspiró en la clásica novela los Robinson suizos .
Guy Williams, quien hizo de El zorro para Walt Disney, era perfecto para el papel estelar. Angela Cartwright –una de las niñas en el filme La novicia rebelde– , el de la hija; mientras que Billy Mumy asumió el de Will Robinson.
Todo iba tan bien y con tal calidez que se hizo necesario incorporar un elemento de conflicto, personificado por el doctor Zachary Smith, que interpretó Jonathan Harris. Otro aditamento fue el Robot B-9, dentro del cual estaba Bob May, un bailarín y especialista en escenas peligrosas.
Conforme la tercera temporada avanzaba, se fue haciendo evidente en todo el elenco que la serie no iba a llegar a la cuarta.
Una vez que la serie finalizó, Guy Williams se retiró de la actuación y se fue a vivir a Argentina, donde tenía terrenos y recordaba su papel de El Zorro con cariño. Falleció de un ataque cardíaco en 1989, a los 65 años.
Jonathan Harris tuvo múltiples apariciones antes de retirarse y dedicarse a dar voz a personajes de caricatura, algo que él prefería. Murió en el 2002.
La serie se adaptó en 1998 a un filme que fue número uno en la taquilla y le quitó el primer lugar a Titanic. Pese a eso, los $69 millones recaudados en Estados Unidos –el presupuesto era de $80 millones– fueron insuficientes para justificar la secuela ya planeada.
En el 2003 se desarrolló una nueva serie de Perdidos en el espacio con un formato diferente. Warner Brothers encargó un plan piloto y se presentó a los ejecutivos en el 2004, pero no tuvo buena acogida.
La tercera. En 1966, Allen produjo El túnel del tiempo , que solo duraría 30 episodios, hasta 1967.
Sus protagonistas, Robert Colbert y James Darren, presenciaron el hundimiento del Titanic , el ataque de Pearl Harbor, la última guerra del general Custer, y conocieron a personajes como María Antonieta, Robin Hood, Hernán Cortés y Genghis Khan.
El viaje en el tiempo se alcanzaba con luces de colores que se filmaban con lente gran angular, en tanto los actores iban suspendidos de alambres, alrededor de los cuales giraba la cámara.
La serie no fracasó y recibió porcentajes de audiencia más altos que otros programas. Ganó un premio Emmy en 1967 por sus efectos especiales fotográficos.
La producción se renovó para una segunda temporada, pero se canceló. Desde entonces, la industria televisiva siempre procuró enmendar esa decisión. Hubo un intento en el 2002 pero no prosperó. En el 2005 se anunció un nuevo plan piloto para su temporada 2006-2007 y en la preparación participó Sheila, esposa de Allen, pero aún no se estrenó.
Y la cuarta. Su última creación, Tierra de gigantes , tuvo gran éxito popular para la pantalla chica a partir de 1968, pero solo estuvo dos temporadas, hasta 1970.
Los actores debían mostrar una excelente condición física, ya que tenían que escalar aceras altísimas o cables de teléfono.
Sin embargo, lo más sobresaliente de la serie era el presupuesto para efectos especiales que, a $250.000 por episodio, la convirtió entonces en la serie más cara de la televisión. Los impresionantes efectos tenían inconsistencias como la escala de una escena a otra y que la gente pequeña podía cargar una batería gigantesca, pero no escapar de una telaraña.
Tras concluir la serie, dos de los actores, Don Matheson y Deana Lund, contrajeron matrimonio y tuvieron una hija, pero a fines de los años 70 se divorciaron.
Otro miembro de su elenco, el austríaco Kurt Kasznar, murió de cáncer a los 66 años, en 1979.
Allen regresó a la pantalla grande con dos filmes de catástrofe: La aventura del Poseidón (1972) e Infierno en la torre (1974), que le valieron el apodo del “maestro del desastre”.
Murió en 1991 de un infarto mientras planeaba la versión de Perdidos en el espacio para el cine. Tenía 75 años. Con su partida, la ficción científica perdió a uno de sus más grandes “genios”.