La calma adquiere formas coloridas y reposa en los ojos azules y profundos de Gerardo Ramírez. Esa serenidad viaja a través del pincel y se traslada de su mirada al arte que durante 40 años ha creado. Hoy, la exposición
La superposición de figuras geométricas y el magistral uso del color son los puntos característicos de los cuadros de Ramírez. La vivacidad y el movimiento que les otorga a sus obras son difíciles de encontrar en otros creadores costarricenses, y precisamente esto tor-na distinto a Gerardo Ramírez
Gerardo Ramírez emigró a Canadá una vez terminada su carrera y se estableció en Toronto, donde ha vivido durante los últimos cuarenta años, pero viaja constantemente a Costa Rica, donde lo espera su familia. Es un artista dividido entre dos mundos, pero a la vez fusionado en ellos.
“En ese entonces, Toronto era la ciudad del futuro, que apenas iba a comenzar. Cuando llegué aún era una ciudad provinciana en su comportamiento; con el tiempo se ha hecho una urbe más cosmopolita y ya no la domina la cultura anglosajona, por lo cual he logrado construir una vida sólida allí”, precisa Ramírez.
“Es un llevar y traer: pongo el subconsciente a producir; esto genera una energía de trabajo y, con el tiempo, se me aclara lo que pintaré. Yo trabajo mucho con el accidente, con la intuición; no me gusta tomar algo objetivo: si lo tomo, es solo de sugerencia”, confiesa el pintor, de 63 años.
“Su obra es moderna; la conozco desde hace muchos años y lo que más admiro es su dominio plástico. Ha recibido influencias del expresionismo abstracto de mediados del siglo XX. Gerardo es hoy un pintor clásico y contemporáneo: puede apreciarse la evolución y la madurez de este artista”, afirma María Soledad Zúñiga, directora de la Galería Alternativa.
La serenidad es la reina de estos cuadros. El color es también dominante y brilla con todo esplendor. El arte de Gerardo Ramírez tiene “positivismo”, como él afirma.
Para Gerardo, el significado no es tan importante como la forma, el color y la arquitectura del cuadro.
Al inicio, en su obra se notaba la academia, pero fue desligándose de ella, primero con los paisajes que pintó en los años 70 y 80, que eran más expresionistas. “Entonces comencé a mudarme hacia la geometría. Mis primeros cuadros tienen una construcción de campos cromáticos y están más divididos en planos pictóricos”, recuerda.
Sus paisajes, de figuración incompleta y tonalidades verdes, acentúan los inicios del sosiego con el que siempre ha dado sus brochazos. “El paisaje inconcluso es una forma de sacudirse lo que la escuela y la academia imponen”, dice Ramírez mientras su mirada se pierde en la lejanía de sus trazos iniciales.
Realizados sobre tela cruda y con los pigmentos expandidos, sus primeros cuadros resplandecen en la segunda planta de la Galería Alternativa. Estos no se hicieron observando el paisaje pues Ramírez extrajo elementos del subconsciente y recuerdos aislados de partes de paisajes que vio anteriormente, y trabajó a partir de estas ideas.
Por su parte, la geometría que Gerardo Ramírez utiliza en sus obras abstractas es “más vernácula” –afirma–. Realizó una serie a finales de los años 80 y a inicios de los 90. Se incluyen aquí las obras
El objetivo de Ramírez no es ilustrar el arte de la hojalatería, sino hacer una metáfora de lo industrial para mostrar la transformación del ser humano en máquina.
Luego, entre el 2001 y el 2009, en Toronto, el artista ilustró la fragmentación de la vida en la ciudad. Esta serie de pinturas es sugerente y atrevida pues Ramírez hace
Tal es el caso de los cuadros
Las obras que Gerardo realizó después son mucho más coloridas, y sus formas geométricas remiten a todo tipo de elementos cotidianos y a ninguno solo a la vez.
“Son más caóticas las que siguen. Así, la obra
“Caigo en una vorágine de creatividad y entro en un trance de formas y cosas. En la imagen, los mismos elementos sugieren otros, y nunca se sabe cuál será el resultado final. Luego se le dan los ajustes necesarios y la apariencia de un todo”, explica el pintor.
Gerardo Ramírez sabe rara vez cómo quiere que el cuadro termine pues esto depende de la inspiración y de los sentimientos del instante. Además, él deja “reposar” sus creaciones durante unos días, y luego las “afina” con un nuevo criterio. Así, su obra es una aventura continua, y, por ahora, su pincel no deja de bailar sobre un lienzo sereno.