Brasilia (AP). El presidente del Senado, Renan Calheiros, descartó hoy haber cometido actos de corrupción, como ha sido denunciado en la prensa, sino que cometió el pecado de tener una amante que le dio una hija a la que pagó pensión a través de un amigo.
El Senado en pleno escuchó en silencio el discurso de Calheiros, una defensa a los señalamientos hechos el viernes por el semanario Veja indicando que el senador recibía sobornos, a través de un lobista, de una empresa privada de construcción, a cambio de favorecerla en contratos públicos. El dinero entregado por el lobista, según Veja, servía para pagar gastos de Calheiros como un apartamento y la pensión de una niña habida fuera del matrimonio.
Pero Calheiros dijo que esos pagos hechos a la madre de su hija fuera del matrimonio fueron realizados por su amigo Claudio Gontijo, --para evitar que se conociera públicamente de su aventura amorosa-- y quien actualmente trabaja en esa empresa constructora, la Mendes Junior.
La conexión hecha por Veja entre su amigo Gontijo, la empresa y los pagos, dijo Calheiros, son una ignominia y mostrando copias de recibos, depósitos y su declaración de rentas.
Es hora de restituir la verdad, de refutar la mentira...tuve una relación que me dio una hija, fue una paternidad no programada, dijo Calheiros, mientras su esposa Verónica Calheiros estaba en el palco del senado escuchando el discurso.
Fue, agregó el senador, un pecado que sólo hubiera dicho en el confesionario para recibir perdón y recibir penitencia...Infelizmente mi confesión será aquí...Es una vergenza a la que someto a mis colegas de exponer mi vida intima y personal, añadió.
Dijo que reconoció a la niña en diciembre del 2005, que desde entonces pagó pensión y el apartamento de la madre, que según Veja es una periodista. Esos pagos fueron hechos a través de Gontijo pero con dineros míos, propios, para los cuales tengo condiciones de realizar.
Desde el viernes Calheiros y la Mendes Junior emitieron comunicados negando las afirmaciones de Veja, que basó su reportaje en informes anónimos y en Gontijo, que dijo al semanario haber pagado las pensiones de la hija del senador, pero asegurando que el dinero no era de la compañía. Gontijo no dijo de dónde eran los fondos, que ahora según Calheiros le pertenecían.
El congreso brasileño, sometido a frecuentes escándalos de corrupción de algunos de sus miembros, suele cerrar filas cuando el tema es un asunto personal de uno de sus miembros.
Tanto así que tras el discurso de Calheiros --tercero en la línea de sucesión al jefe de estado después del vicepresidente y del jefe de la Cámara de Diputados-- senadores opositores parecieron obviar el discurso de su presidente y se dedicaron a debatir otros escándalos.
Las explicaciones fueron convincentes. El sigue mereciendo mi confianza, dijo a los periodistas el senador José Agripino Maia, del opositor partido derechista Demócratas.
Calheiros consiguió presentar pruebas y documentos. Si fueran correctos, el asunto está cerrado, dijo el senador Tasso Jereissati, del también opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que junto a Demócratas son las dos mayores fuerzas opositoras del país.
Calheiros, un político de 51 años, pareció con su confesión conjurar por el momento posibles amenazas a su mandato de senador y a su cargo, para el cual fue reelegido en febrero pasado.
Entre los senadores hoy la reacción fue positiva, pero hay que esperar la repercusión. Es necesario estar atento y ver qué otras cosas salen sobre esas relaciones de Calheiros con empresas y lobistas, dijo Carlos Lopes, analista de la firma consultora Santafe Ideias.
Temprano el primero en solidarizarse con Calheiros fue el presidente Luiz Inacio Lula da Silva, asegurando que el reportaje (de Veja) lo colocó (a Calheiros) sobre sospecha
Pero, agregó Lula en su programa radial Café con el Presidente, eso no quiere decir que el senador Renan sea culpable o tenga cualquier culpa. Hasta que se pruebe lo contrario, él es inocente.
Calheiros milita en el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el más grande del país y, después del oficialista Partido de los Trabajadores (PT), de Lula; el de mayor influencia en la coalición de 11 partidos en el gobierno, con cinco ministros en el gabinete en carteras claves como Salud, Comunicaciones y Minas y Energía.