Pekín. Una mujer murió y otras cuatro personas, todos ellos miembros de la secta Falun Gong, resultaron con quemaduras de diversa consideración tras prenderse fuego con gasolina en la céntrica plaza pequinesa de Tiananmen para protestar por la represión que sufre su grupo por parte de la policía china.
Este es el primer caso de suicidio a "lo bonzo" en China desde que el movimiento místico fue tachado de "secta diabólica" por la Asamblea Nacional Popular (ANP, Legislativo) hace 18 meses y prohibido por decreto por considerarse la mayor amenaza para la supervivencia del Partido Comunista Chino (PCCh).
Según la agencia estatal Xinhua, que informa también por primera vez de la muerte por suicidio de un miembro de Falun Gong (Rueda de la Vida) en Tiananmen, la acción de los miembros de la secta es un ejemplo de la influencia nociva de Li Hongzhi, quien desde su exilio en Estados Unidos proclama ser una reencarnación de Buda.
La protesta de hoy es una muestra, según los analistas, de "la falta de miedo y desafío de este grupo", que se ha atrevido a protagonizar "un suicidio a lo bonzo", como en los viejos tiempos de Vietnam, en la víspera de la festividad más importante de China, el Año Nuevo Lunar.
Cuando todos los dirigentes chinos, incluido el presidente Jiang Zemin preparaban su discurso de felicitación al pueblo en la Nochevieja de hoy, los cinco miembros de Falun Gong, procedentes de la provincia de Henan (este de China) quisieron llamar la atención al mundo con su inmolación.
Xinhua, portavoz del PCCh, señala que los heridos, que no han sido identificados, fueron internados en hospitales de Pekín para ser tratados de las quemaduras.
El suceso se produjo a las 14.40 hora local (06.40 GMT), cuando los seguidores de Falun Gong atravesaron el cordón policial que normalmente protege la plaza, y se prendieron fuego tras rociarse con gasolina, frente al Gran Palacio del Pueblo de Pekín, sede del Parlamento.
Lo extraño de esta inmolación es que sólo ha informado de ella la agencia estatal Xinhua y el Centro de Información de Derechos Humanos y Democracia, con sede en Hong Kong, aún no ha confirmado -siempre se adelanta al Gobierno chino- este suicidio.
Los expertos no descartan que la "inmolación" de hoy esté dentro de la propaganda del Ejecutivo de Pekín, consciente de que la inmensa mayoría del pueblo chino, que cuenta con 1.280 millones de habitantes, considera la festividad de mañana "sagrada" y un momento intocable para "la reconciliación".
Dentro de la incógnita que se abre con esta noticia, lo cierto es que el Gobierno de Pekín no puede descansar tres días seguidos con las protestas de este grupo budista, que afirma tener 90 millones de seguidores en el mundo, 60 millones en China.
Falun Gong inició un duelo sin precedentes, en su lucha por la libertad de culto en China, en el verano de 1999, fecha en la que el grupo fue prohibido, y, desde entonces, convocó manifestaciones en Tiananmen, en las fechas claves del país, en lo que Pekín considera una rebelión abierta contra el PCCh.
Según el Centro de Información de Derechos Humanos, presidido desde Hong Kong por Frank Lu, ex dirigente estudiantil de Tiananmen (junio de 1989), desde que se prohibió la secta 98 seguidores, muchos a causa de torturas, han muerto en dependencias policiales.
La organización humanitaria afirma que cerca de 50.000 miembros de Falun Gong han sido detenidos, internados en "laogais" (campos para la reeducación mediante el trabajo), purgados o expulsados del PCCh.
Falun Gong es una doctrina que combina los principios budistas y taoístas con la meditación y las artes marciales.
Sus seguidores creen en "la reencarnación de Buda" Li Hongzhi, ex trompetista del Ejército de Liberación Popular (ELP), que se ha convertido, junto al Dalai Lama, en uno de los "dos demonios" de Pekín.
El pulso entre Falun Gong, que cuestiona los principios marxistas-leninistas del Gobierno chino, y el PCCh aún no ha terminado, y todo parece indicar que la secta ha dado un nuevo paso en su enfrentamiento, hasta ahora sin sangre, con Pekín.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, La Nación Digital. Fuente: agencias.