El periplo vital de Rolando Castellón es asombroso aunque no necesariamente conocido. Su trabajo artístico se ha exhibido en ciudades tan distantes y distintas como Bonn, Tokio, Managua, Nueva York, Madrid, Honolulú, Freeinbach, Medellín y San Francisco.
Durante los últimos 40 años, en un intento de emular a los muchos seudónimos que él mismo ha fabricado, Castellón ha sido artista, director de museos, guarda de exposición, curador, galerista, crítico, subastador, editor y coleccionista. Sus andanzas están guiadas por lo variable y lo diverso; o mejor aún: por las relaciones variables entre prácticas artísticas diversas.
En nuestros días, la Fundación TEOR/éTica confirma la fascinación por lo plural de este singular artífice, en una exposición colectiva de su curaduría, basada en el trabajo de 10 artistas emergentes.
La muestra reúne una treintena de piezas elaboradas con técnicas y aproximaciones tan diversas como la fotografía, la acuarela, el óleo, el objeto, la escultura, el grabado y el ensamble.
De esa manera se esbozan el aporte y las relaciones que surgen de una joven generación de creadores, representada por Ruth Angulo, Fabricio Arrieta, Rafael Chamorro, Carmen León, Ronald Reyes, Mariela Richmond, Eugenia Sánchez, Gabriela Téllez, JoAnn Uhelszki y Anthony White. El resultado de esta multiplicación de artistas, lenguajes y sentidos se mostrará al público hasta el 29 de enero del 2011.
El precedente más importante de esta exposición introductoria –titulada precisamente
“Entonces, como ahora, se trataba de la importancia de abonar el semillero”, afirma Castellón durante un breve paseo en el que afina los últimos detalles del montaje. La metáfora botánica puede ser entendida en múltiples sentidos, como ocurre siempre con este asiduo cultor de lo biológico y lo múltiple.
La noción de semillero hace referencia a las condiciones necesarias para estimular el crecimiento de una joven generación de artistas capaz de marcar la pauta en algunos años, si cuenta con el estímulo necesario para ello.
Por otra parte, el concepto del semillero hace referencia al lugar donde se clasifican y se conservan las semillas, lo que en este caso equivale a cada una de las ferias de arte, exposiciones y talleres visitados por Castellón en los últimos años, en compañía de su maltrecha y sobrepoblada libreta de apuntes.
Sus palabras evidencian asombro y admiración: “Existe mucho material con el que se puede trabajar. Hay jóvenes muy comprometidos, que, además de ser polifacéticos, no se dedican a copiar la manzana o el árbol, sino a pensar”.
Los pasos zigzagueantes de Castellón replican su proceso de selección, que no establece previos hilos conductores. “Todos los trabajos son diferentes en cuanto a la técnica y al concepto: algunos son muy tradicionales y otros contemporáneos. Mi trabajo consiste precisamente en hacer que la disparidad entre las obras encuentre sus conexiones”, explica.
Así, entre las obras de la muestra se observa
Ante el conjunto de pequeños objetos de Richmond, el curador evidencia su entusiasmo: “Esta es una obra impactante, con un acertado uso de los espacios separados y de los vacíos inexplicables. Es una pieza hecha por abstracciones organizadas inteligentemente”.
Entre ambas obras descansan los
El lienzo se acompaña de recortes de revistas puestos unos sobre otros, a la manera de un palimpsesto, que permiten a Arrieta la búsqueda de la imagen final durante su proceso creativo. De esta manera, el visitante descubre algunos de los entretelones del desarrollo de la obra, a imagen y semejanza del propio proceso curatorial. Castellón lo explica mientras manipula con curiosidad las imágenes: “No me gusta que los artistas me traigan sus obras. Prefiero ir a sus talleres para verlo todo: cómo crean, cómo funcionan sus procesos”.
A un par de minutos de la apertura, el curador pasea entre las obras y deja caer a su paso algunos breves comentarios. Ante el
El gesto organizativo final, la comprobación de que todo está listo, llega delante de una obra que incluye una defensa del vegetarianismo, titulada
Pocos segundos después ingresan los primeros visitantes, ansiosos por develar ese misterio que tanto interesaba también a los surrealistas. Alguna vez, el curador brasileño Paulo Herkenhoff se refirió a Rolando Castellón como “el gran secreto guardado del arte contemporáneo internacional”.
A su modo, este montaje es también una sugerente colección de secretos guardados: al menos lo fue hasta hace poco tiempo.