El fotógrafo español Chema Madoz nos regala estampas de una realidad trivial vistas con un ojo trascendental. El artista visitó Costa Rica esta semana y presentó la conferencia La fotografía contemporánea en España: la mirada y el objeto . En la charla realizó un recorrido por las distintas etapas de su trabajo y –mago traicionero– mostró algunos trucos que se esconden tras sus imágenes.
Descubrimos que lo que oculta no es mucho más de lo que muestra: pura sencillez, puro mensaje dicho con limpieza y luz natural. Su innovación está –ya lo dijimos– en mostrarnos las chucherías de la vida cotidiana a través de una mirada distinta. ¿Acaso no es eso el ombligo del arte?
Cotidiano. Hoy, los objetos se clonan en serie: nos vestimos, hablamos, cocinamos, escribimos con ellos. Nuestro mundo está sobrepoblado de utensilios.
Chema Madoz hace notar que, antes de la Revolución Industrial, los objetos manufacturados eran mucho menos numerosos, por lo cual –él conjetura– la carga simbólica que se le confería a cada uno de ellos era mucho mayor antes.
Madoz dice que los significados siguen anidando en los objetos de hoy; sin embargo, ya no estamos acostumbrados a verlos debido a su masificación. El fotógrafo comenta: “Siento que, más que registrar objetos, registro ideas mediatizadas por los objetos”.
El artista usa en sus fotos algunos elementos que tienen significados muy ricos y variados: libros, puertas, gotas de agua, cubos de hielo, cabello, etc. Una de las únicas series que trabajó como tal, fue en la que usó cerillas de fósforo consumidas.
Entre esta colección, una de sus imágenes más ricas por su sencillez y profundidad de significados es la de una cerilla colocada sobre el nudo de la madera de una tabla. La yuxtaposición causa el efecto de una llama.
“Pensar que la propia madera lleve dibujado el fuego como un estigma –que es precisamente lo que acaba con ella–, justifica las posibilidades poéticas de la imagen”, comenta el artista.
Esta foto es un buen ejemplo de dos elementos recurrentes en su trabajo: el juego y la ironía. El artista reconoce que en sus obras hay sentido del humor; sin embargo, trata de alejarse del chiste.
“Jorge Luis Borges decía que un gag o un chiste dura lo que dura la sorpresa; eso no me interesa para mis imágenes. A mí me gusta pensar que son obras con las que se puede convivir, que se puedan revisitar y en las que se encuentran múltiples significados”, aclara.
‘Zoom’. En una primera etapa de su quehacer fotográfico, el artista trabajó con la figura humana. “Hubo un momento en el que tenía la sensación de que podía hacer imágenes de esas como si fueran churros; perdí todo el interés en ellas”, comenta.
Sin embargo, poco a poco, los objetos que formaban parte de sus composiciones fueron tomando más relevancia. Un acercamiento a estos utensilios se convirtió en una puerta de acceso a un nivel de realidad distinto a través de lo cotidiano.
“Con esta parte del trabajo, la sensación que tengo es que estoy en una especie de pozo sin fondo donde no veo dónde está el límite de las posibilidades”, contrapone Madoz.
Una mirada superficial nos hace conectar el trabajo del español con el del padre del dadaísmo, Marcel Duchamp. Este artista francés nos decía que tomar un objeto cualquiera y exponerlo en el espacio blanco del museo le abría al espectador una puerta a nuevos significados. Este fue el caso de su famosa obra inaugural La fuente (1917), que era un simple orinal removido de su contexto (un baño de hombres) y colocado en un museo.
Sin embargo, aunque Chema Madoz toma el objeto y lo coloca en el “espacio blanco” de la fotografía, sus obras no son el objeto. Su arte son representaciones de cosas siempre alteradas, ya sea físicamente por su vecindad con otros utensilios, o simplemente por medio del uso de la iluminación o la elección del encuadre. Madoz guía la mirada del observador sobre la forma retratada.
“El uso de la fotografía, como medio, me permite colocar esa imagen en un ámbito que tiene una relación muy directa e inmediata con la idea de la memoria y la imaginación”, explica el artista.
Su estilo está casado con la sencillez. Su minimalismo redunda en el uso del blanco y negro. Normalmente, sus obras empiezan con un pequeño boceto en un papel; sin embargo, dice que siempre interviene el azar a la hora de la producción de la foto.
Asimismo, Madoz está empecinado en usar luz natural en sus trabajos. Ante una composición que es todo artificio, sostiene que su ancla en “lo real” es la luz natural.
Al mirar la limpieza de sus imágenes, muchos espectadores piensan que él es obsesivo con el tema del orden, comenta el artista; sin embargo, refuta: “La imagen está dispuesta de una manera ordenada que demuestra los desórdenes de la lógica. El orden formal de mis fotos se opone al desorden real que muestran”.
Concluyamos la visita al trabajo de Chema Madoz con un comentario del escritor y doctor en historia del arte José María Parreño, quien, citado en una crítica del español José Luis Gallero, afirma: “Chema Madoz mira igual que anda un caballo de ajedrez; pone los ojos ahí enfrente, y se le van dos casillas adelante y otra de costado. Su mirada hípica viene desde el envés, del otro lado de la lógica. En el fondo oscuro de la paellera ve un cosmos estrellado”.