por Teodoro Martínez
Caracas, 6 jun (EFE).- La estatua de la mítica diosa venezolana María Lionza amaneció hoy partida en dos, un día después de que se anunciara que fue "tratada" del deterioro de más de medio siglo a la intemperie en la principal autopista de Caracas.
La imagen de la politizada "Diosa de las Aguas y de la Selva" sucumbió un día después de que Fundapatrimonio anunciara el fin de un "tratamiento preventivo para conservar las partes más afectadas por el avanzado deterioro de la pieza, cada vez más agrietada".
Martín Padrón, gerente técnico de Fundapatrimonio, manifestó a los periodistas, bajo la estatua fracturada, que el trabajo preventivo de las últimas semanas no fue el de una restauración rigurosa.
"Para ello se requería trasladarla, lo que fue imposible -dijo-, gracias a la objeción de las autoridades de la Universidad Central de Venezuela", opositoras al Gobierno del presidente, Hugo Chávez.
"Estábamos contribuyendo a que no siguiera deteriorándose más (...) y ya habíamos dicho a la opinión pública que una restauración requería su traslado. Más bien los andamios impidieron que las partes cayeran a la autopista y provocara un accidente", dijo.
El mágico y ancestral culto a María Lionza no fue excluido del conflicto político del país, donde millones de personas sostienen que la deidad femenina ha impedido que la convulsión pase a mayores, o decidirá, por sí sola, que estalle por derroteros de conflictos.
"¡María Lionza, llévatelo!", ¡María Lionza, cuídalo!", le gritan indistintamente a la maltrecha estatua, ahora partida por la cintura, conductores y pasajeros de vehículos que recorren la autopista, en clara alusión al presidente Hugo Chávez.
Incluso el racional mundo académico se ha visto arrastrado al reino de lo oculto en una ardiente polémica, con ribetes de oportunismo político, causada por la decisión de cambiar de sitio la estatua de la deidad, "engendrada en el amanecer de la tierra por una mujer y la gran anaconda de las selvas", según las leyendas.
La imponente escultura de cemento armado, de 11,2 metros de altura, no logró abandonar su ubicación de 52 años en la mediana de separación de la autopista, donde esquivando automóviles y autobuses sus idólatras durante años le hicieron llegar flores y peticiones.
El escultor Alejandro Colina (1901-1976) representó a "La Diosa de las 40 legiones", uno de los nombres con que se la venera en el sincretismo venezolano, como una musculosa mujer erguida, de pechos generosos, sentada sobre un tapir y con los brazos extendidos al cielo, entre los que sujeta una pelvis femenina.
Los orígenes mágicos de María Lionza se pierden en el tiempo. La versión más difundida cuenta que una culebra anaconda, cautivada por la belleza de la hija de un cacique caquetío, secuestró a la princesa indígena a la que representa, pero lo pagó con su vida.
La gran serpiente creció hasta estallar e inundar todas las tierras, lo que convirtió a la joven virgen en la diosa protectora de la selva y de las aguas.
Arquitectos y urbanistas argumentaron durante meses a favor y en contra del traslado de la estatua, que la autoridad municipal responsable, afecta a Chávez, defendía como impostergable.
Fredy Bernal, alcalde del distrito que acoge la obra, acudió a ver el destrozo y recordó que la disputa impidió que fuera sometida a una verdadera y delicada restauración, para revertir el daño en "la iconografía del culto más autóctono y espontáneo del país".
Incluso el afamado salsero panameño Rubén Blades ha dedicado una de sus más conocidas composiciones a María Lionza: "En la montaña del Sorte, por Yaracuy, vive una diosa, una salve oh reina; en Venezuela", dice el estribillo de su canción.
"Se están metiendo con lo que no conocen (...). Si la reina no quiere que la trasladen, pues no lo harán", sentenció días atrás en la prensa local, Eva, una "sacerdotisa" de la diosa, asidua de la montaña de Sorte, en el centro-norte del país, sede del culto, donde se venía advirtiendo que Venezuela será castigada con una "tragedia" si la imagen "se desmorona". EFE
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