por José Manuel Troitiño
Santiago de Compostela (España), 1 may (EFE).- Cuando miles de peregrinos llevaban un siglo forjando la idea de Europa a través del "camino de Santiago", cientos de prisioneros cristianos iniciaron en agosto de 997 un forzoso "camino a Al-Andalus", llevando sobre sus hombros las campanas de la catedral como símbolo de la victoria de Almanzor.
Nunca un caudillo árabe había llegado tan lejos y causado tanto daño en sus razzias, por lo que Almanzor, "el victorioso", "aquel a quien Alá otorga la victoria", se convirtió en sinónimo de terror para el mundo cristiano.
Santiago, el descubrimiento de cuya tumba ocurrió bajo el reinado del monarca asturiano Alfonso II en la segunda década del 800, hacía surgir Europa, pero se había convertido en santo y seña para las batallas de la Reconquista.
Los soldados cristianos batallaban al grito de "Santiago y cierra España" y le atribuían las victorias, la primera la de Clavijo, hacia el 844, donde los guerreros dijeron que se les había "aparecido" y por eso derrotaron a los musulmanes. (Muchos años después, en plena guerra civil, el nuncio llegó a decir públicamente que Santiago se había aparecido al general Franco en la batalla de Brunete, aunque se silenció todo rápidamente)
Santiago pasó así a ser sinónimo de la Reconquista, tarea de ocho siglos que resume la lucha por el control de la Península Ibérica, conseguido al fin por los Reyes Católicos en 1492 con la toma de Granada y la derrota de los musulmanes invasores.
Santiago, el apóstol por excelencia, símbolo de la cristiandad medieval en cruzada contra el Islam, pasa a ser para el pueblo, sencillamente, "Santiago matamoros" y será estandarte en la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571), último episodio de la lucha entre el imperio cristiano y el otomano.
Cuando los peregrinos llegan a la catedral de Santiago -en este primer año santo del milenio se esperan unos seis millones- lo primero que se encuentran es el "Pórtico de la Gloria", la obra cumbre de la escultura románica, que el maestro Mateo creó entre 1166 y 1188.
Y la tradición los lleva hasta el altar mayor para dar el "abrazo" a un sedente y majestuoso Santiago, en piedra, el mismo que espera a los peregrinos desde el siglo XII, recubierto con una esclavina de plata donada por el mexicano Antonio de Monroy, arzobispo de Santiago de Compostela a comienzos del XVIII.
El "Santiago matamoros", pese a su leyenda, sólo presidía, sin embargo, una pequeña capilla de esa catedral. Es un Santiago que alza su espada a lomos de un caballo que levanta sus patas junto a varias cabezas de árabes con turbante. Curiosamente, esta escultura no es medieval, sino del siglo XVIII, obra de Gambino, y salía en procesión por las calles de Compostela, para asombro de los niños, hasta hace unos quince años.
El Cabildo Catedralicio ha anunciado hoy que retirará esa imagen y la trasladará al museo de la basílica para evitar "susceptibilidades" o "herir sensibilidades de otras etnias".
El canónigo José Fernández Lago, portavoz del Cabildo Catedralicio de Santiago, dice que en 1980, al regreso de un viaje a Jerusalén, propuso ya la retirada de la imagen de Santiago Matamoros de esa estancia y que no saliera en procesión.
El símbolo de la lucha cristiana contra el Islam, el santo y seña de la Reconquista, se aleja así de los altares camino del museo y cede el puesto a un Santiago Peregrino para recibir fieles y turistas, especialmente en año santo que se celebra cuando la festividad de Santiago, 25 de julio, coincide con domingo.
Las campanas que los cristianos habían llevado a hombros en el cortejo de Almanzor hasta la Córdoba de los Omeyas volvieron a la catedral de Santiago, esta vez a hombros de prisioneros musulmanes, dos siglos y medio después. EFE
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